MarÃa, la viuda
Desayuné unas croquetas de jamón en el mercado de la Virgen
Milagrosa, entre el First Bank de Miami y el kiosko de periódicos.
MarÃa la de andar sufriendo, sólo trabajaba. Para MarÃa la viuda,
no habÃa madrugada. Estaba tan ebria que no lograba recordar la
razón de su inmanente tristeza. FluÃa libremente el sentimiento
desde su corazón, evocado por el ron. 1-2-3-cha-cha-chá, 1-2-3-
cha-cha-chá. Un chachachá para que salga el sol. Profundamente
consolada cantaba. Su tragedia se apoderaba de mi empatÃa. "Los
cubanos nos creemos el ombligo del mundo".
Cuca, el(la) mesonero(a)
Rocé su brazo para descubrir sus latentes hormonas masculinas.
El mesonero travestÃ. Bajo la radiante peluca amarilla, transpiraba
ese sabor del deseo. VestÃa una falda roja, corta para mostrar sus
preciosas piernas. Un sostén bien relleno, como el que usaba
cuando joven. "Debes de ser cubana, y si no, colombiana. Ah... yo
también soy venezolano(a). Mi padre es de La Guaira". Me dedicó
el Mambo no. 5 de Dámaso Pérez Prado.
Otro loco en el bus
Aquella tarde Univisión declaró que Fidel Castro habÃa muerto.
Los rumores no habÃan sido confirmados pero los medios de
comunicación aprovechaban la oportunidad. Al sintonizar CBS
Telenoticias me percaté de la inocua mentira. De regreso a mi
casa, los radicales anti-castristas salieron a la calle en caravana.
Confiaba que aquel dÃa iba a ser de fiesta para el condado de
Miami-Dade.
Aura, años después
Desde la muerte sonreÃa, feliz de encarnar la inexistencia.
¡Cuánto la querÃa! Lamentaba verla asÃ. Las semillas de vida
florecÃan en sus pinturas. Aquellos esbeltos cuerpos femeninos
dibujados por indelebles pinceladas coloreaban el lienzo. Antes de
morir habÃa confesado el truco que aplicaba para estimular su
creatividad. Quemaba con flamantes llamas una moneda tornando su
color de un gris a un rojo feroz y la apretaba en su mano como
alguien que no quiere desprenderse de la vida. Luego, se
concentraba en sentir el intenso dolor, difuminado por el placer
provocado de las figuras. Cerraba el puño furiosamente. Su mano
delataba las profundas cicatrices. El resplandor de la luna se
esparcÃa sobre aquel rostro dual, mitad mujer y mitad diabla.
Cuando las mujeres son lesbianas se ponen hermosas... ying con
ying. "Si tan sólo tuviésemos una cocina para saborear nuestras
almas, no reventarÃa tanta agresión. El compartir actividades
hogareñas compenetra una pareja". Su abuela, reconocida pintora
aclamada en las capitales artÃsticas del mundo, la habÃa
desheredado. Desde entonces no tenÃa cocina. Nuestras
conversaciones fueron develando la manera como asumÃa su
destino. Endeudada por casi 75 mil dólares en impuestos que le
debÃa al estado, aún lograba escapar a la ley.
Juan-Si, el cineasta
Juan-Si, impresionado por las aberradas relaciones homosexuales,
decidió un dÃa grabarlas “en acción". Trajo el pequeño
monitor que tenÃa en su casa, lo colocó sobre Lincoln Road y
transmitió aquellas impactantes imágenes. En menos de tres
segundos los homosexuales vecinos comenzaron a aglomerarse
alrededor de la pantalla para deleitarse en las actividades de otra
pareja. Los homofóbicos salieron a protestar.
El cartero asesino
En el post-office de la esquina el cartero, vÃctima de un ataque de
celos, asesinó a su esposa, su amante y luego se suicidó. Mientras
estampaba cartas y pesaba los paquetes se tropezó con la ex.
Cuando fue a saludarla, ella le volteó la cara ignorándolo. Menos
mal que se suicidó, si no estuviese preso. No hizo mucha noticia al
lado de la muerte de Lady-Di.
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