Dos cuentos: El sueño y Bendice esta agua
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CARMEN KARIN ALDREY
El sueño
Va en uno de esos trenes que les llamaban Fiats y no puede soportar las
ganas de vomitar. El padre se siente realmente incómodo y llama al
inspector para pedirle un vaso de agua y alguna pastilla para los mareos. La
niña no está acostumbrada a viajes largos, apenas tenÃa cuatro años
cuando la llevaron a New York a visitar a la tÃa Rosa, por eso no
recuerda si estas náuseas las habÃa experimentado antes. Cree que algo
parecido le ocurrió camino a Santiago, aunque en el autobús era más
divertido, podÃa correr, jugar con otros niños, pero no en ese tren, tan
rápido que el estómago le da vueltas como un trompo. Además, no se
puede respirar, el aire es frÃo y encerrado, semejante al de la bóveda de
los abuelos. El padre le empuja la pastilla por la boca sosteniéndole las
mandÃbulas, asà le hacÃa a las gallinas cuando tenÃan moquillo.
Luego le da de beber y al cabo de unos minutos empieza a sentirse mejor. A
la media hora ya está rendida, con la cabeza ladeada babeando el cuello
del vestido, le parece advertir en el sopor que el padre la cubre con una
colcha y le acaricia los cabellos. La subconciencia le habla, le dice que está
triste y preocupado, pero ella no puede hacer nada, sólo dejarse llevar de
aquà para allá hasta que sea adulta.
En el andén hay un señor que conspira con una sombra, está
convencida que ha pronunciado palabras prohibidas en su casa, lo sabe por
el movimiento de sus labios. Ve clarito como dice "comunistas" y después
mira alrededor para ver si alguien lo ha escuchado. La sombra se agita y
empieza a cambiar de color, tomando formas conocidas. DirÃa que es su
tÃo Vicente, pero él murió hace tiempo… ¿cómo puede estar ahÃ
?
-Se los llevan para Rusia…-asevera con su boca hueca
El señor la toma de la mano y le dice:
-Nos vamos… tenemos que escondernos…
Hay pánico en su rostro que suda a mares, lo ve secándose la frente con
un pañuelo que pertenece a su padre, pero no deja de caminar y de
apurarla, cada vez más rápido, como si alguien los estuviera persiguiendo.
-Si nos preguntan algo tú no digas nada, déjame el problema a mÃ…
Las palmas se mueven como locas y empieza a llover. El señor la carga en
sus brazos y corre hacia una casucha, alguien les abre la puerta y aparece su
madre rodeada de chiquillos. Entonces recuerda a su prima.
-¿En dónde está?-le pregunta.
-No te preocupes, está con la sombra en la Gran Ciudad…-murmura su
madre.
Cuando se asoma a la ventana hay un dÃa soleado a pesar que por la
puerta de enfrente llueve a cántaros. Lo que ve son edificios muy altos
llenos de caramelos y más atrás cientos de aviones que vuelan
incesantemente. De pronto empiezan a chocar unos con otros y los pedazos
que salen disparados por todas partes se convierten en piñatas y en
globos, en serpentinas y confeti, asà como en las fiestas del Central.
-¡Feliz Cumpleaños, Norita!-le gritan unos niños disputándose los
caramelos.
A esos nunca los habÃa visto, pero el señor le explica que son los
amiguitos de su prima, que si se quiere ir con ellos o si desea quedarse con
él. La niña busca con la mirada a su madre que ya no está, ni tampoco
los chiquillos. Le da pena dejar a ese hombre en aquella soledad tan
patética de la casucha, presiente que si salta por la ventana nunca más lo
verá. Sus ojos azules son tristes pero no suplican, simplemente la han
puesto en la disyuntiva de elegir.
-No se cómo hacerlo…-le dice contrariada pensando en su madre.
El Señor la levanta en peso y la deposita al otro lado de la ventana. Ya no
puede oÃr su voz, pero adivina por sus ademanes que le dice que corra a
jugar. Y ella corre, saltando como un grillo, sintiéndose de pronto
contenta por los rayos del sol y los mares de caramelos que caen del cielo.
Al mirar hacia atrás la casucha se ha desvanecido y siente que el pecho se
le aprieta cuando no ve al señor, pero alguien la agarra por el brazo
invitándola a la rueda-rueda y también ella se desvanece con el aire que
la eleva a la cima de aquellos edificios que parecÃan inalcanzables.
-Norita…-le dice una voz familiar-… arriba… despiértate… ya
llegamos a la Gran Ciudad…
Cuando abre los párpados ve los ojos azules de su padre mirándola
fijamente.
Bendice esta agua
"El agua es el principio… el agua es lo más hermoso… el agua es Yemayá…
el agua es la madre… el agua puede ser también lágrima…
y el agua lo limpia todo, que es lo más importante.
Limpiar todo lo feo, todo lo sucio, para que sea hermoso y limpio."
-Manuel Mendive-
-Bendice esta agua, mi diosa, estamos de mierda hasta los huesos.
Echa cubos tras otros y se inunda el portal del Vedado como si el
Almendares se hubiera desviado de su cauce y los invadiera hasta
encenegarlos. Los hermanos se revuelcan en los charcos como si aún
fueran pequeños, juegan a resbalarse y se dan mamellazos olÃmpicos. Es
toda una fiesta, porque el agua casi siempre está ausente. La malanga dl
jardÃn abre sus hojas carnosas y le sonrÃe al sol de la mañana. La
vecina protesta:
-¡El agua no se puede desperdiciarrrrrrrr! -grita desde su ventana de
espionaje cotidiano.
Pero la madre ha hecho un pacto con los dioses, asà que sus oÃdos son
impermeables, están parapetados contra la aridez y los molinos de viento
que reciclan esas voces inútiles de un vecindario cada vez más absuelto
de la belleza.
-¡Carmencita, coge la escoba y bota el agua en dirección a la calle!â
€¦Vete de aquÃ, maldición… -prosigue como una iluminada-… seres de
luz, protejan este hogar… en el nombre de todos los santos y de la energÃ
a cósmica de nuestro Olofi… sia cará… quÃtanos de encima esta
salación… llévate la locura de mi hija y esos espÃritus oscuros que
devoran mi casa…
Carmencita barre mientras la madre le implora a sus cómplices espirituales.
Luego arroja pedazos de hielo sobre las baldosas y salpica con las manos
colonia Bebito por todos los rincones.
La vecina pone la radio a todo dar y sintoniza la estación de noticias.
-"Radio Reloj da la hora… tic tac tic tac tic tac… las nueve en punto de la
mañana… tic tac tic tac… los diez millones van… tic tac tic tac… en un
comunicado emotivo, el Comandante en Jefe ha exhortado a las masas a
integrarse voluntariamente a la zafra del pueblo… tic tac tic tac… en una
barriada del reparto Luyanó ha sido desactivada una banda que se
dedicaba a vender vegetales en el mercado negro… glug glug glug… -el
locutor toma agua- …tic tac tic… pioneros por el comunismo, seremos
como el Che… tic tac tic tac… Radio Reloj da la hora… las nueve y un
minuto de la mañana… tic tac…"
A Carmencita se le remueven las fibras, la monotonÃa robótica de esa
voz le va quitando los ánimos. Sólo piensa en correr, en refugiarse en
aquél rincón del mundo que es el Bosque de La Habana y en donde
algunas veces sueña con escapar al mar o convertirse en una simple
molécula.
"-Ulises… mira tu enigmático océano…" -canta para sus adentros.
HacÃa ya una semana que habÃa salido de Empedrado y Monserrate,
como le llamaban al Departamento de Investigaciones Técnicas por estar
situado en esa esquina de La Habana Vieja. Por una vez más la vida le
cambiaba bruscamente, siempre sin contar con ella, siempre violadora de
sus Ãntimos deseos, nunca dispuesta a la reconciliación.
"-…de los campos azulados parte la niebla…"
-Asà no, Carmencita, asÃ… -le dice la madre arrebatándole la escoba
y barriendo el agua con una fuerza descomunal.
-Radio Reloj da la hora… tic tac tic tac… las nueve y veinte minutos… tic
tac… en un intento por mantener la salud de la población en óptimas
condiciones, se ha decretado esta mañana que se suspenderá media libra
de azúcar de la cuota ya designada por persona después de un estudio
en donde se comprobó que Cuba es uno de los mayores consumidores de
azúcar… tic tac tic tac…
-Dios mÃo… pero si sólo nos dan una libra por mes… -comenta la
madre con los ojos desolados…
-Mamá, no te preocupes, oà que en la Yuma está racionada la carne…
media vaca al mes por persona… jajaja… -dice el hermano alegremente
asomando su cara por la puerta.
Después entra a la casa para encender su radio portátil soviético, la
madre se lo habÃa ganado por ser trabajadora vanguardia y en un
cumpleaños abrumado por la escasez, se lo regaló sin medir las
consecuencias pues ponÃa a toda voz las estaciones americanas que
tocaban las muy prohibidas canciones de moda.
"-…¿en dónde estás, paÃs?… Circe te dio la salida equÃvoca…"--
-…and I love herrrr…
Los Beattles. Adoraba los Beattles. Sus melenas suaves, sus caras
angelicales, sus maneras atrevidas, la rebeldÃa casi profana que provocaba
imaginar un mundo mejor, más musical, menos violento.
-¡Carajo… apaga esa radio! ¿¡Qué quieres, que se vuelvan a llevar
a tu hermana!? -lecuchichea iracunda la madre.
-…tic tac tic tac…
Carmencita tira la escoba y se va a su cuarto. TenÃa la urgencia de ella, de
su guitarra.
Cuando entra se sienta en la cama y se le queda mirando. ¡HabÃa tantas
cosas que no entendÃa! Por ejemplo, desde aquella noche en que se la
habÃan llevado esposada, no podÃa tocarla, era como si le hubieran
dejado una marca de frustración en las muñecas, un desencanto de raÃ
z que le impedÃa mover los dedos, desearla, acariciar sus cuerdas.
"-¿Qué me das a cambio por incendiar la noche?…"
Allá afuera, en el portal, los terrores. En un segundo piso el tic tac
impertinente de los rencores inexplicables. Adentro, muy adentro, ella y su
angustia.
-…A veces sólo quiero al hombre que está en el horizonte…-dice en
voz alta con tristeza.
Abre la gaveta de su escritorio, coge papel y lápiz y se pone a escribir. A
través de su ventana entra el mediodÃa y la brisa húmeda del mar.
-…tic… … … … … …
Silencio prolongado. Con seguridad la vecina se fue a la cola del pan. Sólo
se oye el canto alegre de los pájaros y los ruidos lejanos de la ciudad. Y el
agua, pura y cristalina, que desde la fuentecita del patio gotea sus racionadas
penas.
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Carmen Karin Aldrey, escritora, poeta y pintora cubano-americana
residiendo temporalmente en España.
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