Onilda A Jiménez: Vuelta al génesis.
Miami: Ediciones Universal, 2002.

     
                 Por Magaly Fernández



El título mismo de esta obra ya nos anuncia que la narración será una especie de "vuelta a los
orìgenes", un retorno al país de la infancia. Intentaré, por lo tanto, acompañar a la autora en
ese viaje nostálgico. Mas, antes de hacerlo, voy a señalar algunos elementos cruciales de esta
novela.

El libro consta de dos partes y ambas comienzan con una cita de La Divina Comedia. Al comenzar el
relato, la autora nos presenta los recuerdos de una mujer que se acerca en avión a La Habana,
después de haber vivido en los Estados Unidos por casi medio siglo.

El sentirse como "atrapada" en la nave aérea la lleva a pensar en el lejano día en que saliera de
Cuba y, sobre todo, en el cubículo de vidrio llamado la "pecera" donde comenzaba el proceso de
registro para los que se marchaban de la isla. Es interesante señalar que la palabra "pecera", por
asociación con el simbolismo del agua estancada remite a un contenido negativo. Ahora bien, si nos
detenemos a observar màs detenidamente el contexto, tomamos conciencia de que tambièn es
posible concebirlo dinámicamente en cuanto proceso que conduce a la libertad. Así, el pueblo
cubano, al "bautizar" de ese modo al cubículo revelaba la naturaleza dicotómica de sus
sentimientos: temor y esperanza a la vez ante el futuro desconocido que les esperaba.

Me parece necesario aclarar que si hubiera tenido que hacer un diagrama temporal de este novela,
hubiera dibujado un cìrculo para la primera parte y una lìnea recta para la segunda. Flash-back
que nos lleva hasta su temprana juventud y que se extiende hasta el momento en que madre e hija
llegan a su destino: la ciudad de Nueva York. A partir de este momento la autora nos ofrece
también los recuerdos de Tatiana, la hija que acompañò a Lucinda al exilio. Ambos puntos de
vista se alternan, complementándose.

Durante el monólogo interior de Lucinda, las referncias a los diferentes gobiernos de la Cuba liberal
ofrecen un fondo histórico y ayudan a establecer una cronología, por ejemplo, tanto la protagonista
como su esposo Orestes, eran adolescentes durante el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín y
estudiantes universitarios cuando el general Batista dio el "golpe" el diez de marzo de 1952.

Lucinda y Orestes se casaron durante la dictadura de Batista, juntos se incorporaron al Movimiento
26 de Julio y juntos celebraron la victoria de los rebeldes, asì como la llegada a la Habana de Fidel
Castro. Poco despuès, sin embargo, comenzaron a discrepar en cuanto a los cambios que se
sucedìan, llegando Lucinda al convencimiento de que debìa dejar Cuba y sacar a sus hijas de
allì. Orestes sòlo le permitió llevarse a una: Tatiana.

La profesora Jiménez hace hincapié al señalar que durante los años que vivió en New
York, la protagonista había tratado de visitar Cuba y de establecer contacto con sus familiares sin
tener éxito. Finalmente, después de muchos años, vuelve Lucinda a solicitar un permiso que al
fin le conceden. Hasta ese momento, los años que viven los personajes de la novela fuera de la tierra
donde nacieron parecen corresponder a la experiencia de la autora. Y el pasado de éstos, narrados
al principio, también se identifica con el de la misma.

La primera parte termina como empezó, con Lucinda acercándose en avión a la isla que
abandonara años atrás. Por eso hemos escogido el círculo para representarla. Ahora bien, es
importante señalar que un acontecimiento mencionado en la página 106 (todavía dentro de la
primera parte) va a modificar la naturaleza del tiempo en la segunda parte. Allì se revela que los
protagonistas, precisamente en los momentos en que se preparaban para viajar a la isla, reciben una
inesperada noticia: el fallecimiento de Fidel Castro. La muerte natural del dictador pudiera o no formar
parte del futuro de todos nosotros y, sin duda, representa los sueños de muchos.

En la página 111 comienza la segunda parte que, en la estructura de la obra debe ser configurada por
una línea recta debido a que desaparecen los saltos en el tiempo. Este se convierte en una
ucronía, o sea, una reconstrucción lógica aplicada a la historia dando por supuesto
acontecimientos no sucedidos, pero que hubieran podido suceder.

A partir de las páginas 112-113, la voz narradora comienza a describirnos los festejos con los cuales
los exilados cubanos celebran lo acontecido. Y el estilo que hasta ese momento había sido claro,
directo, verosímil, de repente se transforma, se desborda y la autora nos sorprende con una imagen
hiperbólica y humorística: "Los cubanos de Nueva York, marcharon a Nueva Jersey y con éstos
que eran bastante numerosos formaron espontáneamente una conga encabezada por Celia Cruz y
Paquito D' Rivera que fue arrollando por la avenida que atravesaba diversas ciudades del Estado
Jardín ( ...) "Llegó a Miami con buen ritmo y allí se reunió a la que encabezada por Willie
Chirino, Gloria Estefan y Andy García se mantenía bailando".

La segunda parte da inicio a lo que voy a calificar como un reencuentro con el "paraíso perdido".
Recordemos que Hesiodo en Los trabajos y los días nos enseñó que en los comienzos de la
humanidad hubo una Edad de Oro en la cual los hombres vivían en armonìa con los dioses y al
abrigo de penas y miserias.

A continuación y respetando la verosimilitud que predominó durante casi el relato, la autora nos
presenta una serie de hechos posibles: la elección de un presidente, la deposición de Raúl Castro
y luego su paulatina desaparición de la vida pública, así como el retorno a la constitución de
1940.

Debido a que la voz omniciente hace hincapié en las muchas dificultades que el proceso de
democratización implica, es en el mundo de los personaje donde se nos revela la inquebrantable fe en
los seres humanos que la autora parece sentir.  
(Continúa...>>>)