Continuación


Entre sus abyectas afirmaciones, el que "En los 80 las cosas salieron bien". Es indudable que Pablo Armando Fernández tiene que sentirse muy satisfecho de como le salieron las cosas al régimen en esos años y muy orgulloso de haber contribuido a ello. El éxodo masivo de El Mariel marca la impronta de esa década. Basta para probar lo bien que le salieron las cosas al castrismo, los monstruosos actos de repudio ---que llegaron hasta el crimen--- contra los que querían escapar a cualquier precio del totalitarismo castrista. A mis hijas, unas niñas entonces, las turbas precursoras de "las brigadas de respuesta rápida" las maltrataron en la calle y fueron víctimas del más atroz hostigamiento. Confinadas con su madre ("la mujer del escritor") y su abuelo, un anciano enfermo e incapaz de valerse por sí mismo, en el campo de concentración de El Mosquito hasta que pudieron salir hacia los Estados Unidos, padecieron toda suerte de humillaciones y maltratos físicos y sicológicos. Nada supe de ellas por semanas, hasta que llegaron a los Estados Unidos. Tras haber sido separado de mi familia ---y mi experiencia es la de miles de cubanos--- se me obligó a realizar trabajos forzados y se me sometió a toda clase de represalias.¿Más? You name it, ya que eres capaz de expresarte "en un inglés fluido y cadencioso". Demasiado más. Otra afirmación, y el orden de los factores no altera el producto: "Yo sé mentir, pero no me interesa". Por supuesto que sabes mentir, Pablo Armando Fernández. Porque mentir es parte integral de tu mezquina y malvada naturaleza y sirve a tus ambiciones. Nadie es más grato al castrismo que un complaciente mentiroso, porque su esencia es la mentira. Lo demuestran tus elaboradas respuestas a la orden de los actuales dictados del régimen que figuran en La cultura y la revolución cubana. Conversaciones en La Habana.
Manifiestas: "Lo que ocurre con el caso Padilla es que todo ese proceso está tan sucio que ya no hay verdad. La mía no sirve..." Te doy la razón. La tuya no sirve. Y no sirve porque el caso Padilla es una monstruosa y modélica aberración de la infamia del sistema que representas y defiendes. Constituye, casi sin lugar a dudas ---y no pueden ni deben ignorarse otros innumerables casos de censura y persecución con terribles consecuencias para el creador y los suyos, casos que no tuvieron la proyección internacional del caso del desaparecido poeta--- el más representativo exponente de lo que es la violación y negación de la libertad individual y creativa, la degradación de la persona y el desprecio y la violación de los Derechos Humanos que son consubstanciales al totalitarismo de estirpe estalinista que nos desgarra en la Isla y en el exilio.
En este orden de cosas, quiero traer a tu selectiva y oportunista memoria mi experiencia personal y la condición de no persona a la que se me redujo por muchos años por mi libro de poemas Relaciones. Una situación por la que sufrió lo indecible mi familia. Así, no es que tu verdad sobre el caso Padilla y lo que se ofrezca no sirva. Es que eres un contumaz mentiroso.
Otra afirmación: "Yo no tengo escrita una línea de la que pueda avergonzarme". Cuidado, Pablo Armando Fernández. Estás pisando arena movediza. Esa enfática afirmación ---que te hace acreedor de una mención enel Libro Guinness de los Records--- puede traerte funestas consecuencias con el régimen que, sin cesar, cambia y contradice su discurso en función de sus intereses y fines. Unos cambios del que tus líneas son espejo y eco. Basta para  demostrarlo tomar el texto de esta entrevista y enfrentarlo a lo que has escrito y dicho a lo largo de los años. También a lo que has callado. Que hay igualmente vergüenza en el silencio.
Una pregunta. ¿Es que en eso de que no tienes que avergonzarte de nada te consideras, desde tu superficialidad y tu vanidad, por encima del mismo Fidel Castro, que hoy dice una cosa y mañana otra? No olvides que tu patético protagonismo es bien precario. Ten muy en cuenta que lo disfrutas porque te las has ingeniado para ir con el viento del poder. Eso sí, siempre haciendo bajezas. Muchos de una relevancia y poder infinitamente superiores al tuyo en la jerarquía castrista, han sido tragados por el sistema por un cambio de viento. Por otra parte, no ignores que Castro desprecia visceralmente a la cultura, la creación y a los creadores e intelectuales. Los tolera sólo como un repugnante mal necesario y desechable.

Otra expresión de tu final complicidad con el régimen: "El aspecto de la autocensura es difícil de comentar, porque no sé lo que hacen otros escritores. La censura ya no existe..." Debo hacerte otra pregunta: ¿Podrías escribir y publicar en Cuba esto que escribo? No. En Cuba sí existe la autocensura. Es una trágica forma de supervivencia que es consecuencia directa de la implacable censura castrista. Para ser lo que eres y disfrutar de los privilegios que tienes a costa del sufrimiento de un  pueblo, tú eres el primero que se autocensura. Pero a lo largo de estos 43  años de censura, no son pocos los creadores que se han negado a doblegarse a los dictados del sistema y han pagado las consecuencias de su rebeldía y su amor por la libertad. Ya el miedo a la represión se va perdiendo. En este orden de cosas que concierne a la libertad plena y a la dignidad, desde la toma del poder por Fidel Castro se cuentan por miles los cubanos que, por su defensa y conquista, han muerto luchando, en las prisiones, en el hostigamiento, en el silencio, en el mar y en el exilio. Sus vidas, sus muertes sus agonías reafirman la voluntad democrática y antitotalitaria de nuestro pueblo. Prosigue sin tregua esa batalla. "La censura ya no existe..." ¿Entonces por qué hay presos políticos en Cuba?  Sigo con mis insuficientes apostillas a tu despreciable libreto: "En Cuba hoy se publica muy buena literatura, y no es nada oficialista". En la Isla siempre se ha hecho muy buena literatura. Pero en Cuba sólo se publica lo que autoriza el régimen. Esto, de suyo, otorga un carácter oficialista ala literatura publicada, aunque no sea esa la intención del autor. ¡Es preciso recordar lo que sucedió cuando apareció ---y desapareció en horas---esa obra maestra que es Paradiso, del Maestro José Lezama Lima! Y ese es tan sólo un caso que ejemplifica lo que es la censura totalitaria. El que ahora aparezcan obras que hace unos años no pasarían de la mesa de los implacables censores ---que siguen ahí--- se debe a la engañosa y controlada  política actual de apertura del castrismo para mejorar su deteriorada imagen internacional. Pensar lo contrario es engañarse. En la Cuba del castrismo, si se ha publicado "buena literatura" ha sido por excepcional error de los censores. Un error que se ha rectificado con prontitud y represalias. ¿Qué pasó con Reinaldo Arenas? En este punto es imprescindible señalar "la fuga de cerebros" de la literatura, el arte y el pensamiento cubanos. ¿Cuál es la razón de que tantos de creadores ---muchos de ellos formados y promocionados al máximo por el régimen---  hayan optado por ir al exilio y, en determinados casos, expatriarse? La censura.
Los entrevistadores te hacen la siguiente pregunta: "Hace unos meses en el diario El Nuevo Herald de Miami, Julio Quiveiro mencionó que siguen tan vigentes como en 1961 las ideas de Fidel: 'Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución nada'. Además, termina su artículo: 'Si quieres hacer literatura, vete de la revolución'. ¿Qué opinas de ese juicio?"
Tu respuesta: "Que es una mierda". Y con la misma la emprendes contra Heberto Padilla (que aún vivía cuando se hizo la entrevista), Antonio Benítez Rojo, este Armando Alvarez Bravo y Pepe Triana. Con toda la mala leche del mundo y voluntad de descrédito de esos creadores, preguntas dónde está la obra de Padilla ---"que nunca ha vuelto a escribir como lo hizo en Cuba"---, la de  Benítez Rojo, la mía y la de Pepe Triana. También preguntas por qué Edmundo Desnoes no escribió una novela más. Todas esas interrogantes las resumes preguntando qué estamos haciendo. Con la misma, dices que Guillermo Cabrera Infante sigue repitiendo la misma historia. Y rematas la infamia manifestando que en lo que se refiere a Zoé Valdés y Daína Chaviano,"eso no es literatura. Eso es escribir para ganar dinero".



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