H i s t o r i a   d e   m a n i q u í
Ismael Sambra



Prudencio estaba desesperado y no sabía qué iba a hacer, porque
seguro que aquello le costaba el empleo y hasta quizás unos años de
prisión. Oía cómo la gente gritaba afuera y trató de mirar por una de
las rendijas de la puerta del almacén. Alcanzó a ver la carota colorada
del director y de algunos de los jefes subalternos. Estaban irritados. Se
desplomó finalmente en un rincón de su encierro como un animalejo
herido y comenzó a morder las palabras. ¡Qué barbaridad, seguro
que ustedes tampoco me van a creer, pero soy inocente! Parece cosa
de brujería. Es que uno se cansa y se pone como loco a estar
hablando hasta con su sombra; quiero decir, a estar pensando en voz
alta. Esto es mi mayor defecto. Pero mejor así, porque te pones a
criticar mucho las cosas y a estarles diciendo la verdad en la cara a los
jefes que hasta te pueden tildar de contrarrevolucionario.  Miren, salí
de la oficina cabrón con la jefa por un video que me había borrado.
No, no era un programa cualquiera, era uno que había ganado premio
en el Festival Nacional de Cine, Radio y Televisión. Y lo borraron,
según dijo, porque no había más cintas para seguir grabando. Para
mí que fue una equivocación y como están en eso de la escasez y el
ahorro, se quiso justificar. No es la primera vez que esto pasa. ¡Un
programa hecho con tanto sacrificio y sin recursos! Por poco me da un
infarto. A ese paso no va a quedar nada de historia en los archivos.
Rolando tiene razón cuando dice que esto parece más un ventorrillo
que un canal de televisión. Acaban con el espíritu creador de
cualquiera. Los jefes aquí también son creadores, dice Rolando, pero
creadores de problemas. Se creen genios sólo porque tienen un carnet
rojo. Miren, se esperaba la visita de una delegación extranjera que
venía junto con un grupo de "control y ayuda" de La Habana, y
adornaron el centro por orientación del partido. Eso dijo la monga esa
que llegó como jefe los otros días, porque tiene un carnet de militante,
y se cree que ya sabe más de televisión que nosotros que llevamos
más de veinte años pataleando en este mismo fanguero.
"Compañero -me dijo-, aquí se cumplen las orientaciones y ya está
escrito lo que se va a decir y hasta quien lo va a decir". Bueno
¿Entonces, qué pinto aquí? Nada, que parece que ya no caigo bien
porque dije cuatro verdades en la última Asamblea de Producción. Por
poco hasta pido la renuncia del sindicato obrero, que tal parece que lo
inventaron nada más que para hablar del pago de la cuota sindical, la
milicia y el trabajo voluntario. Lo que pasa es que me aconsejaron que
no lo hiciera, porque me iba a marcar de verdad y ya estoy bastante
sucio por eso de estar diciendo "estamos rodeao" cada vez que ocurre
algo o se habla de alguna deficiencia en el trabajo, y que "no escampa",
cuando se repite y se repite el mismo relajo que parece que nunca va a
acabar.  Porque, miren, ¿quién ha visto de que uno pueda realizar un
programa dramático con sólo unas horas de grabación? Creen que
hacer televisión es como fabricar chorizos. ¡Hum! Te borran por
aquí, te cambian por allá, y a cada rato te sueltan la frasecita de que
"compañeros, debemos crecer a pesar de las dificultades". Y entra el
año y sale el año y es lo mismo: de crecimiento cero y de dificultades
cientos. ¡Las veces que he oído los mismos planteamientos y nada!
Como dice Julio Iglesias: "la vida sigue igual". La misma gente mandando
como si hubieran nacido detrás de un buró. Nunca se ha visto en el
mundo que los que se equivocan se caen para arriba; y los que saben
menos son los que mandan. Por eso es que no nos arreglamos y llega el
momento en que a uno le da lo mismo ocho que ochenta. Pero ahí no
está el problema, porque en definitiva el hecho de que no me hayan
tenido en cuenta para hacer el trabajo, no significa mucho para mí;
aunque eso también tiene su significado y uno no puede estar viviendo
despreocupado en esto. Porque empiezan apartándote y luego te votan
por contrarrevolucionario y ¿a dónde vas a ir después en esta isla
rodeada por tanto mar por donde no se puede salir? El asunto fue que
eso también aumentó mi malestar, porque soy quien siempre recibe a
las delegaciones cuando llegan de visita al centro, porque dicen que
hablo bonito, que soy poeta, que tengo una lengua fácil para
convencer... Bueno, ¿pero por dónde iba? ¡Ah!, por los adornos.
Querían adornarlo todo para el recibimiento de la delegación...


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Ñaniga diabolica, Elizabeth Wittlin