Función visual del objeto en cuentos de Ana María Matute

                                                                 

 

                             Por María Sergia (Guiral) Steen

 

 

 

Ana María Matute utiliza el objeto como la materialización mental del sentimiento abstracto o encrucijada en que se halla el personaje y sirve para sintetizar de forma visual su estado de ánimo, gobernado, bien sea por la angustia, el miedo, la incomprensión, la discordia, la sinrazón de la existencia, la soledad, la falta de amor o un fatalismo particular. Esto se debe, en parte a la tendencia de Matute hacia el expresionismo, según Janet Pérez (Ana María Matute, 59).

 

El objeto se convierte en el leitmotiv de la historia y es, o bien el remate metafórico del pensamiento del personaje, o el núcleo del relato: el esqueleto físico del cuento. Es la metáfora que responde al sentido de simplicidad y economía que perdura en el estilo de Ana María Matute. En sus historias concretiza y deja impreso de manera viva, tajante, como una flecha, el sentir o la experiencia humana.

 

Matute les da a sus personajes atributos distintos según la edad, siendo la psicológica, y no la física, la que cuenta. Al mismo tiempo los tiene separados en sus propios terrenos a los que difícilmente pasan sin serias consecuencias. Y son: el del niño, el del joven y el del adulto. Al mismo tiempo concibe al niño como un ser único, rodeado de un aura atemporal como nos indica Margaret E.W. Jones (The Literary World of Ana María Matute, 37). Su mundo es cerrado, estancado si se quiere, en el que se refugia para defender su inocencia e imaginación: este es el niño ideal de Matute. Para no contagiarse con el mundo real del adulto se margina física o mentalmente. Este aislamiento supone dejar fuera a los mayores que no lo comprenden. Para defenderse, los llega hasta deshumanizar (Jones,45) y se queda con la naturaleza, sus fantasías, otros niños, los animales y las cosas que le rodean. Incluso dentro del mundo de los niños hace apartes. Los 'otros' son aquellos sin fantasía e inocencia, porque ya se pasaron al terreno del adulto. En esta coyuntura se vuelca a las cosas que le rodean. Con ellas puede contar. Las cosas no lo desilusionan y hasta llega a personificarlas, tomando aquí gran importancia el objeto como recurso metafórico en la escritura de Ana María Matute.

 

La selección del objeto para explicar en parte el lenguaje metafórico de Matute, se debe a su función sintético-visual por la que simplifica explicaciones y nos lleva de la mano con sencillez, a través del pensamiento del personaje, reduciendo las abstracciones a formas más simples de comprensión. Así, idea y lenguaje quedan unidos, identificando de esta forma las emociones y pensamientos del personaje que incluso llega a humanizar.

 

Las cosas tendrán su función equivalente, pero me limité a examinar solamente el objeto como agente inanimado que reemplaza la emoción o la abstracción en el mundo del personaje de Matute. El objeto aparece en cada historia para evocar algo, para indicar el paso de una situación a otra o para aunar planos de tiempos distintos, de una manera imperceptible y natural. A veces se personifica y adquiere significados diversos, aunque siempre tiene una función visual. El objeto se convierte en símbolo al cual dirigimos nuestra atención y cuya presencia resulta ser el leitmotiv de la historia.

 

Estudiaremos primero, la función del objeto como remate metafórico del pensamiento del personaje y después su función como núcleo o esqueleto del cuento. Para desarrollar la primera parte, trataremos los siguientes cuentos: "El niño al que se le murió el amigo" de Los niños tontos, "Los pájaros", "El incendio" y "El ausente" de Historias de la Artámila. Los dos primeros se relacionan con niños, el segundo con un joven y el último con un personaje adulto.

 

Los juguetes y el traje de hombre son los dos objetos que facilitan el paso de lo concreto a lo abstracto en "El niño al que se le murió el amigo". Esta función se consigue tanto al nivel del personaje como al receptivo del lector. Los juguetes, realidades entendidas por el niño (Jones, 99), están unidas a la existencia del amigo. Cuando quiere jugar con él, no puede relacionar la presencia de los objetos con la ausencia del amigo. Esta ausencia, la que la madre le aclara como la muerte, no puede compararla a nada, no hay referente. Para aclarar su situación elige la soledad y al reflexionar, llega a conectar objeto y abstracción: es el significado de su vacío. Matute también se sirve de otro objeto, el traje de hombre que le compra la madre, para mostrarnos un crecimiento psicológico a través de la talla grande del traje. De esta forma perceptual, Matute explica lo complicado: la abstracción. Se consigue por medio de una prosa poética cuyo balance es positivo ya que el niño logra comprender. El lector, desde fuera, también es capaz de retener la imagen de los objetos.

 

En "Los pájaros", hay intrusión de terreno por parte de la niña al querer saber qué pasa más allá de lo límites de su casa y penetrar en la finca de Los Amaranto, gente no muy sociable. Después de conocer al guardabosques y a su hijo Luciano, la niña cambia de parecer sobre ellos. De cerca los ve normales, no como se los hicieron temer. El muchacho es uno de los prototipos de Matute: ojos brillantes, cabello de oro y un defecto físico que lo separa de los demás. Es el 'niño de oro' que nos aparecerá en otros cuentos. Es un ser especial, puro, inocente y solitario que vive en su mundo de fantasía. De ahí que se comunique mejor con los animales. Su padre llama a los niños 'pájaros', con-teniendo un doble significado: vuelan, se van, vuelven, pero ya son 'otros'. Nos anticipa con esta palabra-presagio lo que tendrá de significativo al final por su muerte. A Luciano le hace vivir el poder de la fantasía hecho realidad: sentirse pájaro. Imitando a los pájaros el niño se separa del resto y sólo vive en comunicación con ellos; sólo sabe su secreto la niña. Él la adentra en sus conocimientos de las diversas especies, presentándole un mundo puro, onírico. Entre la familia de ambos existen tantas diferencias como entre el niño y el adulto y el niño y otros niños sin fantasía; por eso, no se comprenden. El padre de Luciano es guardabosques, ella pertenece a una familia pudiente. Sin embargo, es capaz de captar sus anhelos. Luciano en su aislamiento desea comunicarse con los seres de su mundo especial y para hacerlo, se sube a un árbol, intenta volar, se cae y se mata. Lo sabemos cuando, a la entrada del otoño, la niña descubre un espantapájaros en los campos de Luciano que lleva su camisa y él ha desaparecido. El objeto, la ropa, sufre un antropoformismo singular y el niño consigue sobrevivir en un tiempo mágico, eterno, ya que los pájaros lo reconocen y vuelan sobre él. De esta forma se unen fantasía y realidad. El espantapájaros es el objeto que permite la transición a una forma de vida otorgada a los niños inocentes que viven en ese 'otro espacio'. Para Luciano la única solución era la muerte. Marta la cocinera de la niña, reconoce la dualidad de la vida de Luciano al indicar como se mató: "Sí, en este mismo suelo triste, que Dios nos dio"(Historias de la Artámila, 140), al tiempo que reconoce la sabiduría de los niños. El lector retiene fácilmente la imagen del espantapájaros; su función visual queda cumplida.

 

En "El incendio", Matute recurre al fuego para ejemplarizar la vida sin futuro de un joven y su auto-destrucción. Otra vez nos tropezamos con un ser enfermizo, abusado por la vida, sin ilusión que precisa de fantasía para seguir viviendo. El objeto de enfoque será la diadema que lleva una mujer del pequeño circo que visita su ciudad y el valor de transformación que sufre, según avanza la historia y el pensamiento del joven. Equiparado al incendio real del circo que el joven provoca, está el incendio psicológico que lo consume: no puede controlar el ímpetu emocional del amor, propio de su juventud, que no ha podido realizar. A la mujer que lleva la diadema la identifica con lo especial, con lo que el sueña. A medida que el cuento transcurre y la realidad se encarga de destruir su fantasía, la diadema va tomando tonos menos brillantes. Llega hasta a desaparecer su interés por ella cuando la ve de día. Para defenderse de su propio error, deshumaniza a la mujer (Jones, 45) y la compara a los cuervos que le mostraba su padre de niño: la ha visto como es, no es bella ni especial. Ni siquiera chilla, grazna. De una marioneta caída entre los escombros dice que es más auténtica, 'indestructible' por pertenecer al mundo del arte. Al final los guardias, esperándole para llevarlo a la cárcel, marcan el final de su fantasía. Tanto si el joven trata de modificar su presente o retroceder a la niñez, recordando al padre, el resultado es el mismo. La diadema nos lleva de la mano a identificar de forma física, los sentimientos del joven y su encuentro con la realidad. El fuego psicológico, dado en el brillo del objeto, aparece y desaparece con la ilusión o desilusión del joven.

 

En "El ausente" se presenta la vida de dos adultos que no se comunican. De nuevo aparece el tema de la soledad en el compartir diario de Amadeo y Luisa. La ausencia temporal de Amadeo hace que Luisa se fije en aquello que lo representa: su ropa. El abandono en que la ve le recuerda al marido y sufre al pensar que quizá no vuelva. En el hiato de tiempo entre su posible huída y el recuerdo, Luisa reflexiona sobre su relación; él hace lo mismo. El final es positivo. Ambos se sumen en un monólogo interior que, como dice Silvia Burunat, los lleva al subconsciente y a considerar su amor (El monólogo interior como forma narrativa en la novela española (189). La representación del marido, la ropa, lleva a Luisa a la idea abstracta: la relación que comparten y a darse cuenta que los sentimientos que cree albergar por Marco --el supuesto amor romántico de su vida-- son menos valiosos que la emoción que le produce la sombra del esposo y el temor de que no vuelva. El lector mantiene fácilmente la imagen de vacío producida por la ropa inerte sobre la silla, esperándolo.

 

Ahora pasaremos a ver cómo Matute usa el objeto con mayor campo de acción, como núcleo del cuento. Examinaremos por orden de edad del personaje los siguientes cuentos: "El niño de los hornos", "Muy contento" y "El maestro". 

 

"El niño de los hornos" personaje principal del cuento, carece hasta de identificación personal. Se le conoce por lo que ni tiene psicológicamente, amor, y por lo que hace: hornitos donde juega solo. El objeto, el horno, nos conduce de principio a fin, en círculo, a definir el sentimiento de un niño que parece hueco. Vive en un mundo de fantasía que la autora nos hace entrever, ya que no comparte el amor de la familia. Al darle la espalda cuando el hermano nace, el niño se refugia en sus hornos. El narrador del cuento nos ha dicho al principio que: "Le trajeron un hermano como un conejillo despellejado" (Los niños tontos, 79). Es fácil engañarnos suavemente y transportarnos con toda naturalidad a la deshumanización del hermano. El cuento termina así: "Prendió su hornito querido y metió dentro al conejillo despellejado" (Los niños tontos, 79). El intento de tomar parte en el mundo adulto se le niega. No hay salida: todo acaba como empezó. El horno fija la abstracción de soledad, de falta de comunicación y de deshumanización, visualmente.

 

"Muy contento" utiliza una fotografía. El objeto lleva al personaje principal a su emancipación aunque en circunstancias muy especiales. "Empezó el día de la fotografía..."(Algunos muchachos, 65). La foto hace el efecto de espejo y lo lleva a una introspección de su vida y decide, inmediatamente, librarse de un presente insatisfactorio. Por primera vez se ve al lado de una mujer que no conoce y observa a otro ser al lado, él, al que no reconoce. A través de esta retrospectiva, sabemos que su vida fue dirigida por los demás; por eso, al despertar a una nueva realidad, se siente extraño a sí mismo. En la familia el adulto impera. Es el que tiene éxito e impone su canon. Aunque el saber, el conocimiento le han llegado, no así la madurez. Le han negado algo y rehusa pasarse al terreno del adulto. Quema el negocio del padre, va a la cárcel y, según él, se libera de cuanto le rodea porque no quiere pertenecer a un mundo ajeno. Termina diciendo:"Todo, repito, sucedió gracias a la fotografía" (Algunos muchachos, 65). Con este objeto la autora nos encamina desde el principio al final, pensamiento fijo en la imagen de la foto, a conocer la tragedia de Ramón, a comprender el mundo falso y aglutinado en que ha vivido sin su participación.

 

"El maestro", es tema de personaje adulto en el que la muerte está presente. Un cuadro de Jesucristo, en su papel de maestro, y la corbata que se ponía el maestro a diario para ir a la escuela, serán los dos objetos que marquen, el primero el idealismo que sentía cuando llegó al pueblo, y el segundo la pérdida y recuperación de su dignidad. El cuadro describe la presencia de un Jesucristo que clama por algo. La imagen le persigue durante toda su vida en el pueblo, donde, víctima de las circunstancias, se convierte en un borracho degenerado. Se queja de aquellos que le rodean y no responden a su idealismo: niños o mayores. Cuando el conflicto de la guerra civil española divide al pueblo en dos, opta por el de abajo, el sometido. Cuando es acusado de traidor por el vencedor, él sabe muy bien que no lo es. Con su dignidad recuperada, sin protestar, va hacia la muerte. El gesto de ponerse la corbata, le devuelve a su posición de educador. Con ella marcha hacia el pelotón de la muerte.

 

En la mayoría de las historias de Matute el personaje principal comete un fallo, un error trágico, que lo lleva a la destrucción. Él mismo imposibilita la comunicación o simplemente no es comprendido porque los terrenos de entendimiento de un estado a otro de vida no se pueden cruzar: no hay intercambio. Casi siempre hay llanto y desilusión. La vida no es un mejorar, sino una repetición absurda.

 

El objeto es utilizado por la autora para concretizar y convertir la prosa en elemento poético, debido al uso metafórico que de él hace. Con el objeto Matute une tiempos distintos y enlaza momentos, sin necesidad de explicaciones prosaicas. El cuento de Matute sigue en mucho los ejes marcados por la narrativa de Anton Checkhov, según la interpretación de Charles E. May ("Checkhov and the modern Short Story" (99-217) en The New Short Story Theories. Siendo el propósito del cuento, el desarrollo de un sentimiento, el de la dignidad en "El maestro", la inautenticidad de vida en "Muy contento" y la sensación de vacío en "El ausente", para nombrar algunos, el objeto nos facilita de forma muy sencilla la materialización de una emoción surgida en el discurrir de la vida diaria, ejemplificada por los detalles. La autora elige un momento, selecciona situaciones y proyecta una realidad interior. El triunfo, sin duda, se debe al uso poético que hace del lenguaje: es una simplificación metafórica que penetra.

 

Terminaremos con las propias palabras de la autora para dar amplio crédito a lo dicho: "Los cuentos son en prosa lo más parecido a la poesía, o sea, lo máximo a través de lo mínimo" ("Babelia", 18 agosto 2001).

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

"Babelia". Entrevista con Ana María Matute. Revista literaria de "El país".

Madrid:18 agosto 2001

Burunat, Silvia. El monólogo interior como forma narrativa en la novela española, 1940-75.

Madrid: Ediciones Porrúa, S.A., 1980

Diaz, Janet W. Ana María Matute. New york: Tawyne Publishers, 1991 Jones, Margaret

E.D. Femenine concerns in contemporary Spanish Fiction by Women.

Edited by Roberto C. Manteiga, Carolyn Gaslesterstein and Kathleen McKerney.         

Potomac, Maryland: Scripta Humanistica, 1988, Matute, Ana María.  

Algunos muchachos. Barcelona: Destino, 1968  

_______________ El tiempo. Barcelona: Destino, 1981   

_______________ Historias de la Artámila. Barcelona: Destino, 1986

_______________ Los niños tontos. Barcelona: Destino, 1986

_______________May, Charles E. "Checkjov and the Modern Short Story". The New Short Story Theories.               

Edited by Charles E. May. Athens, Ohio: Ohio University Press, 1994             

_______________ Perez, Janet. Contemporary Women Writers of Spain. Boston: G.K.Hall & Co., 1988

_______________ María Sergia (Guiral) Steen, profesora y ensayista española, enseña en la Universidad de Colorado.

 

 

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