Andries Smit, centrado en la figura mayor de nuestra
Independencia e historia y una de las personalidades históricas,
polÃticas y creativas más definitivas de la historia continental,
procuró dilatar el latido martiano en el tiempo. Hacerlo
iluminación de la presencia cubana en Estados Unidos, donde el
Apóstol residió la mayor parte de su vida. Ese estar simboliza
para el artista dos cosas fundamentales. La primera es cómo los
cubanos exiliados, sin renunciar sus ideales, han sabido volcar de
manera fecunda sus energÃas y capacidades en el paisaje que
los acogió. A partir de ello
---y ésta es la segunda proyección de este monumento---, y
dentro del espÃritu democrático martiano, de su absoluta
identificación y compromiso con la identidad y valores de lo que
llamó Nuestra América, el escultor considera que la realidad de
su proyecto es, desde y más allá de la presencia y experiencia
cubana en los Estados Unidos, una declaración de lo que
constituye el creciente flujo e importancia de los latinoamericanos
en este paÃs.
Es importante en momentos crÃticos del acontecer cubano el
que exista una obra de esta naturaleza en los Estados Unidos. Es
indudable que el pueblo cubano accederá a la democracia y con
su trabajo e iniciativas extirpará de la triste tierra tiranizada toda
la carga de horror, represión y miseria en que el castrismo ha
precipitado al paÃs. Cuando llegue ese momento, esta obra de
Andries Smit será un recordatorio del exilio cubano y la huella
que imprimió en los Estados Unidos. De igual suerte, será un
monumento que exalta una presencia mayor e incesante que es
ya parte permanente de la historia de la nación. Es la diversidad
latinoamericana. AsÃ, esta Plaza de la Libertad queda como un
testimonio constante de historia y gratitud a la tierra en que
tantos han hallado la libertad y la esperanza.
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Armando Alvarez Bravo, poeta, cuentista y crÃtico de arte de
El Nuevo Herald, es el autor de varios libros publicados.
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