La casa de al lado
Por Roberto Lozano
Martin estacionó el auto en el "driveway" y ni siquiera intentó bajarse de él. Permaneció
allà por un rato, pegado al asiento del flamante Lexus 480.12 XL. ParecÃa remoto, ajeno a las
circunstancias, absorto en una indecisión, algo que cualquier especialista o psicólogo
diagnosticarÃa como uno de los sÃntomas del sÃndrome P.P.U.P.L.D --Post Promotion up
the Professional Ladder Depression-- y que de un tiempo hacia acá comenzaba a manifestarse en
aquel hombre profesional de mediana edad. (Depresión después de haber sido Ascendido en
su Carrera Profesional , o algo asà )
Con sólo 30 millas de caminado ya querÃa devolver el lujoso auto azúl Prusia. El
complemento al Sueño Americano y la sorpresa que dÃas antes le habÃa anunciado a su
esposa como un merecido reconocimiento al esfuerzo de alguien que habÃa escalado, junto a
él, la dura cuesta hacia el éxito económico y profesional
A través del cristal lÃmpido del auto, fijó su mirada sobre la puerta blanca del garage que
parecÃa haberse ampliado en sólo unas horas. Aún asÃ, todavÃa guardaba proporción
con las dimensiones de la mansión recién construÃda que se erguÃa frente a él. Lo que le
hizo reflexionar sobre las necesidades básicas de una familia como la suya que en sà no
requerÃa de aquel espacio.
Se preguntó cómo su mujer de tantos años no se habÃa percatado de la apatÃa que a
duras penas escondÃa detrás de su rutinaria existencia. Las cosas parecÃan andar bien y
coincidir entre sÃ, pero su abatido y cansado órgano vital, el que una vez fuera refugio de
sueños , discrepaba de todo su entorno por lindo y fantástico que éste fuera.
La idea de devolver el Lexus le golpeaba las sienes y habÃa acaparado toda su atención desde
su reciente adquisición. Permaneció clavado frente al volante y de no haber sido por el
pantalón, su propia piel se hubiera fundido con la del asiento. Porque adentro, un calor penetrante
exacerbaba al olor de la legÃtima tapicerÃa que ya permeaba todo, a pesar de que afuera, una
llovizna comenzara a refrescar indiscrimina-damente el desolado paisaje suburbano.
Rechazó todo lo que la comunidad residencial, recién construÃda y a un elevado costo,
representaba .
Las mansiones eran de ostentosa mediocridad y con ventanales hasta el techo . Los atrios de
acceso parecÃan tener una sola finalidad, la de recordale a los nuevos moradores que habÃan
superado el nivel del suelo común y que de ahora en lo adelante eran parte de un estamento
privilegiado .
Martin, no necesitó de mucho para sincerarse consigo mismo. Por primera vez se atrevió a
desafiar el "acuerdo colectivo" que sutilmente y sin darse cuenta lo habÃa atrapado en sus garras.
No lograba explicarse su indiferencia ante todo aquello que otros a la mierda. --¡No puedo ser
cómplice de estos deseos tan irresponsables e inmaduros ? No obstante , algo más fuerte que
él volvÃa a desvelar un Martin, que no era como el otro, al que siempre conoció.
¿Por qué aquella imperiosa necesidad de descargar toda su frustración en su propia familia?
Fue entonces que le aterró su canallezca imaginación --nada que ver con la ridiculez del
"absurdo", sino más bien, con la mediocridad injuriosa de la cobardÃa.
¿Qué se le habÃa metido en la cabeza a aquél ejecutivo joven después de los regulares
tragos de Vodka-Martini que apuraba dÃa tras dÃa ?
¿Qué rayos le estaba sucediendo a aquel hombre de incipiente calvicie y de tan sólo 55
años de edad? ¿Por qué aquella deformación moral que hasta ahora no habÃa aflorado a
la superficie? ¿Por qué abandonar la familia? ¡Por Dios!, ¿hasta qué punto he llegado?
Pasó su mano derecha por la frente sudorosa, y sintió tambien la humedad que le subÃa por
entre los muslos hasta las mismas nalgas.
Todo este tiempo habÃa permanecido sentado dentro del carro y sin ventilación. Entonces,
como un mortal agonizante, tiró de la manija de la portezuela y saltó al césped mojado.
HabÃa cesado la lluvia.
Se tapó la cara con sus dos manos y desesperado aspiró el aire fresco del atardecer. Se juró
hacer lo indecible por borrar aquellos pensamientos impropios de un hombre "decente" como É
l. Definitivamente, éstos no represen-taban al Hombre de éxito que impresionara a sus amigos
y colegas apareciendo en la portada de la revista hispana de más prestigio en todo el paÃs. En
sólo dos años, la familia Sánchez se veÃa catapultada, social, económica y
profesionalmente, a la cima!... y a los suburbios de Los Angeles .
Una buena inversión, le explicaba a su esposa Mabel antes de dar el gran paso, asegurándole
que más tarde equivaldrÃa a una legal protección tributaria. En todo el paÃs se le conoce
como una táctica defensiva frente al implacable mordisco de la institución más temida por la
ciudadanÃa afluyente --el Fisco! Ya por entonces el salario anual de MartÃn sobrepasaba las
cinco cifras. Helo aquÃ, el momento tan ansiado por aquel empleado de la Banca --el
desenvolvimiento económico que le porporcionarÃa finalmente el "ahora sà que vamos a poder
disfrutar de la vida", como si hasta ahora, la vida hubiera transcurrido en un planeta yermo de
intransitables pedregales. (continúa... >>>)

