Odette Alonso Yodú




LEJOS DE CUBA

   
A Dagmar Muñiz y Doan Manfugás


No son largos sus dedos
al menos no tan largos
como la suerte que dibuja un océano
entre ella y las calles del Vedado
entre ella y el diente de perro en 16
entre ella y la palabra entonces.
El dedo una caricia
la mano que se alza sobre el negro y el blanco
sobre el hedor sin fondo del Almendares seco
sobre las tardes aquellas en los techos de Cubanacán.
Como la rosa como el perfume
así era ella
son y guajira en el aire extranjero
contradanza y montuno en la melancolía
de un amor que se hizo ajeno en 12 y 23
y de otro amor resucitado en la calle Concordia.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo
el ceño se contrae
nota a nota se desgrana el clarinete.
El pie redobla el ritmo
e inaugura otra espera
otro pozo en la fuga y en el pecho.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo.




ERRANCIAS

       
A Teresa Melo


obre estos mares extendieron nuestras redes
eran la oscura puerta y el oscuro pasillo
para avanzar a tientas     santo y seña
para retroceder     buche de sangre
para bailar la noche que ríe como niña.
Noches     aquellas de la isla
en que el viento colaba su dolor por las hendijas
y el hedor en oleadas nos llegaba del mar.
Fue también el amor invento de esos años
dibujo que supimos pudriéndose en la taza.
Vacío está el buzón de los silencios
tampoco pude ser el buen amigo
ni el hombro de llorar las maldiciones.
Por encima del túnel se empinan las agujas
se pudren los poemas si los echo a esas aguas.
Intento una señal desde las nubes viejas
que acorte la pared definitiva.
Brilla revuelto el sol     atraviesa la isla
deja un olor a café recién colado.




TIERRA ADENTRO

      
A mi padre


Lejos del puerto
las calles son opacas.
Ya no atracan los barcos
ni se oyen las sirenas
que eran un trino amable
como cuento de hadas.
Faltan en esta esquina las flores
que marchitas
traían ese aire de eternidad palpable.
Telón de fondo el mar
las lenguas que acarician los pies del caminante
esos pies que llevaron un día nuestras huellas
con el terco egoísmo de la felicidad.
Otra palabra designa las cosas que conozco
cuando el viento se enfría al final de la tarde.
Allá     bajo otra tierra     junto al mar
quedó el adusto gesto     la caricia
la risa del hermano podrida en el jardín.
Arrastrando los pies sobre esta tierra ajena
me he aferrado al suspiro que levanta en mi pecho
un fuerte amurallado para apresar nostalgias
como una leve llama donde avivar la fe.




LA PATRIA


Se fue quedando sola
rodeada de fantasmas
que subían del mar con las venas abiertas
y chupaban la savia con famélico paso.
Se apagaron los cantos
la fiebre del verano desataba la lluvia
y el agua diluía el torvo plano
trazado a semejanza de un antiguo velero.
Como lenguas de fuego
las olas carcomieron el muro del cansancio
y no enciende el verdor a la hierba quemada.
Los fantasmas pasean
envueltos en banderas que destiñó el salitre
pendón de carnaval que el viento deshilacha.
Allí     tras las ventanas
algún ojo translúcido
un vahído de espanto.
Flota una esencia inmunda
una vergüenza como el escalofrío de una mueca en la tarde.





_________________
Odette Alonso Yodú (Santiago de Cuba, 1964).
Poeta y narradora. Licenciada en Filología. Ha publicado
los poemarios, el más reciente, Cuando la lluvia cesa (España,
2003). Reside en México





Linden Lane Magazine (c) Todos los derechos Reservados, 2004
Indice