“Mario:
Cuando hace algunos días ustedes me llamaron, y me dijeron que querían reunirse conmigo, yo no pensé que podía inteligentemente rehusar tal invitación, aunque sí tuve la cortesía de informarle de antemano de tal reunión a Juan Pérez Franco, y a otros miembros de la Brigada con los cuales he mantenido una estrecha amistad durante todos estos años. Como los gatos, soy curioso, y quería ver de qué me iban a hablar. No voy a ocultar la realidad, que me sorprendieron las declaraciones vuestras, de que Fidel Castro había preguntado por mi persona, indagado sobre mi existencia. Durante la conversación, les expliqué a ustedes, con lujo de detalles, sobre el hecho de que Fidel Castro "me había salvado la vida en Bahía de Cochinos."  Cuando Luis Torné me preguntó si me importaba que él escribiera un artículo sobre el tema, yo claramente le dije que fuera a ver lo que escribía, y que no se aliera de la verdad.  Yo les expliqué a ustedes que yo estaba cansado de que se contara mi experiencia como algo quizás "simpático", en que la verdad era totalmente ignorada.  Según me han leído el artículo de Torné, me he dado cuenta de que otra vez la verdad ha sido totalmente ignorada, ahora con el óbvio proposito de realzar la imagen de Castro que ahora están intentando promover, una imagen totalmente falsa.  La voy a repetir, con la esperanza de que mi humilde historia quede finalmente aclarada, para siempre:
    Aunque se suponía que yo había sido reclutado para la aviación, debido especialmente a la condición de diabetes, la cual padezco desde que tenía diez años, cuando llegué a Guatemala ya nuestra fuerza aérea había sido trasladada a Puerto Cabezas, Nicaragua, y por lo tanto, no pude incorporarme a la misma.  Cierta-mente, en ningún momento pensé quedarme atrás, y por lo tanto, desembarqué en Cuba como miembro del Batallón 6 de Infantería, parte de un "team" de ametralladora calibre 30.
    Después de un día en combate, y debido a que la glucosa me subió salvajemente, porque la insulina que traía había sido hundida con nuestro barco, el Río Escondido, fui sacado de combate activo, y enviado a una enfermería provisional que habíamos habilitado cerca del aeropuerto de Girón.  En ese estado de coma, en que me deshidraté totalmente, y después de que se me trasladara a diferentes lugares, la ambulancia en que me llevaron fue atacada por un avión caza Sea Fury, frente a lo que era el espigón de concreto de Playa Girón, en el cual había una bodega-vivienda, donde yo había llegado originalmente, cuando nuestro barco, el Río Escondido, fuera hundido, mientras yo estaba a bordo en aquel momento.  Oi cuando nuestros hombres gritaron, "Avión, avión," y la ambulancia se echó a un lado de la carretera, que era un terraplén. Sacaron a uno de nuestros hombres, que estaba mal herido, y que se encontraba sentado a mi lado, pero yo pensé que no iban a tener tiempo para sacarme a mí del vehículo, así que me bajé yo solo, y me caí, pues no me imaginaba que estaba tan débil.  A veces los seres humanos actuamos estúpidamente, y así lo hice yo entonces, pues lo que me pasó por la cabeza es que habían dos camas en la bodega-casa, y que si me iba a morir, moriría cómodamente, acostado en una cama.  En esa dirección me dirigí, pero en medio de la carretera, miré hacia la izquierda, y vi cuando el maldito avión comenzó a disparar, las balas picando en el terraplén mientras se acercaban a mí.  Por segunda vez durante la invasión, pensé, "De verdad que es igual que en las películas".  La mente humana es una maravilla.  Cerré los ojos, y cuando los abrí había huecos en el terraplén por todos lados.  Me senté en la carretera y me toqué todo el cuerpo, esperando encontrar algún agujero, pero nada.  Fue entonces que oi a alguien gritar que me quitara de ese lugar.  Logré pararme, y caminando lentamente, mientras otra vez atacaba el avión, logré llegar  a "mi cama". Encontré algunas armas contra la pared y en el piso.  Tomé una pistola calibre 45, y la puse debajo de la almohada, mientras que intenté comenzar a rezar un rosario.  Me desperté al día siguiente, cuando alguna de nuestra gente, con las cuales caminé hasta el final del espigón de concreto, se montaron en un bote que estaba anclado allí.  Me preguntaron si me iba con ellos, y les pregunté a su vez si ya habían ordenado una retirada. No me contestaron, y recuerdo que regresé al espigón, y que me senté allí por algún rato, mientras los veía remar en la oscuridad.  Ya la vista se me estaba nublando bastante.  Poco después, comenzaron a caer en la zona proyectiles de artillería castrista, y regresé
lentamente a "mi cama". Me quedé dormido.
     El día 19, creo que al atardecer, me despertó un obús de artillería castrista que debe haber caído como a unos 100-200 metros.  Poco después, cayó uno muy, pero muy cerca, que llegó a rajar el techo de la casa, penetrando la luz del sol por la rajadura. Ya sólo podía ver claridad y oscuridad.  Más tarde me dijeron que cuando me habían recogido pesaba solamente 105 libras.  Pasó algún tiempo, y de pronto oi unas voces afuera que gritaban, "¡Hay uno dentro de la casa!", y después otra que gritaba, "No, hay dos, ten cuidado".  Sabía que había llegado el fin.  Tomé la pistola que había debajo de la almohada, y me fui a bajar de la cama para pararme en la puerta y tirar, pero no sabía que mi propia gente me habían amarrado la muñeca izquierda a la cama, y cai sobre el piso de concreto, la pistola fue a parar a alguna distancia, pues oi cuando entraron los soldados enemigos en la casa, la patada que le dieron a la puerta.  Así quedó, boca abajo en el piso, y con el brazo izquierdo amarrado a la cama, cuando entran los soldados a ésta.  Yo realmente quería morirme, pues no creo que el concepto de la derrota, que ahora era óbvia, nos había pasado a muchos por la cabeza.
    Tres veces sentí cuando uno de los soldados de ellos me puso una pistola a la cabeza, y tres veces sentí cuando otra persona le alejaba la mano a éste y le decía, "Pero si todavía esta vivo!"  Oi a otros que exclamaban, "Acaba de darle el tiro para que no joda más!"  En ese momento, hubo un silencio absoluto, pero oi entrar a alguien en la casa, como un grupo.  Fue entonces cuando yo dije, "Coño, ¿me van a acabar de dar un tiro y no joder más? Me hacen el favor de darme el tiro".  Más tarde supe que la persona que había parado la ejecución era capitán de la Cruz Roja de Cienfuegos, y cuyo nombre era William Henning (padre inglés).  Estaban presentes varios soldados, y él y su ayudante.  Es totalmente falso que yo gritara nada, como expone Torné, pues yo no tenía fuerza para gritar.  El silencio se debió a que había entrado Fidel Castro, en compañía de varios periodistas, algunos extranjeros, a la casa.  Aunque no le vi, reconocí la voz de Castro cuando me dijo, "¿Y por qué te vamos a matar? Yo, de verdad con ira, le dije: “¡Ay, comunista hijo de puta!".  Entonces él respondió, "Si, comunista hijo de puta, pero te voy a mandar a un hospital para que te curen".  Yo entonces dije, "Oooh, ya tiene montado el show de televisión".  Fidel entonces se volvió, aparentemente hacia uno de nuestros hombres que había sido apresado ahí, y le dijo, "¿Y qué le pasa a este muchacho que no le veo heridas graves, pero que aparentemente se está muriendo?".  Esta persona le contestó entonces que yo era diabético, y Fidel me dijo, "Pero muchacho, ¿qué tú haces aquí?".  Yo le repliqué, "Na', jodiendo."  Fidel entonces ordenó, "Miren, llévenselo para el Hospital de Cienfuegos, antes que se joda de verdad".
    Esa es la realidad de mi historia, y fue así cómo se la conté a Torné. Simplemente no creo que para realzar a Fidel Castro, tenía que tergiversar la verdadera historia.  No estoy dispuesto a que la historia se varíe a costa mía, sobre todo, mi historia.
            Oswaldo”



“Querida Belkis: 
La historia apenas si comienza ahí, pues poco después Fidel, en una visita al Hospital Naval, que fue nuestra prisión temporal (estaba sin terminar), pasó por ahí, y mandó a que me sacaran y me llevaran a San Miguel de los Baños, en donde me dejaron en el Hotel San Miguel.  Sé que no me conoces, pero te aseguro que tengo una lengua bastante atrevida.  La verdad es que me pasé unas excelentes “vacaciones” en ese lugar, y poco después, en un traslado a La Habana, y disfrutando de casi total libertad, me escapé en Matanzas, y llegué a La Habana, donde la Embajada de Bélgica me dio protecctión, y me pasó a los pocos días a la Embajada de Argentina. Fidel montó una grande, y trataron de que yo me entregara, pero después de consultar con personas amigas de mi familia, me negué a salir. Fue un momento muy difícil para mí, aunque yo no estaba bajo ningún compromiso de no intentar escaparme, y aunque así inclusive algunos de los familiares de mis compañeros quisieron hacerlo aparentar.  De este modo, bajo estas condiciones, que me convertí en el único brigadista que logró escaparse de la prisión.  En la reunión que tuve con esta gente, ellos acabaron riéndose, pues la realidad es que en San Miguel de los Baños, en dos o tres ocasiones que los milicianos intentaron pasarse de rosca conmigo, acabé diciéndoles hasta alma mía.  Imagínate, "el protegido de Fidel".  La verdad es que alboroté bastante a ese pueblo, que recuerdo con mucho cariño.
            Oswaldo”




siguiente página