Tres enfoques sobre madres e hijas.

Por CATHERINE PERRICONE

   
  
  En un mundo ideal o idealizado, las relaciones maternas/ filiales quizás se asemejarían a las desarrolladas en La casa de
los espíritus (1982).  En esta primera novela de la escritora chilena Isabel Allende hay relaciones muy positivas entre
madres e hijas, mujeres igualmente fuertes e independientes, las cuales han sabido confrontar su medio ambiente.  Como
Gómez Parham explicó In theme and content: “One of the most fascinating aspects of La casa de los  espíritus, is this
generational bonding and the legacies passed from mother to daughter which create those bonds so clearly and so highly
valued by the novelist.� (195)
   En el mundo real, empero, el caso es frecuentemente muy distinto; y es de señalar que Allende misma presenta la otra
cara de la moneda en De amor y de sombra (1984), igual que la autora mexicana Elena Poniatowska en La "flor de lis" (1988),
y la escritora puertorriqueña Rosario Ferré en su obra La bella durmiente (1976).  Son especialmente apropiadas estas
tres obras, no sólo por su tratamiento del tema de madres e hijas, sino también por la semejanza que existe entre esas
protagonistas:  todas pertenecen a las clases más adineradas de sus países respectivos, Chile, México y Puerto Rico.
Este es un factor que puede afectar este tema universal, especialmente con respecto a la idea de autorrealización.  Por lo
general, a las mujeres privadas de recursos económicos les falta tiempo libre para considerarse a sí mismas y sus deseos.  
Cabe mencionar que Luz, la madre de Mariana en la novela de Poniatowska, comentó esto en su diario: ““Me pregunto
si Lupe [una de sus criadas] en el planchador se detendrá un solo momento a preguntarse:  'Dónde estoy? ¿Quién soy?
¿Qué quiero realmente?', o si simplemente amanece contenta con lo que hace.  Me pregunto si Felisa [otra sirvienta] lo
hará mientras bate los huevos para el soufflé y si sueña despierta en su infancia. (207) Por lo tanto, el que las
protagonistas pertenezcan a las clases adineradas con sus ventajas económicas y culturales es algo significativo en este
estudio.
   Para mi análisis sigo el orden cronológico según los argumentos; por lo tanto, La "flor de lis" ocupa la primera
posición por tratar el período durante la Segunda Guerra Mundial y la década después; La bella durmiente por tener
lugar principalmente en los años sesenta y setenta va segundo; y De amor y de sombra por su enfoque sobre los  setenta y
la primera parte de los ochenta.  Tomadas en conjunto estas obras ofrecen distintos momentos históricos en la evolución de
la cuestión primordial y complicada de las relaciones entre madres e hijas en tres regiones diferentes del mundo
latinoamericano:  México, Puerto Rico, y Chile.
   Este estudio gira en torno a las  siguientes preguntas:  Â¿Qué valores o qué tradición intentan transferir las madres a
sus hijas?  Â¿Qué modelo ofrece la madre para emulación?  Si la madre no es la que ejerce la mayor influencia sobre su
hija, ¿quién será?  Â¿Cuáles son las ambiciones  de las hijas? ¿Cuál fue el marco literario utilizado por cada
novelista?  Â¿Qué conclusiones se pueden derivar de las respuestas a estas preguntas? Valores y tradición maternas.
   En cuanto a la tradición y los valores, no cabe duda de que las tres madres, Luz, Elizabeth y Beatriz, personajes creados
por Poniatowska, Ferré, y Allende respectivamente, son mujeres moldeadas por el papel que representan en la sociedad y
están influenciadas sin duda por el sistema patriarcal. Así, la herencia sería lo tradicional. Ninguna de las madres tiene
una ocupación o profesión fuera de la casa y todas son básicamente sumisas a sus maridos. Carecen de caracteres fuertes,
a veces parecen frívolas y superficiales, y tienden a ser más interesadas en sí mismas que en sus hijas.  Cuando hay
conversaciones entre madres e hijas, es evidente que no existe una auténtica comunicación.
   A pesar de sus defectos aparentes, Luz, la madre en La "flor de lis" es una presencia seductora, casi mítica para Mariana,
su hija. En realidad, Mariana no la "descubre" hasta que tiene nueve años:  "Descubro a mamá a los nueve años.  Antes,
sólo son imágenes fugaces, mamá de traje largo yendo al baile de los Rotschild, al del Marqués de Cueva...mamá
cuyos vestidos permance-cen incólumes al tacto y a las miradas". (30)  Su madre es como una "social butterfly" sin
interés en sus niñas, quien deja que las abuelas cuiden de ellas, primero en Francia donde la familia vivió y después en
México.  Lo que es signi-ficativo tocante a esta actitud es que Luz se hizo la mujer frívola, pero inde-pendiente, cuando
está separada de su marido que se había quedado en Francia para participar en la guerra.  Cuando él regresó, Luz
cayó de nuevo bajo el control de su marido y en poco tiempo estaba embarazada.  En efecto, como Magda, una de  las   
sirvientas,  comentó:  â€œAhora la señora ya está bajo mano de señor.  También nosotras tenemos señor, el
señor de la casa.  Antes vivíamos a la hora del recreo, el día entero era de los encantados, siempre en los árboles, ahora
hemos bajado a la banqueta y las banquetas son serias, grises y monocordes...'(88).
   Paradójicamente, al parecer escaparse de nuevo del dominio de su marido, Luz cae bajo el poder de un padre francés,
Padre Teufel.  Sólo rechaza a éste al descubrir que es mujeriego.  En este caso la madre  es alguien que intenta auto
realizarse dentro de los límites impuestos por el sistema patriarcal pero no tiene fuerza moral suficiente para decidir un
camino definitivo, ni el dictado por su sociedad y su clase social, ni el que pudiera enriquecerla como individuo.  Aunque
madre, pasa sus responsabilidades de cuidar a los hijos a la abuela y las sirvientas.  No parece ni hablar con su marido, y acude
al recurso típico de correr de la casa a la iglesia, otra institución patriarcal, para buscar la felicidad.  Cuando esta salida
fracasa, se pone ensimismada y enferma.  Así, no ofrece un modelo positivo para sus hijas, aunque Mariana la idealiza y
sabe que nunca puede ser tan bella como ella.  Este énfasis en las apariencias merece atención ya que indica que la hija no
ve cualidades interiores para emular.  (Tiene otra hija, Sofía, la mayor, a quien la madre parece favorecer; pero es la
perspectiva de Mariana la que predomina en la novela).
   Elizabeth, la madre de María de los Angeles en La bella durmiente es por poco un no-ser, un ente casi anónimo.  Sólo
dos veces se sabe algo de sus opiniones o pensamientos.  En la primera ocasión, Elizabeth escribe en el album de bodas de su
hija un párrafo titulado: "¿En qué consiste la felicidad?", que es una de la perfecta casada en la sociedad patriarcal. Por
ejemplo,
después de haber escrito que lo material no es suficiente para la felicidad completa, escribe:
   â€œ...Si usted cree en Dios y en sus promesas, si es buena esposa y madre; si maneja bien el presupuesto del hogar y hace
de éste un recinto de paz y de amor, si es una buena vecina y está dispuesta siempre a ayudar a quien lo necesita, será
sumamente dichosa.� (147)
   En el segundo ejemplo, el marido de Elizabeth, Don Fabiano, le recuerda en una de sus cartas frecuentes a la Reverenda
Madre,  directora de la escuela a que María de los Angeles asistió, una faceta del carácter de su esposa; a saber, el hecho
de que "...goza con la decoración de las fiestas, la pobre, y ya ella se había hecho la ilusión de, para su nietecito, celebrar
el bautizo más hermoso que se hubiese visto jamás en Puerto Rico" (155).
   Dice "la pobre" porque María de los Angeles les ha informado a sus padres que no va a permitir el bautizo de su hijo.
Este comentario sirve para enfocar la superficialidad de la madre, quien parecía preocuparse más de las cosas externas que
rodean el bautizo que de la significación religiosa de tal celebración.  La falta total de influencia en la vida de su hija queda
patente en el hecho de que no se sabe nada directamente de lo que piensa la madre con excepción del párrafo que escribió
para su hija; y es de notar que sólo repite la doctrina oficial de la Iglesia.
   Beatriz, la madre de la protagonista Irene, en De amor y de sombra, es otra mujer débil, además de vanidosa, que fue
abandonada por su marido, cuya desaparición es un misterio no resuelto en la novela.  Beatriz prefiere creer que la dejó por
otra mujer o ambiciones de empresario más bien por ser uno de los desaparecidos; es decir, es una de esas personas que no
quieren admitir lo que va pasando alrededor de ellas. (Este es el período que corresponde a los años tempranos de la
dictadura del General Augusto Pinochet).  Beatriz pasa el día preocupada por su apariencia.  Su amorío con un hombre
joven es la única manera de convencerse que vale para algo.  No hay indicación alguna de que haya tratado de conseguir
empleo para aliviar sus necesidades económicas.  Sólo puede sobrevivir porque su hija le había sugerido que alquilara un
piso de su casa para ancianos. Beatriz parece ser una mujer a la deriva.  Â¿Cómo podrían haber contribuido estas tres
madres al desarrollo de la vida de sus hijas?  A lo mejor, son modelos negativos.  Parecían víctimas de una sociedad
patriarcal que no las había preparado por nada excepto para tener hijos y ser amas de casa, aunque no se puede negar que su
propio carácter pudiera haber influido en su victimización.  Era obvio que Luz no estaba contenta excepto tal vez cuando
vivía aparte de su marido.  Pero era una felicidad egocéntrica.  Más tarde, al parecer escaparse de la influencia de su
marido, pasa a  caer bajo el dominio de un sacerdote.  Al irse este sacerdote por razones explicadas a continuación, Casimiro,
su marido, "recuperó su pabellón" (243).   Esto de "recuperar su pabellón" tiene un doble sentido.  El marido le había
permitido al sacerdote que se quedara en un pabellón en su propiedad.  Cuando salió, Casimiro ganó su pabellón
realmente y en un sentido figurado.    Luz era esencialmente una escapista:  "[n]o enfrentarse a la adversidad es una forma de
borrarla.  Siempre encuentra un atenuante al mal, de tal manera que no establece una gran diferenciación entre el bien y el
mal" (ibid), según un comentario de Mariana.  En fin, parece que Luz tenga poco que ofrecer a sus hijas.


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