Continuación
--¡Me quedo con tu "chevy"2, Miguelito!_ y resonó una carcajada general.
La humedad persistÃa y el sol estaba aún lejos de calentar. Era apenas las seis y media de la mañana: todo habÃa
ocurrido en veinte minutos, veinte minutos que parecÃan un siglo. El orden iba restableciéndose y la mañana se
recomponÃa, aunque hoy los presos se quedaran sin desayunar. TodavÃa tenÃamos todo un dÃa por delante.
Y todavÃa sostenÃamos a La China, que soportaba el dolor como todo un hombre.
--Mi custodia, ¿nos da permiso para llevar a La China a la enfermerÃa?--, le pregunté al mismo que le habÃa disparado.
--¡Llévenselo!--, contestó secamente.
Por el camino, mi herido compañero aflojó sus fuerzas y comenzó a llorar. Ahora habÃa terminado la actuación y
estábamos entre amigos, entre bambalinas, y el dolor fÃsico y moral iban tomando su lugar.
--Ahora me cambiarán el nombre, Poeta--, me dijo La China, sorbiendo las lágrimas y esbozando una sonrisa. --Seré "La
Coja".
--"La China Coja", pero no te preocupes: "siempre nos quedará ParÃs"--, le dije yo, y comenzamos a reÃrnos mientras
nos acercábamos a aquello que también libérrimamente llamábamos "enfermerÃa".
--Uuuyy, de la forma en que vamos a ParÃs nunca llegaremos. Yo me conformo con un poema. ¿Me harás una poesÃa
para mà sola, Poeta? Nunca nadie me ha hecho una cosa asÃ. Me han hecho de todo, menos eso.
--Seguro, China. Mis mejores versos serán para tÃ.
Madrid. Febrero 1984-Diciembre 1995.
Notas:
1 El "plan" de machetes es una represalia comúnmente aplicada por los encargados del orden en las prisiones cubanas. Consiste en golpear con la parte
no afilada, sino "plana", del instrumento.
2 La palabra "chevy" define literalmente un modelo de la marca de coches Chevrolet. En la jerga carcelaria cubana, se le llama "chevy" al joven que,
presionado o voluntariamente, se convierte en pertenencia, sexual y de servidumbre, de reclusos más poderosos y fuertes. La similitud reside en que en
ambos se "monta" o se accede por atrás.
El llenador de barriles
“...si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro�.
Italo Calvino
Si no te hubieras marchado de Armilla nada más nacer por allá por Güira de Melena o Santiago de las Vegas, habrÃas
sabido que con el agua no se juega ni se arman todas esas fantasÃas tan bonitas y sublimes que sólo se lee la gente que tiene
agua. ¿O tú te crees que yo tengo tiempo para tales boberÃas? No, hermoso, no. AquÃ, en esta Armilla de mierda,
racionaron el agua a principios de los sesenta con el pretexto o la intención (yo qué cojones sé lo que va primero) de
hacerla llegar a todo el mundo y lo que de inmediato pasó es que no llegó a nadie. No llega a nadie. TodavÃa. Eso es lo que
se llama “desvestir a un santo para vestir otro�. No, mira, si yo tengo un trapito cubriendo mis partes pudendas, pues
déjame el trapito, y si el de más allá tiene un tuxedo, ya sea robado o comprado moneda a moneda déjaselo, qué más
da, si al final el del trapito termina robándose el frac porque somos asÃ, la especie humana es asÃ, pero no esta cosa de
¡¡¡¡¡¡¡hala!!!!!!! todo el mundo en cueros. Como si estuviéramos en el ParaÃso Terrenal, con Adán y Eva... Y
tú, venga a hablar de Armilla con esa nostalgia babosa... No. No. Como dice la canción: “bájate de esa nube y ven aquÃ
a la realidad�. Y la realidad es que el agua llega después de las once de la noche y se va a la una, y no siempre, pero nunca
sabes bien cuando es ese “no siempre�. O sea, que si quieres salir a tomar el fresco, emborracharte, escribir una de esas
mariconerÃas frÃas sobre Armilla, comer con unos amigos, singar... ¡zas! ¡coito interruptus! ¡quédate con la leche en
la punta de la pinga y jódete porque a las once... a las once toca el agua! Asà que si vas a suicidarte, que sea por la mañana.
Ni eso.
Y no olvides los preparativos:
1
El barril. Recipiente de madera en forma de tonel donde viene envasada la (supuesta) manteca de cerdo que llega de alguna parte
ignota del planeta. Para adquirir uno de ellos tienes que coincidir con el dÃa “buenoâ€� del bodeguero, o si tienes tetas
enseñárselas, o si tienes un buen culo ponerlo en pompa, o chupar o darla a chupar (depende de la “orientación�
sexual del compañero colocado por la Oficoda para atender el suministro de los alimentos básicos), o simplemente pagar en
metálico por las cuatro tablas que, además de todo, se pudren como a los tres meses y que en definitivo es el método más
digno, si todavÃa nos queda algo de dignidad.
Llevarlo rodando desde la bodega hasta tu casa por toda la calzada, bajando la vista ante la mirada de los que miran y piensan â
€œqué habrá tenido que hacer éste para hacerse con el barril...â€�Llegar a casa y darle una buena fregada (o limpieza,
por si se te ha olvidado el sinónimo por el tiempo que llevas fuera de Armilla) y si se ha terminado el detergente, darle ceniza de
carbón vege-tal que también quita bien la grasa, pero te jode las manos hasta el codo. Y finalmente intentar mantenerlo varios
dÃas lleno de agua para que la madera se hinche y selle los intersticios por donde se cuela y desaparece fácilmente el apreciado
lÃquido (¿me quedó bien esto último?).
2
Las mangueras. Hay que abrir el grifo, dejarlo abierto y enroscar la boquilla de la manguera. Si la manguera no tiene boquilla con
su rosca correspondiente, natural y lógica, apáñatela con trapos, trozos de tela, cuerdas, el copón divino, para dejar
colocada, o semi-colocada, la goma al tubo por donde llegará el agua clara y serena que de la sierra bajando va (eufemismo
piadoso: viene de algo que llaman dudosamente depuradora y que está camino de la vÃa del tren en dirección a La Habana,
por ahà mismo, por donde tantas veces he follado, amparado por la noche y la manigua y teniendo buen cuidado de esquivar el
marabú).
Sombrero y capa de agua vieja, colocados en la última butaca del juego de comedor, lo más a mano posible de la puerta del
patio. ESTO ES PR�CTI-CAMENTE M�S IMPORTANTE QUE TODO EL RESTO DE LA OPERACIÓN.
Esperar pacientemente las 11, las 12, o la santa hora a la que el cabrón del agua se le ocurra proveernos. Mientras, puedes leer â
€œLas dos mitades del Vizcondeâ€� (asà fue como tradujeron tu libro en Armilla) a la luz de un quinqué antiguo (lo que
denota cierto poderÃo) o de una “chismosaâ€�, que es una lata con una mecha metida en keroseno y que mancha todo lo que
le quede cerca, hasta el alma, por no hablar de la mente, que la deja seriamente polucionada. De las velas no me acuerdo,
¿existÃan?
De pronto, los sonidos profundos de las entrañas de las cañerÃas y desagües te anuncian por fin que algo inminente
puede estar por suceder. A veces es una falsa alarma y tienes que volver a la última página en donde dejaste la mitad del
vizconde. Pero otras veces no, ellos son buenos y el sueño se hace realidad: llega el agua.
Y entonces corre, porque nunca puedes estar totalmente seguro de cuánto va a durar el milagro.
Primero espera a que salga todo el aire acumulado en las cañerÃas y cuando veas brotar el lÃquido, ponte en marcha.
Vete al comedor (recuerda que en Armilla, el comedor suele estar al lado de la cocina e inmediato anterior al patio), da la luz
(que es algo parecido a “dar a luzâ€�, pero como dice Silvio, otro armillero que vivÃa en la calle Zanja antes de venderse al
stablishment, “no es lo mismo pero es igualâ€�), pero no enciendas todavÃa la del patio. ¡Mucho cuidado con no
equivocarte en esto porque la puedes pasar NEGRA! Cálate el sombrero y tÃrate por encima del todo la capa de agua
intentando que te cubra totalmente, dejando espacio solamente para los ojos que como eres miope por suerte llevas gafas (o
espejuelos, como se les llama en Armilla) y que te protegen esa mirada tuya que a veces parece extraviada. ¡Y AHORA,
TODO A UN TIEMPO:
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