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Es cierto que el Orestes joven, fuerte, airoso e idealista que recordaba Lucinda se había
transformado en un hombre de hombros encorvados, decaído, apático, pero que ya no era el
convencido revolucionario al que Lucinda hubiera tenido que tratar de convencer. Cristina
también se habìa transformado. Ellos no solamente eran los vencidos sino los convencidos.
Por ello, la comunicaciòn entre los de allá y los de acá se establece enseguida ya que los que
simpatizaron con el régimen en algún momento se arrepentián admitiendo su responsabilidad y
los que regresaban sin odios ni rencores llegaban con los brazos abiertos dispuestos a perdonar

La novela termina con una imagen iluminadora, en la pag. 167: "...la lluvia había cesado y el sol
caía de plano sobre la calle, secando los pequeños charcos". Y Lucinda comenta: "El sol ha
vuelto a salir para iluminar La Habana" a lo que Orestes replica:

"¿Ha vuelto también para nosotros?.

Estos símbolos sin duda sugieren la posibilidad de una solución armoniosa al conflicto cubano y
el renacimiento de la esperanza.



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Magaly Fernández, profesora cubana, fue una de las presentadoras de este libro
en la Librería Universal de Miami, a raíz de su reciente publicación.
Foto: Malecón de La Habana, por K. Yelin (c) 1995
"El sol ha vuelto a salir para iluminar La Habana"