Continuación
CASI
Me miraba a los ojos. Me estaba pidiendo, como siempre, "échame una mano". Pero la mÃa, se quedaba corta. "Como
siempre, me dije. Alguien tiene que resolverle el problema. El era el mimado en casa, yo no. Ni los juguetes rotos de niño, ni el
dinero robado, ni los relojes descompuestos, conseguÃan llamar la atención. Todos se volcaban hacia él; era, por asà decirlo,
"mi otro lado": el bueno. El que funcionaba como eco para recordarme lo que yo no
hacÃa. No importaba el que, servÃa de espejo donde se miraban los adultos para alabar en él la bondad, el sentido común, en
fin...lo esperado: virtudes que conmigo nunca estaban de acuerdo.
--Escucha, ¿y te acuerdas que por la mañana, para el desayuno, te daban la nata de la leche con azúcar, tostada y besito?
----"Aquà está cariño, susurraba TU MADRE a lo bajo. Los demás nos tomábamos, de la leche, el resto: aquello que
quedaba sin nata.
--Bueno... Si te vieras los ojos de angustia que tienes! Recuerda que siempre te salÃas con la tuya. Claro que también
estudiabas. Pero es que tenÃas mas suerte: eso era. Yo no. ¿ Y para que estudiar? Si nadie me decÃa ni hola. Ni cuando
destruÃa juguetes, ni cuando sacaba buenas notas en clase; al menos, no me recuerdo. Solamente llamé la atención aquel dÃa
que, harto de ti, --entonces tenÃa tres años, cabello ondulado rubio, orgullo de TU MADRE-- te corté la dermis y la
epidermis de tus piernas, con una hoja de afeitar. Sólo entonces, al fin, se fijaron en mÃ.
--Tú lo sabes muy bien. MÃralo como quieras, siempre te salÃas con la tuya. Eras la vÃctima. "El niño", como asà te
llamaban. "El pobre", como sangra!-- se oÃa con gritos de espanto.
--Pero es que también me seguÃas a todo. Si querÃa dinero para ir a jugar al billar, allà estabas con tus cinco 'pelas',
ahorradas del domingo pasado. Además "el niño", TU, me cubrÃas las faltas a clase y mentÃas sobre dónde estaba. Claro,
se podÃa entender: tenÃas que hacer el papel de sufrido. Sé que era sólo por eso, por lo que me dabas dinero. Eras
también, el politiquero; el que hacÃa cosquillas a Mamá y se apoyaba en su pecho, haciéndose el niño para asà tenerla
feliz.
--SÃ, claro, al fin y al cabo, tenÃas la pierna derecha más corta que la otra. Siempre con el yeso, las muletas y el zapato de
suela más alta. Pero sà es que eras un cuadro de asco! El Cordero Pascual! El hecho de ser el pequeño, la fractura en la pierda
y los años de continuos problemas --por aquel fallo que tuvieron de no curarte bien--,te consagraron de héroe.
-- ¡Ya lo sabes tú bien! Que te voy a decir yo! Y luego TU MADRE, proclamándote poco más que santo. Te habÃa
hecho intocable. Aunque a veces, yo hacÃa de las mÃas también. Por las calles corrÃa y corrÃa; él me buscaba y yo me
escondÃa. Le hacÃa rabiar hasta hacerle sudar, como ahora. Allà estaba, medio ahogándose. El gozo que sentÃa,
compensaba las horas y horas de escuchar alabanzas continuas: "El niño aquà y el niño allá".
--¿Recuerdas cuando te cansabas de arrastrar las muletas y me suplicabas: "No me dejes solo que no puedo más"? ¿Pero
no te dabas cuenta que lo hacÃa a propósito? No, que va! No te percatabas de que mi intención era otra. ¿De que estaba de
ti hasta la coronilla? En cuanto a ir al cine --me decÃa sereno-- ¡Que pague la entrada si quiere ir conmigo! Total, yo ya me
gaste la propina. Le diré eso y vale.
Y ahora, allà estaba, delante de mÃ, medio ahogándose. Se debió caer al agua al coger una piedra; pondrÃa la muleta en
falso. Una de ellas, se veÃa en la orilla, lo otra flotaba en el agua. !Claro! Si es que tampoco sabÃa nadar; no pudo aprender por
la pierna enyesada. La llevó por dos años hasta que aquel dÃa, estando en el cine, un hombre nos dijo que podÃa ayudarle.
Lo llevó de consulta SU MAMA y lo primero que hizo es quitarle la escayola para que creciera. Era cuestión de esperar a que
la derecha se uniera en altura a la otra. Por supuesto, que llevarÃa su tiempo. De momento llevaba muletas y un zapato de
cuña: de cuña muy alta. Y allà estaba otra vez, enfrente de mÃ. AgonÃa en los ojos, abrÃa la boca y tragaba agua. Ya no
hablaba. Se le veÃa sudando, "como siempre". Esta era la gran ocasión, el momento de quitarlo de en medio. Quizá después,
podÃan dedicarme más tiempo. Tantos años de espera!
--Hermano no p..--, se escuchó.
Le miré. No me sorprendÃa; no pudo adivinar la historia que pasó por mi mente. ¡Ni la sospechaba! Fue un momento
breve, poderoso. Casi satisfizo mi sed de venganza, casi.
De repente, vi el reflejo deforme de su cara en el agua: la que yo veÃa, pensamientos, de mi envidia verdosa. Contrasté con
ella su rostro inocente y...cesó el temblor de mis manos.
-- Agárrate fuerte--, le dije.
MarÃa Sergia Guiral Steen,
cuentista y profesora española, enseña en
Colorado University, en Colorado Spring.
�ndice