El arte y la política marchan juntos en los
Estados Unidos
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AGUSTIN BLAZQUEZ Y JAUMS SUTTON




Vamos a no engañarnos: la política es un factor en seleccionar quien entra y
quien sale en el campo del arte en los EE.UU., igual que lo es en la Cuba
totalitaria. A aquel que diga que no es así o es un ingenuo o un mentiroso. La
base de este prejuicio ha sido creada por décadas desde que comunistas,
socialistas, progresistas, liberales y todos los otros enemigos de los EE.UU. -
todos con una agenda política que en definitiva es de la extrema izquierda -
han específicamente buscado empleo y otras asociaciones con los medios de
prensa y del arte. Esta posición privilegiada les permite el control de lo que se
ve y se oye en los medios de información que penetran nuestras vidas
afectando las opiniones de la población fácilmente inclinando la balanza
política del país.
Una herramienta sutil de esta agenda es la instalación de la autocensura en las
mentes de la población, recalcando lo "políticamente correcto," que tan
extenso está en nuestros centros de enseñanza en los EE.UU. Ello dicta lo
que se puede aceptar y lo que no. Resistir resulta en ser excluido y acosado en
las universidades de los EE.UU., o en serle negada la tenencia a profesores que
piensan de diferente manera, como en el caso de del cubano-americano Juan J.
López, de la Universidad de Illinois en Chicago.
En mi artículo con Jaums Sutton, titulado "Lo Políticamente Correcto: La
Calamidad De Nuestros Tiempos," publicado en el 2002 por The Washington
Dispatch, NewsMax, y Cubainfolinks, discutí el origen, los creadores, y el
propósito de esta aberración que rige en los EE.UU. hoy.
Lo busqué. Fue desarrollado en el Instituto Para Investigación Social en
Frankfurt, Alemania, que fue fundado en 1923 y vino a ser conocido como la
"Escuela Frankfurt". Era un grupo de pensadores que se unieron para
encontrarle una solución al mayor problema encarando a los que estaba
implementando el comunismo en Rusia.
¿El problema? ¿Por qué el comunismo no estaba avanzando? ¿La
respuesta? Porque la civilización occidental estaba de por medio. ¿Cuál
era el problema de la civilización occidental? Su creencia en el individuo - que
el individuo podía desarrollar una idea válida. En la raíz del comunismo
estaba la teoría que toda idea válida proviene del efecto de un grupo social
en las masas. El individuo es nada. Y creían que la única manera de que
avanzara el comunismo era ayudando (o forzando, si necesario) a la
civilización occidental a destruirse ella misma. ¿Cómo lograr eso?
Debilitando sus cimientos disminuyendo los derechos de estos irritantes
individuos.
¿Una manera de lograr esto? Cambiándole los patrones del habla y
pensamiento al esparcir la idea que vocalizar los sentimientos personales de uno
es una falta de respeto para los demás, y tiene que ser evitado para reponer
inigualdades e injusticias del pasado. Y dele a esto un nombre de algo que
suene positivo: "Lo Políticamente Correcto."
Inspirado por la nueva técnica comunista, Mao, en los 1930, escribió un
artículo sobre la "correcta" forma de manejar las contradicciones entre las
personas. El "entrenamiento sensitivo" - ¿suena familiar? - y los códigos para
discursos nacieron.
Después de Hitler, en 1935, la Escuela Frankfurt se mudó para la ciudad
de Nueva York, donde continuaron su labor traduciendo el marxismo de
términos económicos a términos sociales usando los mecanismos de
Acondicionamientos psicológicos de Sigmund Freud para lograr que los
estadounidenses aceptaran "Lo Políticamente Correcto". En el 1941 se
mudaron a California a esparcir sus alas.
Pero lo políticamente correcto continua con la misma intención para lo que
fue creado: una forma sofisticada y peligrosa de censura y de opresión
impuesta en la población con el fin de manipular, lavarle el cerebro y destruir a
nuestra sociedad. Como artista en los EE.UU. por 20 años, he notado este
constante repudio por ser un exiliado cubanoamericano.
El famoso escritor cubano que vive en Londres, Guillermo Cabrera Infante, me
había prevenido sobre ello.
Pero yo era ingenuo y creía que mi arte no tenia ninguna conexión con la
política cubana; yo podría sobreponerme a ese prejuicio. Pero estaba
equivocado porque era un exiliado. Eso automáticamente me hacía una
persona a quien no le gustaba el régimen de Castro, y Castro es un icono de
la izquierda, la cual está a cargo del campo del arte en los EE.UU.
Y no que mi arte no fuera bueno. Yo me especializaba en arte egipcio de la era
faraónica (lo más distante de Cuba y de la política que podía estar.) Por
la calidad de mis trabajos recibí el honor de una invitación oficial del
gobierno de Egipto para visitar su país. Todo esto en el medio de una locura
por el arte egipcio en 1976 debido a la exhibición de Tutankhamen en la
Galería Nacional en Washington, DC. La embajada de Egipto envió un
parte de prensa anunciando la invitación y el viaje mío. Y yo nunca recibí
un solo comentario o crítica.
Tuve muchas más grandes exhibiciones, pero nunca ninguna fue criticada. Me
dieron el trato silente. Una vez, una dama crítico del Washington Post vino a
mi exhibición. La entrada de la galería tenía un gran cartelón anunciando
mi exhibición, que ocupaba el primero y casi todo el segundo piso de la
galería, con excepción de un cuartico atrás que exhibía las obras de otro
artista. Sus obras eran cuerpos disectados mostrando los órganos internos
ensangrentados. La dama crítico tenía ojerizas como un caballo porque,
aparentemente, ella no notó mis obras. En vez, ella hizo una elocuente crítica
alabando al otro artista.
Pero lo que me decidió que no podía continuar batallando contra el muro de
rechazo en el campo del arte en los Estados Unidos fue mi presencia en el
festejo celebrando el décimo aniversario de la revista People en Washington,
DC. Debido a que mi obra artística no estaba recibiendo atención ninguna,
decidí vestirme bizarramente, como otros artistas hacen. Cuando entré
vestido así recibí muchísima atención.
Dos reporteras de la revista vistiendo a lo 'yuppie' se me acercaron y
entablaron conversación conmigo.
Aparentaban estar interesadas en mí y en mi trabajo, que no era ni siquiera
parte de la exhibición, mientras pensaban que yo era francés, italiano, o de
algún otro país europeo. Pero seguían preguntándome de donde era yo.
Y yo seguía sin contestarles. Pero la respuesta a la pregunta se hizo su
único foco de conversación, así que finalmente les dije: "Yo soy de Cuba."
Fue como si yo hubiera apretado un botón mágico. Las dos reporteras
hicieron una media vuelta a lo 'Michael Jackson' y me dejaron en el medio del
salón, como si hubieran botado un pedazo de papel higiénico usado. Las
dos sabían y seguían la regla precisamente. Así que, en 1988, me di por
vencido.
No es solamente en mi caso; cubano-americanos exiliados en el campo de las
artes han estado sufriendo discriminación por décadas. Es verdad que
somos libres para crear arte, escribir, o producir cualquier documental o
película que deseemos hacer, pero no nos dejan entrar a jugar. Las puertas
se mantienen herméticamente cerradas. Y todo se reduce a la política. No
nos aceptan debido a la agenda política de la gente que está en el poder.
El ya fallecido cinematógrafo, y ganador del premio Oscar, Néstor
Almendros, recibió el mismo trato por la gente a cargo de los festivales de
cine en los Estados Unidos y del PBS (Public Broadcasting System) debido a
sus documentales "Improper Conduct" (Conducta Impropia) y "Nobody
Listened" (Nadie Escuchó). Yo fuí amigo personal de Nestor y conozco por
lo que pasó. También colaboré en un projecto con el brillante escritor
Reinaldo Arenas, quien era constantemente rechazado por el 'establishment'
literario de los Estados Unidos, y que murió repudiado en una despreciable
pobreza. Otros talentosos documentalistas y cinematógrafos
cubano-americanos en el exilio, como Mari Rodríguez Ichaso, Jorge Ulla,
Orlando Jiménez Leal, León Ichaso, y otros, han tenido la experiencia de
este rechazo de los festivales de cine de los EE.UU.. Actualmente esos
reaccionarios de la extrema izquierda que los controlan no quieren que nuestro
mensaje llegue hasta el pueblo norteamericano. Ellos no quieren que el público
vea algo que contradiga sus dictados. Esto no es saludable y va en contra del
espíritu de los EE.UU., porque es censura, que es lo opuesto a lo que los
Padres de la Patria de esta gran nación tenían en mente.
Como escritor y como documentalista, mi obra ha sufrido la misma suerte que
los otros. Recientemente, mi tercer documental de la serie "COVERING
CUBA 3: Elian" (CUBRIENDO A CUBA 3: Elian), a pesar de haber sido
invitado - por sus meritos - a participar en el Festival Latino de Cine de Miami
del 2003, fue rechazado por el Festival de Cine Sundance del 2004, el cual ni
siquiera se molestó en replicar a mi solicitud o a mis cartas. El usual trato de
silencio.
PBS hizo lo mismo y nunca respondió a mis cartas. La serie de PBS Point of
View (POV), (Punto de Vista),
igual que hizo con mis previos documentales, rechazó mi último documental.
Documentary Educational Resources IN Massachusetts (Recursos
Educacionales y Documentarios de Massachusetts) y el Maryland State Arts
Council (Consejo de Artes del Estado de Maryland) también rechazó mis
documentales. [Los premios de regalías monetarias por parte de fundaciones
privadas y gubernamentales también dependen mucho de consideraciones
políticas. Si usted no es de la izquierda anti-americana, no recibe nada.]
El American Film Institute (AFI) presentó mi primer documental de la serie
"COVERING CUBA," en el 1995 en una exhibición que se vendió en su
totalidad en el Kennedy Center. Pero al mismo tiempo en un local
maravillosamente restaurado en Silver Spring, Maryland, me dijeron,
después de 8 meses de espera, y después de haber visto sólo 10 minutos
de él, que mi documental era muy controversial y que no lo podían
presentar por si solo.
Yo propuse que se realizara un Festival de Cinematógrafos
Cubanoamericanos para que se exhibiera en contexto con otras películas
hechas por otros cubanoamericanos. El programador de las películas
pareció estar interesado, pero basado en mis experiencias y en el status quo
no estoy esperando aguantando la respiración. Me aconsejó que le enviara
mi ultimo documental al anual SILVERDOCS AFI/Discovery Channel
Documentary Festival. También me lo rechazaron.
A pesar de lo que decía la notificación de rechazo que recibí vía correo
electrónico, sé que la razón real es pura y simplemente la política. Lo
que los cubanoamericanos hagan en el campo de las artes que sea contrario a
Castro, eso es automáticamente rechazado.
Otras películas y documentales con inclinación antiamericana, proCastro,
procomunista, o que sean ambiguas sobre los crímenes de los gobiernos
izquierdistas y críticas de los de derecha, son rápidamente exhibidas por la
AFI, PBS y otros centros educacionales en los EE.UU..
También, mientras los artistas oficiales de Castro reciben nominaciones de
los premios Grammy, y oportunidades para vender y promover sus discos
musicales así como la buena publicidad en los EE.UU., los verdaderos (y
libres) cantantes y músicos cubanos del exilio sufren discriminación y puertas
cerradas. Aquí se prefiere contratar a esos cantantes y músicos oficiales de
Castro, que viven en Cuba y que interpretan la musica oficial sancionada por el
régimen, que contratar a los que son exiliados.
El odio hacia los cubanoamericanos fué claramente expuesto durante el caso
del niño Elián González, donde los exiliados fueron ridiculizados, mal
representados, calumniados, y ofendidos en la radio, la televisión y la prensa
con una cobertura llena de términos derogatorios creados por el régimen
castrista.
En sus lugares de empleo en los EE.UU. los cubanoamericanos fueron
intimidados a silenciar su opinión sobre el caso de Elián. Muchos se sintieron
como si estuvieran en la Alemania nazi. Y el ultimo desenvolvimiento con la
vergonzosa invasión a la casa de una humilde familia cubana en Miami
confirmó que no estaban muy lejos de la realidad.
Este odio es incomprensible. Los cubanoamericanos son una comunidad de
gran éxito, trabajadores y respetuosos de la ley, que han sido un gran
recurso para esta nación y que han contribuido a la prosperidad del sur de la
Florida.
Pero, de acuerdo con lo "políticamente correcto" que está hoy rigiendo al
país, está bien, y hasta es promovido, que se discrimine a los
cubanoamericanos por razones políticas en las artes. Se dice que el arte y la
política no se mezclan - ni en la Cuba de Castro, ni en los EE.UU. - pero en
practica sabemos que eso es una gran mentira.
Por eso yo les pido a todos los cubanoamericanos en los EE.UU. que llamen a
sus senadores y representantes para exigirles que pongan paro a esta
discriminación política en contra de los artistas cubanoamericanos en el
exilio.




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Agustín Blázquez, productor/director de los documentales Covering Cuba,
Cuba: The Pearl of the Antilles, Covering Cuba2: The Next Generation &
Covering Cuba 3: Elian, presentados en el Miami Latin Film Festival del 2003 y
del documental que pronto se exhibirá: COVERING CUBA 4: The Rats
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