Emilio Surí Quesada: La canción del suicida.
Madrid, España Editorial Betania, 2003.


¿Quién canta en la poesía si se muere el poeta?
¡Ah!, diríamos que el símbolo de la vida continuaría el canto, no
importa qué decidiera el hombre. Pero en
realidad, el poeta no ha muerto, más bien, no ha buscado la muerte que lo
saque del rasgo de su cuerpo; su muerte es intelectualmente psicológica, y a
través de una corriente, su testamento dice y canta. El ojo lector
comprende y analiza:
Algo nos ayuda el prólogo de Madeline Cámara; el dibujo iluminado de
Gladys Triana, una cara diluída entre la luz y la sombra, como el poeta y
su experiencia; las anécdotas del nacimiento del libro, la poesía misma.
Quiero tocar al hombre, y a su poesía, y me adentro en el camino
siguiendo sus palabras como si fueran pan en migajas guiando una ruta hacia
la casa del alma.
En la página 11 del libro se encuentra el primer poema; por coincidencia, el
11 es un número de código para abrir puertas dimensionales: el poema es
sinónimo de un cosmos personal. El poeta necesita y pide: “Necesito un
sol de miniatura/para sentir que todavía mi sombra está conmigo�; el
poeta quiere zapatos, música cubana, y un reloj.
De eso habla como enumerando las pequeñas cosas que pronuncian un
tipo de triunfo sobre la vida. Buscando el hilo del título: “Lotería�,
este primer poema ya respira su tesis: el poeta acaricia una escopeta.
Escapar es normal cuando la circunstancias dejan de funcionar y las palabras
siguen rodando en el papel. El desarraigo cae por la poesía, y forma a una
mujer con las palabras; el juego es peligroso y así le llama al poema: â
€œLos Juegos del Suicidaâ€�; aquí la escopeta se viste de cuchillo y
espera mientras todo lo demás se va: “en esa inmensa soledad que
siempre queda/en los posos del último café�.
En el poema “Ya no�, el poeta se imagina un futuro sin él; lo que
queda es el símbolo de su presencia y eso lo hace soñar. Aquí no hay
instrumentos de muerte, pero hay palabras reveladoras como “últimoâ
€�: “Todo eso y mucho más encontrarán /a la vuelta de mi último
poema,/de mi último vaso/y de esa última palabra que estalló dentro de
mí/ sin que nadie la escuchara.�
En el poema “El vuelo del Pájaro� el poeta se desliza hacia nuevos
horizontes; con esto no me refiero al cambio de temática, sino simplemente
al espacio que ahora es de aire y desde el cual siente que “Cada minuto
es una pirueta interminable/un triple salto mortal/que marea y encandila.�.
Surí es un Altazor en la visión de Huidobro; hay un vórtice magnético
que lo lleva al fondo de la vida, a pesar de sus alas. De país en país, va
en busca de su esencia, pero aún en su isla, se pierde... Los versos en este
poema descienden, caen, en el ritmo repetititvo de ser todo o nada, llevando
la existencia hacia otra forma de muerte:
“A tientas/noche a noche,/subo hasta el trapecio/. Salto/y sin pensar,/
entro en los espacios del peligro.�
Diferente a Altazor, el poeta no pierde ni la voz, ni chilla con sonidos
onomatopéyicos, más bien utiliza una impecabilidad histórica, llena de
anécdotas personales que nos alucinan por la calidad de las imágenes.
Hay lógica y no locura, y las metáforas conllevan el ritmo fuerte de la
doble visión, que es patrimonio del poeta. El poema dice, con verbo propio
sobre una noche de sexo: “Entre todas levaron mi ancla/sin preguntarme
si quería navegar. Inflamaron mi vela,/crearon la tormenta/y,,sin amor,/por
simple oficio,/me lanzaron a las aguas.� En otra instancia: “A
dentelladas atacaron cuando lancé mi arpón/y devoraron la noche/en
donde estoy� ¿Encontramos al suicida en estas páginas poéticas?
Sí, en el exceso de una búsqueda en otros también está la muerte. El
origen de esa necesidad de muerte, me recuerda La muerte definitiva de
Pedro el Largo, de Mireya Robles, donde la escritora cubana nos presenta
la necesidad intrínseca, en el personaje principal, de dejar de existir, pero
definitivamente.
¿Es Emilio Surí Quesada un “Pedro el Largo�? ¿Qué causa
su canto? Su destierro parece ser la causa mas válida que lo impulsa a
pensar sobre la muerte; su canto es un canto de desencanto hacia otras
tierras y valga el juego de palabras para explicar su falta de ubicación, su
hueco ante la invalidez del poeta y su poesía: No hay exilio/sino ganas
perennes de poder/abrir puertas y ventanas/sin temor a resfriarnos�. En el
poema “Tumba y retumba� podemos ver el juego de palabras
implicando muerte y sonido. Es el movimiento del tiempo en su acto lineal lo
que le preocupa al poeta.
Las palabras bailan y llevan al danzante en espiral descendiente hacia el
verso que dice: “Dicen que ningún cuerpo cremado tiene ya ritmo; que
no canta/ni baila,/ni sufre,/ Ni goza,/ni maldice*�
El exilio se personifica y es culpable. Los que pueden decir algo apuntan con
el dedo y lo condenan por ser causante de tanta muerte psicológica: â
€œSomos un vacío en tierra ajenaâ€�, nos reclama el poeta. En el poema:
“Confesión Tardía� tocamos la esencia de la comunión entre el
hombre y su tierra; es una hermosa confesión donde se entrelaza la
memoria del hecho personal con el potencial de un diálogo humano-
telúrico que pudo haber sido una gran historia de amor. Cuba es
esencialmente mujer; el arquetipo es el abandono a la tierra, a la amada, a la
madre. En este acto, la política es una sombra, y la relación tierra-hijo es
el punto culminante de una luz que se expresa más allá de las sombras:
“No palpé el milagro/del niño que crecía en tus entrañas/porque
era el tiempo de la zafra� Suri. como Proust, va en busca del tiempo
perdido; no solamente para revivir lo mismo, sino para cambiarlo,
restaurarse en la posibilidad de cambiar el pasado y entrar en un potencial
diferente: no dejar la tibieza de la cama telúrica; palpar el milagro; no
extraviar las caricias de la isla; serenarse con la tierra en los arroyos; no
perder el brillo del sol; ser capaz de contemplar los luceros; y en este nuevo
potencial que como espejo refleja lo directo del poema, decirle a Cuba: eres
mi patria perfecta. Según vamos leyendo, nos damos cuenta de cómo La
Canción del Suicida es también la memoria del pasado con un hombre
arrojado en el presente buscando la utopía de su ser en otro canto que lo
lleve a la vida. En el poema “Las cartas� encontramos algo de esa
causa que lleva al poeta a su desencaje con la vida. Las cartas vienen de la
isla; la familia dice esto y aquello; ya sabe qué pasa. Ya sabe lo que muere
a distancia: Las cartas, dice el poeta: “son como hojas de afeitar/ que
rasgan las pupilas�; “dentro de una, hace ya años,/encontré a mi
padre muerto y enterrado�. Las cartas son: “la mesa de mi madre que
agoniza sin nosotros;�. Ya aquí vemos el núcleo de una devastación
emocional mezcla de culpabilidad y amor genuino.
El tema del suicidio es tabú para la iglesia. No se puede ni escapar
tranquilo porque hay leyes, y el engranaje de la culpabilidad que forma un
cuerpo como si fuera un esqueleto atacando las tumbas. El poeta grita con
eco suave y palabras mojadas de cinismo: “El Señor/se infiltra/en las
misas de Domingo/y le dice a su amigo Zabulón/que nos pinte de
pecados/como quiera/porque de lo contrario/no tendría contenido de
trabajo.�
Es interesante observar cómo Emilio Surí explora la muerte en diferentes
actos de ser en sus textos poéticos. Ya cuando la fantasía de la muerte
en todos los aspectos posibles perpetúa la vida, el poeta advierte que es un
juego y utiliza la despersonalización como método de escape; no es
menos muerte no asumir responsabilidad por las acciones: “Juego desde
siempre, os aclaro�. No soy nadie./ Nada es mío./Los versos de que
hablo/son los tuyos, los de éste,/los de aquél/y los de otros; “yo
nunca nací�
Desde esta forma verbal, el poeta niega su existencia, borra su psíquis de
la historia; son los otros los que sufren, los que escriben; él observa
desprendido como un dios, que está contento por no ser parte del
escenario..
Otro poema,�Burla�, repite el tema de esa división del yo
psicológico, o de la no existencia: “No soy éste que vive entre
vosotros./Mi cuerpo, mi voz/y los genes que transmito/son una ilusión
creada/por alguien/que nunca dio la cara.�
Y no es sólo la muerte un deseo por la tierra perdida, es también el
mundo interior del poeta que clama por reconocimiento. Sabe su valía y
ahora vaga entre miles de cabezas que no conocen su nombre, y como un
monje en proceso de ascención, practica el anonimato a su pesar.
En su poema “Sufrir no está de moda�, encontramos al poeta que
escribe con su ego (aclaro que aquí ego no tiene un significado
derrogatorio, más bien expresa el yo de la personalidad manifestándose
en el plano de tercera dimensión), lo que le molesta de su realidad. Me
encantó este poema por su naturalidad, por el diálogo cínico con
acentos de humor (me hizo sonreir); es un poema que ataca con dignidad y
porque el poeta sabe que lo que dice es verdad. Su auto-valía es
admirable y las imágenes danzan como espadas:
“Santos en plena santidad quienes me ignoran; los críticos que nunca
me han leído ni tampoco me leerán;
Alabados los dadores de becas y de premios;
Bienvenidos todos a mi encuentro
porque los hijos de puta también merecen
que Dios les asigne un poeta personal
que no tema desnudarse.�
En el poema “Domingo� (siempre los domingos son desastrosos,
solitarios y melancólicos, creo yo), el poeta recorre en un salto sus
memorias, y reafirma su presente. He aquí exergos sueltos:
“casi todo lo que quise es ausencia�;
“mi madre, todavía, me esperaba�;
“Diez años sepultados en lejanías�;
“cualquier techo que me acoja/es ya mi casa�;
“Lo mío es frustración a palo seco�;
“me apago�
En el poema; “Salmo del exilio� dedicado a Felipe Lázaro, el poeta
enumera consejos. La experiencia lo ha dejado incrédulo, y el consejo al
amigo es un rosario de ojos abiertos a la realidad. Cada rezo se convierte en
un no hacer en la vida. El hombre neutro triunfa porque polariza sus actos: en
el no-hacer:�No llores/No sonrías./No odies./y No ames.� Pero el
mejor consejo a su amigo-poeta es que : “nunca se te ocurra/subir la
colina silenciosa del suicidio.�
Proyecta el consejo fuera de sí; quizás su propia voz poética lo salve
del impulso hacia la muerte voluntaria..
No podemos dudar, a estas alturas en la lectura del libro, que la poética
de Surí reitera el título del libro; la temática es el suicidio como muerte
en todas sus expresiones. No es una cuestión de amenazas a los demás, ni
su testimonio como ser humano en proceso de entropía destacando el
proceso fisico sólamente. Aquí confrontamos un juego platónico con la
muerte. Emilio Surí es el complemento, la pareja de estas mujeres arquetí
picas que anidan en el aspecto más abstracto de su alma. El poeta se
proclama: “el novio de la muerte�; la muerte, como Cuba, es mujer, y
hay en su quehacer poético, un diálogo con las dos.
El mundo le dice algo a Emilio Surí, pero lo que le dice es “no�.
¿Pudiéramos entender que una palabra monosilábica puede matar con
tanta fuerza? El lector sufre con el poeta, porque en estos poemas intimistas,
se puede ver lo que ha muerto en el hombre mientras el poeta sigue
caminando, que es como decir escribiendo: �y no y no hasta la asfixia;
todos, todos a la vez se apartan de mi lado cuando la pelona se lo ordena.
Son chacales que observan desde lejos y cierran sus apuestas a la espera de
que estalle mi demencia para venir por mi sombra y triturar mis huesos, Mi
ternura y aquellas extrañas ganas de reír que, aunque nadie lo crea, una
vez, a mí pertenecieron�.
Hay un poema, “Fotos�, donde la voz hablante es el padre del poeta
recorriendo en las fotos del pasado momentos claves. Las imágenes, tan de
tierra, alcanzan un vuelo indescriptible:
“En este mismo pecho que hoy la ira me comprime/descansó tu madre
la noche en que te hicimos.�
“Me faltaba descubrir/que esas bolsas que llevo entre las piernas/
arrugadas como pasas por el frío,/con los años/inflamadas de
orgullo/serían el lastre más pesado/para llevarme a la humildad/y poder
tolerarme cuando temo.�
El poema “Inventario�, da una visión total de la vida del poeta en La
Habana. Leyéndola, entendemos sus marcas, los sueños rotos, la
decepción ante las promesas utópicas. Y antes de escribir: �cada cual
buscó cómo inventarse un horizonte�, como dice el poeta en el poema,
vivió la bohemia:
“Tenía adicción por conciertos y teatros�; “Mi combustible era
aguardiente Coronilla� En ese tiempo perdido encontró la poesía, y
tenía a su niño adentro con “una guitarra/ que llovía en balcones
serenatas.�
Creo que otros de los factores principales en el tema del suicidio, es el
rechazo, la no-aceptación, el ostracismo.
Varios poemas reclaman esta pena y de ellos hablamos anteriormente. El
poeta ha protestado a través del libro, ha gritado cuánta desilusión le ha
tocado vivir, pero alcanza su climax de expresión en dos poemas: â
€œPenúltima advertenciaâ€� y “Balada del tonto de la colinaâ€�. No
sabemos cómo salvar al hombre-poeta. Este Altazor mítico no destruyó
su palabra, pero nos deja saber que, en otras formas, cuán dañado
está: “no ama�, no cree, se ha vuelto un gran iconoclasta, y hasta los
grandes arquetipos de salvación desaparecen ante su presencia:
“Me encanta,/de furtivo,/ entrampar al Ave Fénix /y desplumarla antes
que el fuego la reanime.� No hay sueños tampoco “En mi horizonte
no hay Kilimanjaro/ni mucho menos la cabeza de un leopardo.� Ni
confianza: “Dudo del abrazo porque en su pliegue/puede que esté
escondida la navaja.�Definitivamente que “Balada del tonto de la
colina� es el poema que denota más el aspecto circular del poemario. El
poeta expresa su ira, lo que piensa de los demás y de sí mismo. El poeta
es un hombre reviviendo sus traumas, gritando en el poema en lo que se ha
convertido. La vida diaria, los problemas de sobrevivencia, el no de los
otros, la falta de visión hacia su trabajo poético, la pérdida de la isla y
sus memorias: todo es una cascada que sale del cerebro con empuje. Ya
casi se imagina su muerte; expresa su arrogancia ante los otros, Como un
niño reclama en una formación reactiva todo lo que quiere y no quiere. Es
la noche oscura del alma:
“No necesito que nadie aprecie lo que escribo�;
“No quiero mas luz cuando me vaya�
Y en medio del derrumbe, como en los yogas de los hindúes en tiempos de
transición, antes de la Edad de Oro, una luz asoma. Cuando no necesitó
de nadie, llegó el libro; llevando los poemas hacia el canto de las aguas;
alumbrando al poeta con una realidad desconocida.
Emilio Surí Quesada decidió quedarse entre nosotros a pesar de las
sombras. Y La Canción del Suicida ha inspirado escribir sobre un poeta,
que vivo, define su poesía como “una bocanada de luz�.





MAYA ISLAS
_________________
Maya Islas, poeta y artista plástica cubana residente en New Jersey, ha
publicado recientemente Quemando luces, poemas.

Emilio Surí Quesada (Camagüey, Cuba, 1952). Poeta y periodista.
Desde 1975 a1992 trabajó en periódicos y revistas culturales cubanas
(Juventud Rebelde, El Caimán Barbudo y Somos Jóvenes). Fue
Corresponsal de Guerra en Angola, Nicaragua, Sáhara Occidental (Frente
Polisario) con coberturas especiales en Yugoslavia, Rumanía, Argelia,
Francia, México, Chile, Argentina, Perú y Bolivia.
Salió al exilio en 1992, radicándose en España, y actualmente reside en
Alcalá de Henares. Colabora en la Revista Hispano Cubana, La Nueva
Cuba, Cuba Nuestra (Suecia) y con el Centro de Información y Estudios
de Cuba (CENINFEC).
Indice