Gustavo Galo Herrero, adiós entre llamas
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LUIS MARIO





El domingo 13 de junio de 2004 murió el poeta cubano Gustavo Galo
Herrero. De una manera horrible, porque pereció al incendiarse la casa
móvil donde vivía en Miami: 8500 Biscayne Boulevard, Lot. C-325.
Allí vivía el poeta, incapaz de aceptar un refugio higiénico y seguro
del gobierno, porque eso equivalía a la merma de su independencia y a
la separación de sus decenas de gatos. Tengo la impresión de que yo
era el último amigo que le quedaba en estas tierras, a donde vino
persiguiendo su sueño de libertad en 1970. El pasado jueves 3 me
llamó por teléfono, y ese mismo día marcó mi última visita al
poeta, que fue uno de los ejemplos más firmes de los estudiosos de la
técnica versificadora allá por la década de los años cuarenta en
La Habana, donde nació en 1918, y donde se publicaron cuatro libros
de poemas suyos.Galo Herrero cultivó una poesía netamente erótica,
que se patentiza en el título del libro publicado por la ONBAP: Poemas
de alcoba. Las siglas corresponden a la Organización Nacional de
Bibliotecas Ambulantes y Populares, institución autónoma con sede en
la capital de la república, presidida por Arístides Sosa de Quesada, y
dirigida por José �ngel Buesa con el apoyo de Arturo Doreste,
Sergio Hernández Rivera, Luis �ngel Casas y el chileno Alberto
Baeza Flores. Los títulos de los otros libros son De mi vida en verso,
1941; La divina embriaguez, 1943 y Tierra superada, 1946.
Olvidado y solitario murió el poeta, pero desarrolló una vida literaria
altamente productiva, y entre sus sonetos hay muchos que son joyas,
como “Amor que vuelves�, en el que sortea limpiamente la
dificultad de usar solamente dos rimas:

Amor que vuelves, o que no te has ido,
el de entonces, tal vez multiplicado,
más allá del presente y del pasado,
con sombra de recuerdo y luz de olvido.
Amor que sólo estás reconocido
por tu sola sustancia de pecado,
por el placer y por la angustia honrado,
que permaneces por tu sin sentido.
Amor con tregua, al parecer, cansado,
tan resurgente como inesperado.
Amor triunfante del temor vencido.
Eterno amor, sin ser y sin estado,
sin tiempo y sin distancia, que me has dado
la gloria de volver, ¡y no te has ido!

Profesional de las letras, ejerció el periodismo como cronista
parlamentario en el Senado de la República de Cuba, cargo que
heredó de su padre. Pero su mejor labor la desempeñó en la
SeccIón Poética de El País Gráfico, desde 1942 hasta 1950. En
esas páginas se destacó el maestro, orientador de juventudes, sobre las
que también sobresalió con sus cuentos su segundo hijo Juan Luis
Herrero.
En el prólogo al libro Trece cuentos nerviosos, de Luis angel Casas, hay
una mención especial de Galo Guerrero a poetas que él dio a conocer
durante sus años en El País Gráfico. La lista es interesante y vale la
pena reproducir algunos nombres: Carilda Oliver Labra, Miguel
González, Ricardo Bernardo Curbelo, Sergio Hernández Rivera,
Nivaria Tejera, Francisco Riverón Hernández, Raúl Gonzalez
Cascorro, Loló Acosta, Carlos Fojo Hermida, Angel Cuadra, Carlos
Casanova, Rosita Arango, Conchita Alzola, Fayad Jamís, Jesús Orta
Ruiz y Marta y Heberto Padilla. Este último, Padilla, tituló su primer
libro Las rosas audaces, inspirado en un verso de Galo Guerrero: â
€œComo rosas audaces se levantan tus círculos...â€�
Entre 1965 en La Habana, y 1975, ya en Miami Beach, donde residió
un tiempo, Galo Herrero escribió por lo menos cuatro libros, que nunca
fueron publicados: Poemas de la calle sin sol, Poemas del amante viejo,
Más allá de la piel y Los cantos de Elebiatriz. Tengo copia de muchos
de esos poemas y, precisamente, la última vez que vi al poeta me dijo
que tenía una buena cantidad de papeles suyos y obras para entregarme
un día. Ese día no llegará nunca. El fuego, que fue una de las
constantes de su poesía, no pudo ser más devastador. “Llama
eterna� es el título de uno de sus poemas de una sola estrofa
alejandrina: “Nuestro amor es un viaje sin límite al placer — un reto
de la carne lanzada al infinito—, la música inmortal para encubrir el
grito —de dos vidas en llamas que no acaban de arder�.
Como Moisés, que vio la zarza ardiendo sin consumirse, Gustavo Galo
Herrero se vio a sí mismo sobreviviente entre las llamas de amor. Y
esas llamas, con más de poesía que de fuego destructivo, lejos de
cumplir con su destino de ceniza, son las que pueden darle vida
después de la muerte.


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Luis Mario, poeta cubano, jefe de redacción del periódico Diario de
Las Américas, que se edita en Miami, ha publicado varios libros, entre
los que se destaca Antología sin tierra.





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