Sin embargo, en un último intento logÃstico, echó un vistazo a la que era su nueva residencia y
especuló con el precio de la propiedad en el mercado actual. De venderse en estos momentos,
calculó, se perderÃa dinero en la trasacción... habÃan reincidido en él, sus indignos
pensamientos. Pero no fuepor eso que nadie saliera a recibirlo.
Caminó unos pasos. La chaqueta abierta dejaba ver cómo su atlética fÃgura se habÃa
transformado con los años. Una pequeña y respetable barriga --sÃmbolo de hombre de peso, de
posición y de experiencia se manifestaba por debajo de su camisa blanca y desplazaba la corbata a
rayas amarilla . Se detuvo frente al atrio, al estilo Sureño-Colonial-Americano, y antes de superar sus
breves escalones le echó un vistazo al Lexus azul Prusia que quedaba atrás en el" drive way" .
Olvidó su ligero deterioro fÃsico y saltó, obviando asà el primer escalón , después, de la
misma manera, ignoró el otro hasta alcanzar la puerta .
--¡Qué raro! --frunció el ceño al decubrir que estaba entreabierta--, Mabel nunca la hubiese
dejado asÃ.
Entró y para combatir la oscuridad que lo recibÃa, optó por dejar abierta la puerta de entrada.
Entonces accionó el interruptor de la luz. Se quedó atónito ante el espectáculo que le aguardaba
--un impresionante espacio vacÃo, sin un sólo mueble! Las paredes desnudas ... nada!, lo que se
dice nada. Sólo el mismo olor a alfombra nueva de color marfÃl y tan de moda.
Perplejo, caminó en dirección a la cocina. Prendió la luz y reconoció la limpieza que siempre
seguÃa a su mujer a todas partes, porque adonde ésta fuere el orden y la limpieza reinaban.
Pero... ¿qué rayos estaba pasando all� Ni Mabel, ni los niños, ni nada! ¿Es que sus torcidos
pensamientos habÃan cristalizado?
Se le encogió el corazón al pensarlo. Si sólo era un juego, se justificó, son esos pensamientos
locos que le pasan a uno por la cabeza pero que siempre se les espanta como a pájaros temerosos.
Y por el otro lado, sólo habÃa bebido tres tragos ... y sin poder evitarlo, una sonrisa algo cÃnica se
asomó por entre sus labios. No podÃa negar que empezaba a experimentar una confusa y
ambivalente condición de alivio y pena!
El otro Martin reaparecÃa ... pero esta vez luchó contra él mismo y vencieron la lógica y la
sensatez .
La disposición de los enseres eléctricos era la misma de la mañana, la lavadora de platos a su
derecha y el frigidaire doble y regordete en frente de ésta. Trató de explicarse aquel calor
agobiante que de nuevo lo hacÃa sudar copiosamente, pero no supo cómo .
¡Ni un alma! ¿Adónde fueron a parar los muchachos?, se preguntó a sabiendas de que el mero
hecho de haberles sucedido algo lo enloquecerÃa Ahora, angustiado, lanzó un vistazo definitivo a la
redonda . Ya empezaba a reconocer, no sólo un lugar totalmente deshabitado sino que también
veÃa la posibilidad de que fuera ... , una casa ajena!
--¿Pero que confusión es ésta, coño....? --su voz escapó desde sus adentros reverberando en
el vacÃo. Espantado por la confusión , huyó hacia la entrada. Bajó abochornado los escalones del
atrio. Y ya afuera, en medio del césped , la puesta de un sol anaranjado le pegó duramente en la
cara cerrándole los ojos .
Cuando los abrió, vio la figura de su mujer erguida en el "driveway" aledaño. Bonita, elegante y
joven aún, sólo que más delgada de lo necesario. ¡Ay, cuántas
veces no le habÃa recordado delicadamente que adelgazaba más de la cuenta, porque en realidad lo
que echaba de menos un "latino" como él era perderse en las carnes voluptuosas y mullidas de una
mujer redonda a la hora de hacer el amor.
Mabel miraba a su marido con una expresión de asombro que poco a poco se fue traduciendo en una
divertida sonrisa. "¡MartÃn! --reconoció el hombre su voz fa
miliar desde lo lejos-- te equivocaste de casa! ¡La nuestra --enfatizó Mabel-- es ésta! . Y
observó el dedo firme de su mujer al señalar "la casa de al lado ".
Se desvanecieron entonces todas las dudas. Y aliviado, sin las culpas que hubieran empañado su
conciencia, observó a Mabel avanzar hacia él. .- Es fácil confundirse, --le decÃa tomándolo
del brazo--, si todas son iguales!, tendremos que arreglar la nuestra de un modo diferente..., qué te
parece las azalias? Eso, sembraremos azalias, y asÃ,-- continuó justificando la torpeza de su
marido--, no nos pasará lo mismo en el futuro, Papi".
--SÃ, --respondió Martin,
dejándose arrastrar hacia la casa de" al lado", no me habÃa fijado hasta ahora en lo parecidas que
son.
Recordó que el nuevo Lexus azúl Prusia quedaba estacionado atrás, pero se limitó a no
mencionar nada . ¡Qué carajo ... !, y como siempre terminó dejándose llevar por la mano
sensata y segura de su esposa . Postergó cualquier explicación . Ahora mientras caminaban a su
verdadera casa, sintió el gesto amoroso de Mabel posándole su cabeza sobre el hombro derecho.
--Espero que el Taxi no te haya costado mucho --comentó ella descono- ciendo la reciente
adquisición del auto--, la tirada fue bastante larga. Con pasos silenciosos subieron al atrio. "¡Ah
--agregó--, me olvidaba!, si te decides por el Lexus, no lo escojas como ése del "drive-way", todo
el barrio lo tiene en azúl Prusia".
A partir de ese momento MartÃn decidió que no aclararÃa ni pÃo. Y a través de sus cansadas
emociones observó cómo atravesaban el umbral de la puerta de su casa, que era tan grande y
parecida a la de la casa de al lado. La familiaridad volvió a sus ojos cuando vio el viejo sofá y
algunos de sus cuadros favoritos en las paredes del "living". Y juntos subieron hasta el dormitorio.
Semanas después, se mudaban a aquella casa vacÃa --la del equÃvoco-- , sus nuevos y
legÃtimos dueños, llenos de entusiasmo y dispuestos a emprender una nueva vida, pero jamás
supieron que Mabel "la viuda" de Martin, y a la que nunca llegaron a conocer , después de entregar
la casa "de al lado" y el Lexus a la Institución Bancaria, se habÃa ido al Sur con sus hijos, allá,
adónde su madre, Doña Justina.
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Roberto Lozano, (Cuba, 1944) pianista y compositor, ha incursionado también en la literatura. Su
primera canción, "Al amanecer" ( con Titti Sotto), la grabaron "Los Cinco Latinos" en 1969.
