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Luna Rota tiene puntos de confluencia con esta corriente al plantear la arrolladora fuerza sexual de
algunos de sus personajes con expedito regodeo. Afortunadamente, se aparta en el delineamiento
argumental. Me explico. La trama (más bien el conjunto de subtramas) no están organizadas
para proporcionarnos una sucesión de encuentros eróticos, como ocurre con el mencionado
género casi pornográfico. Dou tiene una gran historia que contar, con pasajes de arrasador
lirismo y una exhaustiva exploración del alma humana. Su erotismo (y éste es mi único
reproche a la obra) suele ser con frecuencia ornamental. Asombra, incluso excita, pero no
determina. En literatura, el orgasmo es todavÃa más efÃmero que en la vida real.
Nacido en Caracas, el 29 de noviembre de 1955, Dou fue llevado a La Habana por su padre
cubano, cuando tenÃa 11 años. Su pasaporte literario es difÃcil de situar entre sus dos
patrias. Formado en la más feroz bohemia habanera de los años 60 y 70, su voz difiere de los
escritores venezolanos de su generación, expuestos a un mundo intelectual de menor intensidad
vivencial (al fin y al cabo, una revolución deja sus huellas) y a influencias menos heterodoxas. Por
sus libros de poemas, Palabras encantadas (1993) y Frente al espejo (1994), Dou se integra al
panorama de la moderna poesÃa cubana.
En Luna Rota las referencias no son tan precisas. La trama está afincada en Venezuela, donde
Dou regresó a vivir una década, hasta 1990. Y no se trata de una mera ambientación. Los
personajes operan en un contexto social delimitado con un argot, unos giros y una capacidad de
inmersión en la naturaleza, que no dejan lugar a dudas acerca de la profunda filiación venezolana
del autor. Pero me atrevo a decir, en aras de una precaria clasificación, que la perspectiva del
autor se nutre de una mirada ecléctica, que recoge experiencias literarias ajenas al habitual
quehacer latinoamericano. He aquà una novela de significativos y felices contrastes, inscrita en
ese realismo mágico que parte de la misma raÃz de la cultura occidental con Homero y los
bardos panhelénicos. Los antecedentes modernos de Dou no son Gabriel GarcÃa Márquez
ni Alejo Carpentier, para citar figuras locales, sino Miguel de Cervantes, Shakespeare y Rabelais.
Un realismo mágico que carece de una opinión de sÃ: el espejo fue quien hizo a Narciso. Los
personajes de este escritor no echan a volar cuando se traba el argumento ni orinan pececitos de
colores para desvelar a los adolescentes. En este universo estético, que le debe mucho al oficio
del poeta, los tópicos son llamados al orden. La selva, la locura endémica, la irresponsabilidad
de las criaturas nobles, en fin, los virulentos componentes de nuestra realidad, ocupan sus
respectivas dimensiones, a veces hasta de manera discreta. Un novelista que consiga domeñar
materiales tan volátiles merece la lectura de los extraños y, por supuesto, el abrazo de los
amigos. Buena literatura, para leer de un tirón. El coro trágico de Luna Rota eleva una
desgarrada letanÃa para recordar una de las fundamentales nociones del arte: que la verdad
está en el dolor.
Andrés Reynaldo, poeta y periodista cubano. Ha publicado dos libros de poemas.
