CUBA : LABORATORIO ANACRÓNICO

La isla del doctor Castro. La transición secuestrada.
DENIS ROUSSEAU Y CORINNE CUMERLATO
Traducción de Catalina Ginard.
Planeta, Barcelona, 2001. 317 páginas.

    
  Cuba, por momentos, parece una isla de ciencia-ficción, un laboratorio como los descritos en libros como La isla del doctor
Moreau de H. G. Wells o La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares. Sobre ella reina un personaje que no es de ficción
pero que podría serlo : un dictador parecido al de las novelas de Alejo Carpentier, de Gabriel García Márquez, de
Augusto Roa Bastos o al Tirano Banderas, de Valle-Inclán, y sin embargo diferente, una especie de monarca sui generis,
querido u odiado por su pueblo, admirado o repudiado por los observadores extranjeros. Una personificación del Bien para
sus partidarios, del Mal, del Diablo, para sus disidentes o exiliados. Los cubanos, sobre todo los de adentro pero también
algunos del exilio, hablan un lenguaje que no es el español corriente sino un híbrido constante entre la mentira y la verdad,
lo que comúnmente se llama la « doble moral ». El poeta y periodista independiente Raúl Rivero define así ese
concepto : « Los cubanos somos hiperbólicos : / a los hombres que no tienen moral / los acusamos de tenerla doble. »
Denis Rousseau y Corinne Cumerlato, periodistas franceses, uno de la Agencia France Presse, otra de L’Express, tuvieron
el privilegio de poder observar la vida de los cubanos durante varios años. A lo largo de su estancia (de 1996 a 1999),
intentaron separar la mentira, la propaganda abierta o interiorizada, de lo que ellos consideraban como la verdad, la que sus
amigos cubanos no podían expresar. Al final resultaron ser para las autoridades « personae non gratae », « agentes del
imperialismo ».
   Su libro es un testimonio sobre la vida real, lejos de cualquier teorización, pero escrito con una gran sensibilidad y con un
lenguaje que levanta las dudas que, al principio, tuvieron. Lo más llamativo es el tono, mezcla rara de ironía y de
indignación, que cuenta a su manera lo que otros no quieren ver. Ambos se han fundido en la población cubana, indagando
en sus esperanzas y frustraciones, en su cotidianeidad, con todas las dificultades correspondientes y lo absurdo de la
situación. Porque, en este caso, había que lograr descodificar el lenguaje, semejante al de un Beckett o de un Ionesco, y
también al de un Orwell, para intentar entender algo de las palabras ordinarias. La tarea no fue fácil, había que descifrar a
la vez el discurso oficial y el de la gente, a menudo parecido, por miedo. Había que vencer el terror de los interlocutores al
hablar, al contar sus propias verdades. La realidad se refleja en los chistes, deporte nacional característico de la resistencia al
castrismo, como lo fue en los antiguos países del Este o en la España franquista.
   Denis Rousseau y Corinne Cumerlato han logrado a la vez un rigor en el análisis y un cuadro profundamente humano, por
medio de una sensibilidad exacerbada,. El resultado es un documento de un tono inaudito, sin pelos en la lengua, sin
justificaciones de ningún tipo.  Se les podría reprochar, sin embargo, el no haberse apoyado lo suficiente en algunos datos
históricos, particularmente en la génesis del proceso revolucionario, los primeros años llamados « románticos ». En
ese período se encuentran, en efecto, las causas de la permanencia de cierta simpatía de numerosos observadores de la
revolución, que se ciegan voluntariamente ante una realidad indefendible, que no quisieron (o no quieren) ver que, al lado de la
« fiesta cubana », las mazmorras están repletas y los pelotones de fusilamiento nunca han dejado de funcionar. El libro
establece una lista no exhaustiva de intelectuales y otras personalidades, sobre todo franceses (Danielle Mitterrand constituye
el ejemplo más caricaturesco), que sirven  de « tontos útiles » a la propaganda del Comandante en Jefe. Se les podría
agregar otra lista infinita, donde figurarían en primer lugar los Premios Nobel de literatura Gabriel García Márquez y
José Saramago, acompañados por otros escritores, Manuel Vázquez Montalbán o Manuel Vicent por ejemplo, quienes
ocuparían también un lugar relevante.
   Los autores no han querido caer en la « trampa » de las interpretaciones históricas oficialistas, las que pretenden
explicar la falta de democracia y de libertad por el enfrentamiento mantenido con Estados Unidos a lo largo de los años. De
esa manera el castrismo intenta ocultar, según ellos, que « la verdadera guerra es la que el poder declara una y otra vez
contra el deseo de vivir del pueblo cubano ». Esa guerra invisible, larvada, es la que denuncian, tomando abiertamente partido
por los disidentes, periodistas independientes, miembros de asociaciones de derechos humanos, presos políticos o comunes,
u otros cubanos ordinarios, que soportan estoicamente las penurias y la falta de libertad de expresión por medio del humor o
con la esperanza de abandonar un día el país para partir lejos, aún arriesgando su vida.     
   A pesar de las dificultades que implicaba su trabajo periodístico, Denis Rousseau y Corinne Cumerlato han podido
investigar algunos de los secretos mejor guardados por un régimen opaco, entre ellos el de la salud de Fidel Castro, punto
determinante para el futuro de Cuba. Así, confirman los rumores que corrieron durante la primavera de 1997, tanto en los cí
rculos diplomáticos como en el exilio, sobre el estado declinante del Líder Máximo, rumores confirmados el 23 de junio de
este año en el momento de su espectacular desplome en la tribuna. Desde entonces, todos saben (sobre todo los
inversionistas extranjeros) que el régimen castrista es mortal y que, desde hace tiempo, se prepara en secreto una «
inevitable transición». Pero ¿qué « modelo » adoptará esa « transición », palabra otrora tabú en Cuba, hoy
día presente en muchas proclamas oficiales u ocultas? Desde dentro y desde fuera se prepara el relevo. Denis Rousseau y
Corinne Cumerlato, al igual que otros buenos conocedores de la realidad cubana, por ejemplo el escritor exiliado Carlos Alberto
Montaner en su Viaje al corazón de Cuba, no rehuyen el ejercicio de política-ficción que consiste en responder a la
pregunta « Después de Fidel ¿qué? » O, mejor dicho, ¿quién? Los dos periodistas elaboran una serie de «
modelos » basados en experiencias más o menos recientes de transiciones, democráticas o no, tales como la española, la
haitiana, la chilena, la tunecina, sin excluir la eventualidad de una normalización político-militar.
   Sea cual sea la solución, estamos aún lejos de las primicias de la democracia a la que aspira el pueblo cubano, por encima
de todo. La isla del doctor Castro es un libro imprescindible para todos los que intentan comprender la realidad detrás de la
fachada propagandística. Su principal cualidad reside en la traducción en términos comprensibles de la locura vivida y
teorizada durante más de cuarenta años. También es un testimonio escrito con el corazón y con la razón, que le
devuelve la palabra a los que han sido privados de ella, en nombre de una ideología que se apaga junto con las fuerzas del Lí
der que ha pretendido identificar su única figura con la de una isla reducida al
silencio.   
                                                
                                      

Jacobo Machover
(Escritor y periodista cubano residente en Francia.)



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