![]() |
||||
| EL QUE REGRESA A LAS REGIONES CLARAS Ya dije adiós a las casas brumosas colocadas al borde de los desfiladeros como el montón de heno en la pintura flamenca, y adiós también a las mujeres que más de una vez me conmovieron – sobre todo aquéllas de ojos color de malaquita –, y los trineos quedaron colgando como gárgolas inservibles en las ventanas que desde ayer están cerradas. Porque el sol me ha curado. No vivo del recuerdo de ninguna mujer, ni hay países que puedan vivir en mi memoria con más intensidad que este cuerpo que reposa a mi lado. El sitio – además – donde mejor puede permanecer un hombre es en su patio, en su casa, sin gentes melancólicas que acechen en los muelles la carne atroz de las pesadillas. Un nuevo día entra por la ventana – estallante, de trópico –. El espejo del cuarto multiplica su resplandor. Yo estoy desnudo al lado de mi mujer desnuda, encerrados en esta luz de acuario; pero éste que huye a través del espejo, con bufanda y abrigo, escaleras abajo; el que saluda a toda prisa a la portera y entra en un comedor atiborrado y se sienta a observar la fachada de una estación de trenes que el invierno devora con su lluvia podrida como un estercolero, es mi último espejismo que ya ha curado el sol, el último síntoma de aquella enfermedad, afortunadamente transitoria. Heberto Padilla Indice |
||||