LOS PECES A LA LUZ DEL ATARDECER

 

 

                              a José Mario, in memoriam

 

 

 

Mira, mira bien al filo de la espuma: saltan,

 

parecen pedazos de cristal, piedras pulimentadas

 

 

el suave sol las ilumina, pero hay

 

una rara medida en esos giros,

 

una coordinación en esas contorsiones

 

 

te haces ideas, las piedras no podrían

 

brillar tanto, no pueden dar esas

 

contracciones de luz por sí solas

 

 

no, claro, ahora que estás mas cerca

 

ves con precisión que son decenas

 

de diminutos pececillos que brincaban

 

 

el oleaje los ha traído en ramalazos y los deja,

 

los abandona con su vaivén inocente, uno aquí, otro allá,

 

y el sol poniente los enciende

 

 

ellos entonces dan

 

un último corrientazo de vigor

 

sobre la arena humedecida

 

 

sobre la poca agua insuficiente,

 

quisieran volver pero no pueden

 

 

tomaste los primeros por la cola,

 

se resbalaban de tu oferta, no querían cambiar

 

el orden de sus cosas

 

 

luego los retuviste dentro de toda la mano,

 

cerrándola con temor, ansioso de no dañarlos

 

y sentiste su estertor, su espasmo golpeó tus palmas

 

 

tu contacto los atemorizaba más aún

 

que el natural ahogo

 

 

ese torpe pedazo de carne, minúsculas aletas y ojitos,

 

plateado abdomen, se arqueaba

 

entre tu búsqueda de tiempo

 

y la despedida que ellos no tenían que evitar

 

ni que explicarse

 

 

del cuerpo casi ahogado en el fondo de tu mano

 

salía una fuerza cósmica, inicio y final

 

de tu propia tentativa de bondad,

 

lo comprendiste

 

 

los fuiste devolviendo al agua uno a uno

 

y a veces la resaca brutal los volvía a traer

 

en círculos, en estallidos de furia

 

 

no te impacientaste, los tomaste de nuevo

 

y te adentraste en el mar con el puño cerrado,

 

sintiendo su pavor que ya era débil,

 

y los volviste a lanzar uno a uno a su voraz felicidad

 

 

uno a uno, fuiste alzándolos de la tierra que esperaba,

 

que ya se los tragaba o los cubría,

 

y los fuiste elevando en el aire y salvándolos,

 

por el momento de ese día

 

 

para ti más que para ellos

 

 

luego seguiste tu camino, sonriendo

 

pero sin sentido

 

 

                         

                             Reinaldo García Ramos

                                   Miami Beach, octubre 30 de 2002

 

 

 

 

 

 

 

Reinaldo García Ramos, poeta cubano, integrante del grupo El Puente y uno de los directores de la revista Mariel. Publicó recientemente En la llanura.

 

 

 

 

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