A ti José Luis



(Dedicado a mi gran amigo José Luis Funes, escritor argentino)

Mayo 4,  2004

Xiomara J. Pages

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Siempre he escrito sobre las amigas, las mujeres que comparten conmigo en mi
caminar.  Hoy mis líneas son dedicadas a un hombre. Un hombre que no fue ni
mi padre ni mi hermano; que no fue mi hijo ni mi esposo; ni siquiera mi amante.  
Este hombre fue tan sólo un gran amigo; casi un hermano. Un amigo
incondicional que me enjugó lágrimas, me hizo reír y  me dio fuerzas y
ánimo. Un amigo que también lloró y rió junto a mí, que me
acompañó en una de las etapas más difíciles de mi vida.



Lo conocí en la reunión mensual de un Club Literario en la Universidad.
Acababa de perder  su esposa de una penosa enfermedad.   Apenas a cuatro
meses del fallecimiento  ya hablaba de terminar un  libro en defensa de la mujer;
un libro dedicado  a la memoria de esa mujer con la que vivió quince años de
pleno amor y reciprocidad. La experiencia había sido única. Jamás olvidó
a Gladys. Ella iba con él dentro de su corazón.  Y nos enseñó a quererla,
aún sin haberla conocido.



Su libro: “Yo: Hombre-Mujer� fue controversial. Algunos tildaron el texto
de obsesionado con el tema de la mujer; otros  dudaron de su hombría, sin
embargo José Luis permanecía firme e  indiferente  frente al: que dirán.
José Luis nos instaba a  leer  o  a  escuchar las noticias;  a estudiar la historia
para comprender el abuso y la violencia doméstica de la que ha sido víctima
la mujer en todas partes del mundo. Culpaba al fenómeno del machismo, a la
Sociedad en general y a la complicidad de las Organizaciones y Gobiernos,
incluso, a los preceptos de la mayoría de las  religiones para mantener
sometida a la mujer. Razón por la cual no  estaba afiliado a ninguna secta ni  
religión denominada. Sin embargo, era creyente, no ateo  como algunos
creyeron. Era un ser totalmente espiritual, con dotes especiales para profetizar y
visualizar el futuro. Esta cualidad la aprovechó siempre con el propósito de
ayudar a su prójimo.



Luego de su fallecimiento y revolviendo entre sus papeles encontré
teléfonos de familiares, amigos, y compañeros de labor a los que llamaba
con frecuencia;  recibos de envíos de dinero. En su archivo propio conservaba
un buen número de recortes de periódicos y revistas sobre el tema de  la
discriminación y los abusos en contra de la mujer. A su juicio la mujer era  
considerada: Reina de la creación a la que el hombre no sabía apreciar,
valorar ni merecer, debido a su programado machismo.  



José Luis permitía que un hombre harapiento y sin hogar durmiera en su
carro todas las noches. Ayudaba a la mujer, aunque fuera una prostituta. Y lo
hacía porque conocía que muchas de ellas estaban indocumentadas. Así,
mantenían a sus padres ancianos o hijos sin que estos supieran la profesión
de su madre.   Visitó y ayudó a los ancianos; ayudó  en todo sentido a los
demás.  â€œEl Peladoâ€�, como le llamábamos a veces de cariño,  
siempre ofreció sus consejos y sugerencias  a todos. José Luis era un
verdadero especialista en poner lozas y mármol; pero también era un
escritor, destacado en temas para la mujer y la Sociedad en general. No estaba
en contra de los hombres, pero sí en contra del machismo y toda actitud
dominante. Creía en la individualidad y el respeto, en el diálogo y la
aceptación, pero sobre todo en la reciprocidad.  Nos decía que teníamos  
que vivir siempre atentos; siempre observadores y siempre aprendiendo.   No
estaba en contra del matrimonio; pero sí en contra de las pseudoparejas que
viven con máscaras o unidos por conveniencia. Creía en la  paternidad
responsable no en la manipulación de la mujer, precisamente a través de esa
maternidad en una Sociedad machista.  Creyó siempre en el amor  y lo
practicó con su amada Gladys. Pensaba que  con su granito de arena o su
humilde aporte podría cambiar el mundo; un mundo injusto en contra de la
mujer. Confiaba en que un día el hombre y la mujer disfrutaran de la misma
igualdad  y oportunidades. Alentaba a la mujer, a despertar de ese letargo a la
que fue sometida durante siglos.  



José Luis escribió variados temas en periódicos y revistas. Y como buen
metafísico en la rama de la Parasicología también dejó su aporte. No
era  Masón ni Rosacruz; pero era un ser humano esotérico y avanzado para
estos tiempos. Era un caballero, era un alma buena y limpia; alguien que
veneraba al Universo y a toda la creación. Se inclinaba por  la Filosofía
oriental. Pensaba que la mejor manera de practicar una religión era hacer que la
acción de uno se correspondiera con  el verbo.  Repudiaba los rituales vací
os o sacramentos inventados.





José Luis abrazaba la idea del derecho a la felicidad: una felicidad sin
divisiones entre el hombre y la mujer y sin guerras de sexos. Ambos con el
mismo derecho a disfrutar los placeres de la vida. No era  materialista, vivía
simple, con pocas posesiones, y no muy atado al reloj, aunque siempre cumplí
a sus horarios. Su palabra era mucho más que un contrato legal.



Cuando recibí la noticia de su muerte y su repentina marcha de este mundo,  
lloré incontenidamente;  lloré por el amigo, el ángel, el protector, el
confidente, el consejero, en fin, lloré por el hermano. Les puedo decir con
certeza que José Luis fue una de las cosas más hermosas que me ha
sucedido en la vida y que no olvidaré jamás. Con él aprendí  muchas
cosas, y aún sigo aprendiendo después de su muerte. Por eso, al igual que lo
hizo la escritora chilena Isabel Allende con su hija Paula al morir, yo  repito: â
€œAdiós José Luis hombre;  bienvenido José Luis Espíritu.â€�





Xiomara Pagés








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