XVIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami
Por Luis González Cruz
El Festival del año 2003 (6-22 de junio), dirigido por Mario Ernesto Sánchez, ofreció once
obras provenientes de seis diferentes paÃses, un taller de actuación y una mesa redonda sobre
Cervantes en la cual participaron Olga Connor, Luis González-Cruz, Juan Manuel Cifuentes y
Lilliam Vega. El ?Premio a una vida de dedicación a las artes escénicas? fue otorgado a Estela
Medina, actriz de La Comedia Nacional de Uruguay. El afiche del Festival (un interior habanero) fue
diseñado por Humberto Calzada. El programa se inició con ATRA BILIS (cuando
estemos tranquilas...), de Laila Ripoll (Producciones Micomicón, Madrid; dirección de Laila
Ripoll). Cuatro actores hacen el papel de tres hermanas y su criada, cuyas historias se trenzan
alrededor del muerto que yace en el ataúd, marido de una de las hermanas. Las verdades salen a
relucir en el tenso diálogo. Las cuatro han tenido que ver fÃsicamente con el finado; una
engendró un hijo que fue asesinado al nacer; la criada acusa al difunto de aprovecharse
sexualmente de ella desde que era moza. Las fuertes escenas mezclan el humor negro, el grotesco y
lo escatológico. Las cuidadas actuaciones y dirección no lograron encubrir la falta de originalidad
del texto, el abigarramiento de asuntos y cierta confusión por parte de la autora sobre la intención
de su drama.
El vuelo del Quijote, de Raquel Carrió y Lilliam Vega (Teatro Avante, Miami; dirección de
Lilliam Vega) es una libre dramatización del Quijote en la que el ama y el cura representan las
aventuras del libro para ayudar a Don Alonso a salir del enajenamiento en que ha caÃdo. Hacen un
viaje ficticio en que encarnan a los personajes de la novela. Al final los tres actores suben a un globo
aerostático y vuelan sobre el mundo para regresar al sitio de donde proceden, descrito como "la
tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto". La imaginación rompe las fronteras
temporales y geográficas, de modo que La Mancha y la Ãnsula de Sancho (Cuba) se hacen un
sitio único. El regreso ideal constituye una reconquista de los sueños perdidos, la vuelta a una
realidad paradisÃaca de perfección que tal vez no existe. Las actuaciones de Jorge Hernández
(Don Quijote), Jacqueline Briceño y Gerardo Riverón, merecieron los vÃtores de la
audiencia.
Japón trajo Sancho Panza, de Yoko Tawada (dirección de Saburo Shimada). Las dos actrices se
convierten en bestias hablantes: el caballo de Don Quijote y el asno de Sancho. De Cervantes hay
poco; no se recogen pasajes de la novela. Sólo se elaboran arbitrariamente algunas ideas que
aparecen en el Quijote; la obra las presenta a tropezones (con humorismo y propósito
aleccionador, social o polÃtico), mientras las actrices "moviéndose con fortaleza" hacen un sin
fin de piruetas, cambios de vestuario, y raras acciones fÃsicas, hablando siempre en lenguaje
entrecortado. Desconcierta el absurdo mal ensamblado. La creación mezcla las más innovadoras
técnicas dramáticas de Occidente con rasgos tÃpicos del teatro japonés tradicional: el
resultado final, si bien curioso, no constituye un armonioso concierto.
Prometeo (relato del mar), de Rodrigo GarcÃa (Teloprometo Teatro, Santiago de Chile;
dirección de Francisco Albornoz) trata de romper fallidamente las barreras entre el público y los
actores valiéndose de un lenguaje directo, prosaico, que si logra la reacción del público será
por sentirse éste insultado sin motivo, como cuando se le repite: "Vete a tu casa a pensar, hijo de
puta". Los conceptos que el espectador tiene que sopesar son pedestres, intrascendentes por su
temporalidad, o calcos de otros que se han expuesto de modo más artÃstico en el teatro, lo cual
resta a esta creación valor como obra de arte perdurable. Prometeo presentó MatÃas y el
aviador, de Félix Lizárraga (Miami-Dade College; dirección de Jorge Luis Morejón). Este
montaje estudiantil, a cargo de Teresa MarÃa Rojas, tuvo el profesionalismo a que ella nos tiene
acostumbrados. El decorado (tres plataformas circulares) se animaba con el hábil uso de luces (a
cargo de Javier Siut) y el imaginativo vestuario (de Anilú Oms). El personaje de MatÃas fue
interpretado con gran soltura por Adrián Ruz, un niño de 12 años de edad: feliz mezcla de
buena dirección y talento artÃstico. Otras actuaciones señaladas fueron las de César Santos
(el aviador), Aymará �valos (la serpiente), Beatriz Montañés (la gata) y Gustavo Dapiaggi
(el vanidoso). Jorge Luis Morejón también participó como cantor, entonando con voz
hermosa, al compás de la Guantanamera, versos originales del autor, quien ha hecho una esmerada
adaptación del clásico relato Le Petit Prince, de Antoine de Saint-Exupéry, siempre fiel a la
narración, pero añadiendo textos de su invención que enriquecieron el diálogo.
(Continúa...>>>)

