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Fantasías de mi realidad, Susana Weingast
Reinaldo García Ramos: En la llanura. Miami:
La Torre de Papel. Colección Opus, 2002.
Isel Rivero



Hoy nos acompaña Reinaldo García Ramos. Reinaldo, poeta,
naciste en 1944 en Cienfuegos, y publicaste tu primer libro, Acta,
en 1962 con El Puente. Colaboraste con Ana María Simo y
José Mario en la preparación de la Novísima Poesía Cubana
que sale el mismo año. Más tarde, en 1987 publicaste El buen
peligro, en Madrid, con la Editorial Playor. Le sigue Caverna fiel,
con Editorial Verbum, también en Madrid, en 1993, y ahora nos
presentas En la llanura, publicado por el año pasado en Miami
con la colección Opus, cuyo director, Carlos A. Díaz Barrios,
preside La Torre de Papel.

Reinaldo se acerca a El Puente después de mi salida de Cuba
en diciembre de 1960. Sin embarbo, los contactos entre todos
nosotros se mantienen fluidos a pesar de las dificultades que
encontrábamos en las comunicaciones, tanto telefónicas como
por correo.

Estamos hablando de dificultades que se hicieron más espinosas
y luego peligrosas. J.F. Kennedy es elegido presidente de los
Estados Unidos y se encuentra con los planes para una invasión
de Cuba, conocida más tarde como Bahía de Cochinos.
Peligrosa igualmente cuando se desata la crisis de los misiles y la
humanidad repentinamente se ve al borde de una guerra nuclear.
Estamos en plena guerra fría y Cuba está en el medio de las
estrategias geopolíticas continentales.

Es dentro de esta atmósfera cada vez más tensa, con el aparato
de Seguridad del Estado ganando más y más influencia dentro
de los estamentos del poder, que deciden Ana María, José
Mario y Reinaldo incluirme en la Novísima, aún cuando yo
estaba en los Estados Unidos y sin ningún indicio de volver. Esta
decisión, como podrán imaginarse no fue bien vista por los
órganos oficiales.

Dentro de lo positivo, este hecho generó un nutrido intercambio
de correspondencia entre Ana María y yo, al que se sumaría
Reinaldo, iniciándose así una larga conversación entre los tres
a través de los años 70 y que se reanuda esporádicamente
hasta que Reinaldo logra salir de Cuba a través del Mariel a los
Estados Unidos.

Después de 1962, Reinaldo no publica más pero sigue
escribiendo. La atmósfera hostil que crecientemente rodeó a las
Ediciones El Puente y a sus integrantes, hasta cerrarla, se
convirtió también en persecusión, no sólo a José Mario que
era la cabeza de este esfuerzo, sino también a Ana María
Simo, a Silvia Barros, y a otros. El Puente cumplía una función
que era esencial pero molesta al régimen.

Se publicaba a jóvenes que no tenían otra vía, y se publicaba
a gente que había sido formada en una educación liberal. Los
textos publicados no seguían ninguna pauta revolucionaria,
ninguna pauta impuesta. Sólo se miraba la calidad del texto.
Recordemos que Fidel Castro declaró en varias ocasiones que la
Revolución crearía un hombre nuevo, por lo tanto, lo que no
fuera fruto de su designio, de su modelo, sobraba. Incluso La
Habana sobraba. El posterior deterioro de una capital, que era
monumento en todo sentido, deja palpable el desprecio que
siempre sintió Fidel Castro hacia la capital. Primero sus ojos se
proyectaron hacia Oriente, provincia donde nació, pero más
tarde perdió también el interés. Eso sí, reorganizó
administrativamente la isla perdiéndose en este proceso las
antiguas referencias provinciales.


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