Continuación
... tengan bien claro que nuestro trabajo es por la noche y con un horario y una tarifa de acuerdo a lo que pidan, pues por el dÃ
a tenemos nuestras obligaciones como trabajadoras de la sociedad cubana.
También me pides que te cuente qué nos hizo decidirnos a entrar en este mundo. No puedo decÃrtelo exactamente.
Creo que todo empezó un dÃa en que me trajeron a mi hijo llorando desde la escuela porque un amiguito le habÃa dicho que
su mamá era una pordiosera porque era incapaz de comprarle refresco de la shopping para que llevara a la merienda. Lo que
más podÃa hacerle entonces era conseguirle frutas y hacerle jugos para que tuviera algo que merendar a la hora del receso,
pero aquel hecho me dio como un golpetazo en la cabeza. La madre del otro muchachito no trabajaba y su padre era un
conocido negociante del barrio, que lo mismo te vendÃa pintura robada, que materiales de construcción que un elefante. Me
molestó mucho que aquel tipo, que según las leyes y la moral era un antisocial, tuviera más dinero y posibilidad de resolver
cosas que yo, que tenÃa un tÃtulo y un trabajo al parecer honorable.
Hubo un tiempo en que se dijo que nosotros, los médicos, junto a los abogados, éramos la pequeña burguesÃa de
este paÃs porque nos daban casa, carro y un sueldo bastante bueno. Hoy es distinto. Somos tan pobres como cualquiera, con
la diferencia de que seguimos ganando ese buen sueldo, que hoy es poco por lo encarecida que está vida, y con la facilidad que
tenemos de resolver muchas cosas gracias al agradecimiento de los pacientes. Pero ponte a pensar que mi salario es para dos
casas, que ni yo ni mis padres somos gente de hacer negocios extras que nos den un dinero de más porque mi padre ni siquiera
compra mercancÃa en la bolsa negra de lo comunista que es y mi madre es un alma de Dios que toda la vida ha obedecido a sus
caprichos. Sólo en leche en polvo para mi hijo y mis padres, que está a veinte pesos la libra, gasto al mes trescientos pesos,
porque con el litro de leche que nos dan cada dos dÃas sólo alcanza para una dieta básica y muy reducida, no para lo que
necesita un niño a su edad. En eso a mà nadie me puede hacer un cuento, porque una de mis especialidades es la dietética
infantil. A mi hijo no le puedo dar la mierda que dan en la bodega porque un niño necesita de proteÃnas, de una dieta
balanceada, y el arroz y el chÃcharo no se lo van a dar. Tengo que comprar carne y la carne está carÃsima ahora y antes,
cuando me metà a jinetera, lo estaba todavÃa más, cuando aparecÃa, porque aún no habÃan autorizado los mercados
agropecuarios. Sólo en eso se me iba el salario. Lo único bueno que me pasó fue que tuve que dejar de fumar para que mi
hijo comiera. Tengo que ocuparme de mis padres porque entre la chequera del retiro de los dos sólo llegan a 155 pesos más o
menos y eso se les va en un suspiro y hay que dar gracias a que aquà en el hospital les consigo las medicinas, que son bastante
caras porque mi madre padece de tiroides y mi padre es diabético. TenÃa que buscar una entrada más de dinero y yo no
sé ni coser con una aguja. Una de mis compañeras de la sala, también doctora, dedica sus horas libres al arreglo de
manos y con eso se gana un poco más de dinero. ¿Tú crees justo que una doctora tenga que estar caminando de casa en
casa arreglando manos para ganarse mejor la vida? Pues asà es.
Si me preguntas por qué estoy en esto, esa es la respuesta: hay cosas que la vida te obliga a hacer para bien de la gente que
amas. Nosotras hemos gozado de suerte: no hemos tenido que lanzarnos a la calle, ni soportar a los chulos, que son unos
explotadores, ni padecer ninguna de esas mierdas que sufren otras jineteras. Entramos a este mundo por la puerta de oro y
seguimos en una sala de oro ganando nuestro dinero limpio y ayudando a los nuestros. Por ponerte sólo otra ejemplo:
¿qué se hubiera hecho Grissy con su hijita de cuatro años si no tuviera esta entrada de dinero? Su hija desde que nació
tiene una enfermedad que le impide comer carnes y sólo puede tomar yogurt. Le dieron dieta de yogurt de soya, se lo tomó
una sola vez y la pobrecita estuvo casi tres meses ingresada que parecÃa un sapo de tan inflada. Ahora Grissy se gasta casi
setenta dólares al mes sólo en yogurt que compra en la shopping.Es lo mismo que cuando uno asà como asà empieza a
creer en Dios. Yo tengo una amiga doctora que ahora, además de atender clÃnicamente a sus pacientes, les recomienda que
los lleven a la iglesia o que les pidan a Cristo por su mejorÃa o salvación. ¿Y sabes por qué? Su hijo mayor, que ahora
tiene quince años, cuando tenÃa ocho se enfermó tan grave que por poco se le muere. TenÃa cáncer de primer grado en
el hÃgado. A quien no quiera creerlo, le puedo dar el nombre de los doctores que lo atendieron y todos los datos para que vea
que no miento. Una junta médica lo dio por desahuciado y le dijo a mi amiga que a mucho dar su hijo vivirÃa sólo un mes
y medio más. Dice ella que salió del hospital y echó a caminar por la ciudad y que se sentÃa como flotando y no se dio
cuenta de cuánto habÃa caminado hasta que se sintió tan cansada que tuvo que sentarse en un banco que encontró cerca,
en un parque. HabÃa oscurecido y ella salió del hospital a eso de las cuatro. Casualmente frente a ella vio una iglesia y algo
le hizo entrar, arrodillarse y empezar a conversar con Dios, con los ojos cerrados. Dice que sólo conversó con El y que algo
le hacÃa sentir que la estaban escuchando. Le preguntó por qué le pasaba aquello a ella, precisamente a ella que habÃa
dedicado su vida entera a salvar vidas, que era lo más injusto del mundo y que si su hijo se tenÃa que morir, ella querÃa irse
con él adonde fuera. Sólo se detuvo cuando fueron a cerrar la iglesia, a eso de las doce de la noche, y un muchacho, que al
parecer trabajaba allÃ, la tocó en un hombro y le dijo que ya debÃan cerrar y que llevaba tanto tiempo rezando que estaba
seguro de que Dios habÃa escuchado sus oraciones. Dice que cuando se puso de pie y salió a la calle sintió en el pecho una
alegrÃa rara, inmensa, que la ahogaba y la hizo llorar, pero de alegrÃa. Se dio cuenta de que habÃa estado en la iglesia de
Santiago de las Vegas, cogió una guagua y regresó a la ciudad y al hospital. Aunque te parezca mentira, su hijo dormÃa
plácidamente a pesar de que hacÃa más de dos semanas que los dolores no lo dejaban dormir. Un mes después le dieron
de alta. Cuando le hicieron las pruebas, los médicos se quisieron morir del susto o del asombro: su hÃgado aparecÃa
intacto, como si nunca hubiera sufrido los estragos de una enfermedad tan mala. TodavÃa hoy vive.
Por eso ella hoy cree en Dios más que en ella misma y está totalmente entregada a su creencia. Sigue siendo tan buena
profesional como lo era en aquel tiempo, y lo mejor de todo: es feliz. Yo puedo decirte lo mismo: soy feliz porque ayudo a los
mÃos a vivir mejor esta vida que razones polÃticas nos hacen más difÃcil. Mi hijo no tiene por qué sufrir algo de lo que
él no tiene culpa.
Amir Valle,
escritor cubano con varias novelas publicadas, reside en La Habana, y recientemente participó en Gijón, España,
en un encuentro sobre la novela negra. Es miembro de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba).
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