Thursday, Jul 15, 2004 - El Nuevo Herald (Perspectiva) / (The Miami Herald)

Martha Padilla: la otra memoria


BELKIS CUZA MALE


Es temprano en la mañana texana, y mientras me doy prisa y alimento a mis gatos y ordeno y limpio,
la memoria da un vuelco atrás –en octubre harán 26 años, para ser exacta-- y estoy sentada en
aquel autobús de la Greyhound que nos lleva a la ciudad de Nueva York. A mi lado, haciendo
esfuerzos inútiles por lograr alguna comodidad en ese viaje de 31 horas, va la poeta Martha Padilla.
Somos dos viajeras llenas de asombro y hasta de miedo a lo desconocido. Para mí, es mi primer
viaje fuera de Miami, adonde recién había llegado de Cuba, con permiso temporal. Para ella,
quizás, no lo sé, el único a la ciudad de los rascacielos. Hay airecito de otoño y al alejarnos de
la estación miamense, los adioses turbados de mis padres; de Ernesto, mi hijo, entonces con seis
años; de Marthica y Alex, dos de los hijos de Martha, aumentan el desconcierto.
A medida que el autobús se acerca a Georgia percibimos el cambio de clima. Hace frío y nos
refugiamos en mantas y abrigos como si estuviésemos en el Polo. Más tarde, ya en la Elizabeth de
cubanos y paisaje diferente, usaré el abrigo blanco de mi amiga Nancy Pérez Crespo. Martha, en
cambio, lleva uno que no sé de dónde ha sacado, pues por todo equipaje la acompaña una
pequeña maleta floreada. Alguien nos tomó allí esa foto, que aún conservo, frente a la casa de
mis amigas, las Arjona, exilio también acogedor.
El viaje parece no tener fin: hemos comido en los restaurantes que sólo sirven menú ''americano'',
hemos probado aquel café aguado que todavía yo no sabía apreciar en todo lo que vale a la
hora de los grandes fríos, sobre todo para calentar las manos. Martha no se queja, pero yo sé
que debe tener un fuerte dolor de
espalda. De niña, tras sufrir el tifus, permaneció varios meses en cama, y luego tuvo que usar por
años un corset para mantener la columna vertebral en su sitio. Aunque no con la intensidad de males
que afectaron a Frida Khalo, Martha me la recordaba con ese sufrimiento que, como la extraordinaria
Frida, volcaba en expresiones artísticas.
Yo había sido citada en Nueva York para entrevistarme con Jesús Arboleya, un alto funcionario
de la misión de Cuba ante las Naciones Unidas y por entonces un ''popular'' personaje que se
dedicaba a reclutar a intelectuales y profesores cubanos exiliados para que publicaran en la revista
Areíto o se incorporaran a la Brigada Antonio Maceo. Cuando llegamos al sitio, el edificio de la
misión estaba custodiado por policías neoyorquinos, cerrado al público, y todavía podían
verse en su fachada los estragos de una bomba que la organización clandestina Omega 7 había
hecho estallar el día anterior. Razón por la que Jesús Arboleya nos invitó a almorzar en un
restaurante italiano en la misma calle Lexington, frente al edificio de la misión. Sentados allí, y
escuchándole su persuasiva y ''amable'' proposición de que retornase a Cuba, para --decía
él-- volver con Heberto Padilla, a quien no le habían permitido viajar, fue la primera vez que tuve
la oportunidad de expresarme en libertad. "No, a Cuba no regreso, de eso puede estar seguro, y por
favor, hágaselo saber así a las autoridades''.Aquellos pocos días de gestiones en Nueva York,
intentando abrir una brecha que permitiese la libertad de Heberto Padilla, entonces virtual prisionero
en nuestro apartamento de La Habana, los recuerdo con especial gratitud hacia Martha. No sólo fue
un duro sacrificio físico para ella, sino una forma diferente de enfrentar la vida a la que ella no estaba
acostumbrada. Vivía en Miami desde principios de los cincuenta y nunca había vuelto a Cuba;
sentía y pensaba como exiliada, bien en el periodismo que hacía o en sus libros, por tanto, viajar a
Nueva York a enfrentar a un funcionario castrista fue algo que --visto ahora retrospectivamente-- no
sólo era inusitado, sino que corría el riesgo de ser un fracaso y mal interpretado por algunos. Pero
Martha no vaciló en acompañarme y en ser testigo y parte de aquel diálogo sordo con el
funcionario cubano.
Como no cesó en secundar luego mis múltiples acciones para lograr la liberación de Heberto, su
hermano.Ahora, tras larga enfermedad que resistió estoicamente, agarrada de la mano de Dios,
Martha yacía de cuerpo presente esperando sepultura. Vivió en silencio, con una privacidad que
no todos entendíamos, porque su talento exigía mayor participación, mayor voz, no ''adiós que
nada deja'', como clamó. Pero ella prefería la luz tamizada de su hogar, el silencio, los libros, los
recuerdos.
Había escrito y publicado cinco libros de poemas, y hasta que la muerte tocó varias veces a la
casa familiar, excelentes artículos sobre literatura. La desaparición física de sus hermanos
Heberto y Gilbert (con dos meses de diferencia) y al poco tiempo la de su hijo Alex, en plena
juventud, fueron golpes tan duros que a partir de entonces hizo vida de clausura. Y de esos instantes
salen sus últimos poemas, los del cuaderno Remedio santo y también esos inéditos que
publiqué en el reciente número de Linden Lane Magazine, un homenaje a la gran poeta que era
Martha Padilla, y que yo sabía moribunda. Hubo que arrancarle esos textos inéditos, pero gracias
a Marthica, su hija, salieron de su computadora. Hoy repito con dolor su ''Ave rara'', como se definí
a a sí misma: Si muero, si me muero, si me mueren / ¿quién lo confirmará? / Si muero sin
licencia, sin turno / sin permiso de entrada, sin salida / o si muero a la fuerza, sin quererlo /, sin
miramientos o extremismos. Sola / y se abre un expediente desviado / que de pronto confirma que soy
otra / ¿qué hago ? ¿Qué me dejarán hacer desde / la muerte? / ¿qué hago después
de todo? ¿qué hago / con tanta exactitud como la nada? / Concluye el tiempo que ocupa la vida /
gran vals, verdadera danza.
''Aquella intensa luz de la metáfora'', como diría en otro poema reciente, ''Caso cerrado'', me hace
pensar que el ''gran vals'', que era la vida para ella, llegó a su punto final porque comenzaron a cantar
los ángeles.
Descansa en paz, ''hija de Dolores'', que te vaya bien en tu "comitiva al crepúsculo''.