Continuación


Como dije, habíamos decidido Corinne y yo seguir trabajando aplicando las mismas reglas y pautas periodísticas que en cualquier otro país. Eso, creo, sorprendió a nuestros mentores y vacilaron sobre la forma en que lo iban a manejar. La situación era aun mas extraña para ellos por el hecho que estábamos dos y que Corinne, al no tener como yo la responsabilidad de la oficina de una agencia, lo cual tiene un aspecto casi de representación oficial, ella tenía contactos mucho más libres y compartía conmigo la información. Yo, de mi lado, me «especializaba» más en los contactos con los funcionarios cubanos y los diplomáticos.
Durante los dos primeros años, el director del Centro de Prensa Internacional me llamó algunas veces la atención sobre cables míos, pero nada más hasta la visita del Papa. Después, notamos un deseo de tomar de nuevo las riendas pero, consultándolo Corinne y yo, decidimos no ceder tan fácilmente el terreno que habíamos ganado : nuestros problemas empezaban de verdad…
La tensión fue cada día más fuerte. Según todos los indicios e informaciones de varias fuentes todas fidedignas, mi modesta persona se convirtió poco a poco en una verdadera obsesión personal para el Máximo Líder que hasta me convocó en plena noche en julio del 98 en presencia de otros colegas para regañarme por una mera locución (es a partir de ese día que tengo la convicción que Fidel Castro esta loco). Unos meses después, me denunciaron públicamente como un agente norteamericano.
Eso fue en el marco del ambiente creado por la aprobación por la Asamblea nacional del poder popular de la Ley Mordaza y del juicio contra el grupo de los cuatro. El acoso psicológico era constante y, un día, hasta fallaron los frenos de mi auto. Cosas que uno no puede probar pero todos en Cuba saben que son señales de un peligro inminente. Finalmente, Corinne y yo acordamos que sería candidato para otro puesto en la France-Presse con un año de antelación sobre lo previsto, y fue así que fui nombrado en julio de 1999 jefe de redacción de la dirección regional de Estrasburgo, que da cobertura al noreste de Francia y a las instituciones europeas que tienen su sede en esa ciudad. Eso no satisfizo el poder y, un par de días antes de mi partida, me declararon persona non grata…

BCM:- ¿Piensan ustedes que la Seguridad del Estado interviene directamente en
la vida de los escritores y artistas cubanos? ¿Piensan que la mayoría son colaboradores de la policía política, para poder desempeñarse como profesionales?

DR:- Tenemos la convicción que la Seguridad del Estado interviene directamente en la vida de quien le da la realísima gana al Comandante en jefe. El sector de la cultura es considerado por Fidel Castro como un sector estratégico para su mantenimiento en el poder. Así lo demostró desde el principio de la revolución. Entonces, no cabe duda que todos están bajo vigilancia más o menos estrecha, y hay  intervención cuando se considera necesario.
Dicho eso, luchamos durante tres años para no sucumbir a la paranoia y no queremos ver en todos un agente de la Seguridad del Estado, aunque sabemos que cualquiera  puede ser reclutado, ya que es muy difícil resistir cuando toda la vida de uno, y aun más el futuro de los niños de uno, dependen de su colaboración con el aparato represivo.

BCM:- ¿Cómo definirían ustedes el ambiente cultural creado por la revolución en las últimas décadas? ¿Consideran al pueblo de Cuba, en comparación, por ejemplo, con Francia, un país que lee, un país culto, o en camino de serlo ?

DR:- Me gusta mucho lo que dijo una vez Cabrera Infante : « es muy bueno enseñar a leer y escribir a todos, pero de qué sirve si uno solo decide lo que todos pueden leer y escribir… » Nosotros valoramos el hecho que todos tengan educación en Cuba. Pero en eso, no es fundamentalmente diferente de Francia. También vimos una gran sed de información y un afán de autosuperación en Cuba, pero obviamente el régimen no proporciona los medios para satisfacer esos deseos. Un autor clásico francés enunció que « ciencia sin conciencia es la ruina del alma » : me parece que resume bastante bien la problemática cubana.

BCM:- ¿Consideran ustedes que la revolución ha beneficiado el auge de la cultura en Cuba, a pesar de utilizarla como medio de propaganda?

DR:- La cultura en Cuba, no la invento Castro… y no se puede valorar la influencia de la revolución castrista sobre la cultura sin tomar en cuenta la sangría de intelectuales desde hace 43 años. En ese aspecto, la revolución se asemeja a un desastre… Menos llamativo, pero no menos grave es la esclavización de los intelectuales que aceptaron someterse, a veces al cabo de varios años de resistencia. Nosotros no ponemos ningún matiz despectivo ni de condena al hablar de eso : frente a este poder totalitario, hasta los principios de los 90, la única alternativa era o la huida o aceptar servir a la propaganda dirigida desde la UNEAC.
Cambiaron las cosas con la desaparición del padrino comunista soviético: desde entonces, los intelectuales pueden optar por la oposición, aunque no sea nada fácil hacerlo. Pero Usted sabe todo eso mucho mejor que nosotros ya que tuvo que sufrirlo en carne propia.
Por otra parte, esquemáticamente, en el ámbito oficial hemos notado, de un lado una cultura que podríamos definir como « clásica » mantenida voluntariamente por el poder en un estado minoritario, ni siquiera elitista ya que está despreciada por la elite del país, y de otra parte una cultura de masa, popular, mimada por las autoridades pero que se le escapó últimamente un poco de las manos.
En cuanto a la cultura « clásica », parece que las autoridades la consideran de alguna manera como « clasista » y la condenaron a la marginalización y al conformismo, unido habitualmente con una técnica impecable. Para mi, Alicia Alonso, como clon de Castro en el campo cultural, ilustra eso hasta la caricatura.
Todo ese aspecto de la cultura –opera, baile, música clásica,, etc.—nos parece que el poder lo tolera en la medida que le sirve a la propaganda al uso exterior gracias a giras internacionales. En ese campo, la exhumación del son para uso externo gracias al fenómeno marketing del Buena Vista Social Club, es un ejemplo más reciente y demuestra la asombrosa capacidad de adaptación y de reacción del aparato propagandístico.
Cuando hablamos de la cultura de masa, pensamos fundamentalmente en la música popular que tiene mucha aceptación dentro de la población. Pero, como lo notamos en nuestro libro, los salseros reflejan también, en sus letras, las aspiraciones y las frustraciones de los cubanos, y eso no le gusta al poder. Esas contradicciones llevaron al  « Médico de la salsa » al exilio…
El cine también es un arte muy popular y, en Cuba, es ante todo el arte de la ambigüedad, pero no hay que menospreciar su impacto y su influencia.
El teatro tiene un estatus aparte : es un género que goza de una cierta tolerancia de la parte del poder, pero está condenado a la confidencialidad.




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