Roberto Ampuero, Los amantes de Estocolmo, y más.


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BELKIS CUZA MALE

  

Roberto Ampuero ha tenido, sin duda, un vertiginoso triunfo. En menos de una
década que lleva publicando sus ya famosas novelas, se ha convertido en
uno de los escritores que más vende en Chile y en el resto de
Latinoamericana.  Y por supuesto, en España.  Esto parece molestar a
muchos del gremio, sobre todo en Chile, su país, donde Roberto escribe
regularmente una columna para La Tercera. La envidia es mala consejera, y
peor entre los escritores.  Pero parece inevitable. Y a Ampuero lo envidian por
todo, y suelen criticarle su éxito.
Pero el hombre que yo conocí en La Habana a principios de los setenta, era
entonces un joven lleno de proyectos, viviendo de paso una revolución que
había en apariencias acogido al estudiante chileno exiliado. No tardó mucho
en desilusionarse y ver la realidad.  De eso también lo acusan. Para algunos
el éxito es siempre sospechoso de alguna adhesión política incorrecta.
Lo importante para él y para los que lo queremos y apreciamos su talento y
su obra, es que Roberto Ampuero ha logrado triunfar, y crear un novedoso
detective, Cayetano Brulé, un cubano exiliado, que no excluye nunca la
reflexión política.
Desde Iowa, donde termina un doctorado, cría a dos hijos y vive una casi  
apacible vida hogareña junto a su Ana Lucrecia, Ampuero responde a mis
preguntas. Recién acababa de lanzar un nuevo éxito editorial, Los
amantes de Estocolmo, cuando ya ha sacado de la manga otro que  se anuncia
por sí solo:  Halcones de la noche.
Oigan pues lo que dice este escritor que también se siente de algún modo â
€œcubanoâ€�:

RA.- Escribí desde niño --responde a mi primera pregunta-- y escribí en
La Habana, y le mostré cuentos a Heberto Padilla, que siempre me sugirió
buscar un lenguaje preciso y sin barroquismos. Curiosamente recuerdo el
momento exacto en que intuí que debía escribir sobre Cuba: fue cuando
hallé un libro de Ernesto Cardenal sobre Cuba. Celebraba allí a Joaquín
Ordoqui, que era amigo mío, y describía la revolución cubana casi como
una sociedad caída de los evangelios. Yo sabía que la Cuba que describí
a Cardenal poco tenía que ver con lo que vivían los cubanos. Pero años
más tarde, ya fuera de Cuba, escribí Nuestros años verde olivo, el relato
de mi experiencia en Cuba, que debe salir próximamente en inglés. No es
la experiencia de un turista o de un invitado oficial a la isla, sino la de un joven
chileno exiliado de la dictadura de Pinochet, que vivió allá “su� utopí
a como cubano.

BCM.- Me leí todo lo que dices sobre los motivos por los que escribes
literatura policial, tu modo de tratar los temas que aquejan a la sociedad, etc,
etc.  Eso está bien y se ve que no te traicionas, pero ¿es tanta realmente tu
pasión por ese tipo de literatura, que ya no puedas dejar de escribirla?

RA.- Estoy entrando en una nueva etapa de mi escritura, y mi novela más
reciente, Los amantes de Estocolmo, precisamente la anuncia. Hay cosas que
no se pueden expresar a través de la novela policial, y así el tema busca un
género. Sospecho que mi nueva novela, que aparece en octubre, Halcones
de  la  noche, será la última novela de Cayetano Brulé por años. Las
ideas que me obsesionan ahora, al vivir en EEUU en una época tan tensa,
necesitan un género que me permita mayor subjetividad y más conjetura, y
no me imponga el ritmo ni la lógica de la novela policial. Soy simplemente un
narrador con varios registros: novela política, policial, sicológica, cuentos,
columnista, en fin...

BCM.- Recuerdo que estudiaste en un colegio alemán en Chile, que ahí
aprendiste la lengua. ¿Por qué el alemán?  Â¿Era tu familia de origen
germánico?  Â¿Tenían una posición económica sólida que les
permitiese enviarte a un colegio privado de esa categoría?

RA.-Hice toda mi educación en el colegio alemán porque era considerado
un excelente colegio privado y quedaba cerca de casa. Era un colegio caro,
elitista, donde aprendíamos primero a leer y escribir en alemán, donde todo
era en alemán. Mis padres me enviaron allí, a pesar de que mi abuela
materna era francesa y de que mi padre había trabajado durante la Segunda
Guerra Mundial para el servicio exterior de información de EEUU, y creo que
la razón principal fue precisamente que se trataba de un colegio de prestigio
en la enseñanza. Ese colegio me entregó la lengua alemana, me dio mi
primera impresión de Europa y un acercamiento natural a Goethe, Schiller,
Brecht y Mann, pero también a una forma de ser que estaba en las antí
podas del ser chileno. Creo que el colegio me marcó mucho en mi decisión
posterior de recorrer el mundo, en mi alma nómada.

BCM.- He leído en alguna parte que Carlos Fuentes se precia de haber
hablado primero el inglés que el español?  Â¿Es también tu caso, pero
con relación al alemán?  Â¿No te pareció un idioma muy difícil?

RA.- La gramática del alemán es endiablada, pero la fui internalizando sin
darme cuenta o sin grandes traumas. Pero cuando viví en Alemania por
quince años me di cuenta cuán profundamente enraizados estaban en mí
el idioma y la mentalidad alemana. Claro, doce años de colegio alemán y
quince años de residencia en Alemania no pasan en vano por un individuo,
pero tampoco borran mi alma latina. Resistí bien la vida en Estocolmo y
escogí vivir un tiempo en Iowa City, que tiene fuerte inmigración alemana y
un invierno riguroso. Transito sin problemas entre esos mundos dispares,
aunque siempre me falta algo del otro. Es el síndrome del exilio: la nostalgia
perpetua por lo otro ya vivido.

BCM.- Sospecho que eres una persona super organizada, que lo planeas
también todo. ¿Quiere decir que escribes a horas fijas, comes a horas fijas,
tienes hábitos muy sólidos que sigues al pie de la letra?  Â¿Escribes todos
los días?  Â¿Cuánto tiempo te das para terminar una novela?

RA.- Sí, soy un animal de hábitos y rutinas, quizás efecto del colegio
alemán. Escribo todos los días, y lo hago desde las 6 de la mañana hasta
las 10, después atiendo lo de la universidad y escribo mis columnas. Pero lo
que también es un hábito crucial en casa es que la familia se sienta cada
noche a cenar a la mesa, sin radio ni tv, lo que en América Latina suena
obvio, pero en EEUU no lo es. La rutina me da cierta tranquilidad y la
sensación de que estoy aprovechando el tiempo. Aprovechar el tiempo es un
criterio clave para mí. Me frustra tener al término del día la sensación
de que no hice todo lo que debía hacer. Soy de hábitos, pero también
quiebro cada cierto tiempo la rutina de forma radical, y por eso con la familia
hemos cambiado tantas veces de país.

BCM.- ¿Tienes planeado introducirte en el mercado americano con una
novela escrita directamente en inglés?

RS.- Depende. Halcones de la Noche la escribi en un año, porque la tenía
desde hace diez años en la cabeza y me urgía escribirla de una vez. Los
amantes de Estocolmo tardó tres años, pero porque tuve que interrumpirla
porque escribí Cita en el azul profundo. Cada novela tiene su ritmo, pero a
mí me alarma que la escritura de una obra se extienda por mucho tiempo y
sufra interrupciones, porque la novela sufre altibajos que se notan. Uno cambia
mucho en tres o cinco años, y vive con cambios de ritmos, lecturas y
sensibilidad, sufres muchos vaivenes, y eso afecta la cohesión de la novela y el
lector lo percibe como artificios.

BCM.- ¿Con qué finalidad decidiste hacer ese doctorado en la
Universidad de
Iowa?  Â¿Te preparas para ser un académico?  Â¿Te atrae enseñar? -
¿Cómo es tu
vida en Iowa? ¿Te gusta la vida social universitaria, o permaneces en casa la
mayoría del tiempo?

RA.- Me angustia ser sólo escritor, porque la labor de escritor es muy
autoreferente. Te ocupas sólo de tus textos, de tu estilo, de lo que estás
escribiendo y de lo que vas a escribir. Escribir es un oficio solitario, y yo
siempre he necesitado la otra parte de la vida, aquella realidad que está más
allá de mi hoja de papel en blanco. La combinación con el estudio de la
literatura me pareció acertada para combatir el solipsismo. Además me
permitió conocer el mundo de la academia norteamericana, tan diferente al de
la academia latinoamericana, ver que en esa instancia también se da una
fuerte relación Norte-Sur entre universidades ricas y universidades â
€œnativasâ€� pobres, una relación en la que, desde luego, el discurso
dominante lo impone el norte, aunque sea un discurso que se refiere al Sur. Y
me sirvió también para descubrir que ciertos escritores que acusan a sus
colegas de haberse comercializado y de escribir “para el mercado� (a
mí me acusan de escribir para el mercado por el éxito de mis novelas),
escriben para el mercado académico norteamericano y europeo, que ofrece
invitaciones a impartir cursos y charlas, viajes interesantes, pasantías y
promueve traducciones. Esa relación entre Norte y Sur, esa imposición de la
visión literaria del Sur desde el Norte me recuerda mucho mis años de
periodista de la agencia del Tercer Mundo IPS, cuando tratábamos de
mostrar la realidad latinoamericana a través de los ojos del Sur, pero era una
lucha quijotesca: el Norte, con sus recursos y medios, siempre imponía
temas, tonos y perspectivas. Veo que en la academia literaria norteamericana a
menudo el Sur supuestamente auténtico no es más que el Sur que el Norte
quiere ver y que, por lo tanto, su discurso liberador del Sur subalterno termina
siendo un nuevo discurso dominante, un discurso que no le otorga voz al Sur,
sino que lo convierte en un objeto pasivo que tiene un telos al cual debe
ajustarse.
Me interesa la enseñanza de la cultura latinoamericana. Cuando termine mi
tesis, en la que abordo el carácter de la historia como conjetura en novelas de
Jorge Edwards, estudiaré con detalle cuál debe ser mi próximo paso
profesional. Iowa City es en verdad un oasis “cosmopolita� en el
Midwest norteamericano, es un buen lugar para una familia con niños por su
seguridad y tranquilidad, pero no es EEUU. Mi tiempo lo distribuyo entre la
casa, la escritura y la universidad. Me interesa una opción que me permita
enseñar y escribir, creo que los escritores y poetas tienen mucho que decir en
los departamentos de literatura porque en ellos hay muchos expertos en
literatura que odian a escritores y poetas. Pero si yo fuese alumno de nuevo,
buscaría una universidad donde también me enseñaran literatura los
creadores de la literatura, no sólo estudiosos de ella.

BCM.- Los personajes de Los amantes de Estocolmo no parecen ser
ficticios.  Bueno, al menos los protagonistas.  Â¿Pero lo son también la
criada polaca y el vecino sueco? Tu novela me ha recordado algunas cosas.
Por ejemplo, aquella película de Alain Dellon con un asesinato, que luego se
descubre por casualidad. Pero hablando de películas: ¿aspiras a verte en el
cine? ¿En Hollywood?

RA.- No, pero tengo ofertas para que mis libros se publiquen en inglés en
EEUU.  Hasta ahora mis libros han sido publicados en América Latina,
España, el mercado hispano de EEUU, Portugal, Francia, Italia, Alemania y
ahora comienza Grecia, lo que no deja de ser ya que mis libros del detective
cubano exiliado Cayetano Brulé y mi novela sobre Cuba no son textos
canónicos de “lo políticamente correcto�, sino que hacen crujir el
sistema, que no es más que una censura literaria de gente que cree tener el
monopolio de la representación de los sectores populares latinoamericanos.  
Interesante lo  que dices, pero todos los personajes de Los amantes de
Estocolmo son ficticios. Me fascina escribir la ficción como si no fuese
ficción, como si fuese realidad. Lo que pasa es que mis personajes siempre se
mueven en espacios absolutamente reales, descritos con realismo casi
fotográfico, y eso es lo que crea la sensación de que los personajes son de
la realidad. Todos los locales y casas que aparecen en la novela, sus calles y
plazas, existen. El libro podría servir de guía para recorrer Estocolmo. Ha
sido un libro muy popular, fue escogido “libro del año� por los
lectores de la Revista de Libros, de El Mercurio, y fue el libro más vendido en
Chile el 2003. Acaba de pasar a su octava edición, y eso que en Chile
también se vende en ediciones pirata en la calle.
Incursioné una vez en la televisión, escribiendo las historias de “Brigada
Escorpión�, la primera teleserie policial chilena. Pero me dejó un sabor
ingrato porque una película se va en pocas horas, a diferencia de una novela,
además, la imagen última de los personajes depende de la imaginación del
lector, y en el cine no existe esa libertad. En la actualidad hay dos ofertas para
el cine, que mi agente está estudiando, pero yo escribo sin pensar en nada de
eso.

BCM.- ¿Crees en la casualidad?  Â¿En el destino?  Â¿ En la "buena" utopí
a? ¿Existe eso?

RA.-Creo que estamos regidos por el azar, que hay pocas cosas que pueden
estar pre-escritas, que somos sólo una posibilidad hecha realidad entre
millones de posibilidades que no nos incluían. Eso me parece atroz, pero
cada vez que veo en la televisión la hambruna y el sida acabando con niños
africanos me digo que sólo el azar me hizo estar a este lado de la pantalla y a
ellos  al otro lado, que no puede haber un plan, menos divino, para que yo
esté aquí, bien alimentado y abrigado, y ellos estén allá, sin alimentos
ni paz. Claro que esto no debe llevar al inmovilismo ni al fatalismo, queda
espacio para la agencia humana, esa actividad que tiene lugar mientras se busca
la utopía, la utopía que puede ser algo preciso y modesto o algo más
amplio. Y aquí deseo rescatar el valor de la utopía, porque en todas las
culturas existe la utopía como búsqueda del paraíso originario que se
perdió, la utopía es lo que nos permite ser mejores y levantarnos por
encima del dolor, el abuso y el sinsentido de tantas cosas. No podemos
permitir que fundamentalistas de izquierda o derecha se apropien del concepto
de utopía y nos dejen sin sueños.
Porque ese ha sido un error grave de la cultura democrática, permitir que el
concepto de utopía fuese expropiado por el stalinismo y el nazismo, por el
castrismo y el
pinochetismo, que alzaron sus utopías totales, pensadas hasta el último
detalle,
excluyentes de todos quienes no se identificaban con ella. La búsqueda de la
utopía, la fuerza fresca y restauradora de la utopía democrática, no
totalizadora, es algo tan serio y trascendente, tan inspirador para nuestra
acción diaria y nuestras esperanzas, que no debemos aceptar que sea
monopolizada por opciones totalitarias. Una de las causas por las cuales el
castrismo ha logrado denigrar tanto a la oposición y el exilio cubanos es
porque ha proyectado la imagen de que Castro corporiza la utopía de un
mundo mejor, y sus adversarios sólo afanes pragmáticos y egoístas, al
servicio de grandes intereses económicos.
Mis exigencias frente a Castro no difieren en nada de las que planteaba frente a
Pinochet: pleno respeto a los derechos humanos, derecho a la libertad de
expresión y de organización, retorno sin condiciones del exilio, derecho a la
nacionalidad de todos los hijos de chilenos que nacieron fuera del país por
razones políticas, un calendario breve e inmediato de elecciones libres, una
constitución democrática, observadores internacionales en las elecciones,
disolución de la policía política, investigación de los abusos cometidos
bajo la dictadura, en fin, soy de una consecuencia total en esto.
Lo que pedí para mi patria, la pido para Cuba. Mi posición es la de la
decencia política. Chile disfrutó de gran solidaridad mundial para recuperar
su democracia, en la cual también participé, y yo quiero lo mismo para
Cuba, que los cubanos decidan en elecciones libres y secretas. Rechazo el
doble stándar, altamente racista, por lo demás, de que elecciones libres se
las merecen los habitantes del Cono Sur, pero no los caribeños. Ignoro
cómo votarían los cubanos, pero, después de haber vivido allá, una
cosa sí sé: es altamente improbable que después de 45 años de
castrismo, la mayoría del pueblo cubano quiera más años bajo Castro. Si
esa fuese la convicción de Castro, celebraría mañana elecciones.     

BCM.- ¿Algo sobre la literatura chilena actual? ¿A quién nunca has leido
ni leerás?

RA.- Soy uno de los escritores chilenos no sistémicos, no co-optados por el
poder político-cultural del gobierno. Como sabes, Chile es el país
latinoamericano democrático donde el estado otorga más recursos a la
cultura, son en verdad, varios millones de dólares. Chile muestra también
un número interesante de escritores, poetas o intelectuales que están o han
pasado por el servicio exterior desde el retorno a la democracia. Esto, que es
positivo a primera vista, genera sin embargo una peligrosa dependencia del
intelectual con respecto a los cargos, premios, becas, y subvenciones que
ofrece el estado, y permite un lamentable tráfico de influencias, que criticamos
los intelectuales independientes. Lo curioso es que los escritores más crí
ticos al modelo neoliberal chileno son los que más a menudo aparecen
beneficiados con los puestos, los premios, las becas y las subvenciones del â
€œdespreciableâ€� estado neoliberal chileno.
Hay casos de familias enteras con premios, otros de premios repetidos a la
misma persona, otros concedidos por jurados que son estrechos amigos del
premiado, en fin, creo que la loable acción del gobierno de Chile por destinar
recursos a la cultura se ve menoscabada en este sentido por mafias que
controlan el otorgamiento de los recursos. Por esto yo decidí hace siete
años no participar en ningún concurso chileno de tipo estatal, no me ofrecen
confianza ni garantías, son ya una forma desvirtuada de distribuir recursos
fiscales. En ese sentido soy un escritor no-sistémico, no co-optado por el
poder estatal, un escritor verdaderamente independiente. Yo vivo de mi
actividad académica y de mis libros, de la respuesta de los lectores. Son los
lectores, lo que algunos despectivamente llaman “el mercado�, los que
permiten la libertad y no vivir calculando si al decir o no decir algo puede
disgustarle a quienes deciden sobre cargos diplomáticos, premios, becas o
subvenciones a que se está postulando.

BCM- ¿Qué es eso de esa nueva novela, que verá la luz pronto:
¿complot para asesinar a Fidel Castro y desde Miami?  Â¿Estará el famoso
Cayetano metido en esto?

RA.- La tragedia de Cuba y la buena suerte de Fidel Castro es que cuando se
habla de Cuba, en rigor nunca se habla de ella, sino de la utopía de
movimientos políticos extranjeros que hacen vista gorda en materia de
derechos humanos en la isla, y de la estrategia de poderosos grupos
estadounidenses que abordan el tema del castrismo como pretexto sólo para
captar votos. Dentro de esa lógica, asfixiante para los intereses de los
cubanos que quieren libertad y democracia, se mueve Halcones de la noche.
En esta novela la CIA descubre que un pequeño grupo de exiliados cubanos
tiene un plan para asesinar a Fidel Castro, pero la Casa Blanca decide abortar
en secreto ese plan por cuanto, paradójicamente, después de lo de Irak, a
EEUU no le conviene la desaparición de Castro. No le conviene pues teme
que en la isla se forme un vacío de poder, un levantamiento popular y con
ello una situación de anarquía que cause una emigración masiva, que
termine afectando la estabilidad de la Florida y la permanencia del inquilino de
turno en la Casa Blanca. Es un escenario absolutamente verosímil y creo que
los cubanos, más que nunca antes, han sido abandonados a su suerte con su
sueño y su derecho a vivir en un país donde impere el libre juego
democrático. Halcones de la noche  es una novela que lanza una mirada al
régimen castrista, a Washington, y también al exilio. Su final, sorprendente
y terrible, me costó mucho plasmarlo desde el punto de vista ético. Creo
que va a causar controversia precisamente porque desemboca en una opción
ética de consecuencia política.






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