VICTOR HUGO ANTE SU ESPEJO
A Laure de Gramont
Llevo siglos mirándome al espejo.
Busco en lo visible
y lo invisible por qué
todo lo vivo acaba muriendo;
qué es lo justo y lo injusto.
No soy más que un hombre condenado a muerte.
En la mesa de Madame Terrace
le he preguntado a los espÃritus
sin que estos me sepan responder.
Escribà panfletos y libelos
que hoy no dicen nada.
Soy Jean Valjean, Cossete, Pauline Roland
y cada uno de mis personajes.
La muerte se hizo carne en mi hija Leopoldina,
la locura en la otra, Adele.
Mi mujer me traicionó con mi mejor amigo,
Saint Beauve, pero, ¿existe alguien
totalmente seguro en el amor?
Mi suerte, a pesar de serle infiel, fue hallar a Juliette Drouet.
Aunque anticlerical, soy mÃstico
pero también blasfemo.
Estuve contra la pena de muerte
pero aprobé que dispararan
contra los obreros
en las revueltas de 1848.
Admiré a Napoleón el grande,
--detesté a Napoleón el pequeño--
y me declaré republicano.
Conocà la fama; el exilio;
el regreso triunfal y el entierro pomposo.
Tuve sillón en el Senado y la Academia
pero ello no es bastante
cuando me quedo a solas,
en mi cuarto de la Place de Vosgues,
mirando cómo se abre el abismo de la noche.
Llevo siglos mirándome al espejo.
Y todavÃa no sé quién soy.
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Alberto Lauro (HolguÃn, Cuba, 1959). Poeta. Escritor.
Ha recibido varios premios literarios en Cuba y publicado cuatro libros de poemas,
entre los que se encuentran Parábola y otros poemas (Barcelona, 1987),
y Cuaderno de Antinoo (Madrid, 1994).
Reside en España desde 1993 donde es columnista del Diario La Razón, de Madrid.

