Monumento del Centenario
de la República de Cuba:
el escultor Marc Andries Smit junto a su obra
Martí, la Plaza de la Libertad y el centenario
de la instauración de la República de Cuba
Armando Alvarez Bravo



   El primer centenario de la instauración de la República de
Cuba se cumple bajo un signo trágico. Son los 43 años de
totalitarismo castrista en la Isla. Unas décadas en que ha
quedado violentamente interrumpida la pendiente posibilidad
cubana. Un tiempo, como ningún otro en la historia
latinoamericana, en que nuestro pueblo ha sido sumido, entre
otras atrocidades, en el desgarrón del exilio.

   Es en el exilio en que esa fecha central del destino nacional ---
momento de reflexión a ambos lados dell mar que marca
implacable las fronteras entre la opresión y la libertad--- que el
espíritu y sentido de ese aniversario se ha concretado hacia el
siempre en un espacio público centrado en un busto del
Apóstol de la Indepedencia, José Martí. Es la Plaza de la
Libertad, en la ciudad de Coral Gables.

   Ese bronce es del escultor Marc Andries Smit. Un artista cuya
obra se ins-cribe en la rica tradición monumental de la Isla. Una
tradición que el creador se ha empeñado en conservar y
continuar en el exilio, con tanta pasión como sentido estético
e histórico. Otro exponente mayor de ese empeño es su
monumento al Padre Félix Varela.

   En esa proyección es preciso subrayar como el latido
cubano de la obra de Andries Smit se cumple en un diverso
inventario escultórico. En algunos casos, éste se vuelca en el
espíritu cáustico de Daumier, como en la pieza “El
Emperador y su ropa vieja�, dominada por la figura de un
mendigante y deteriorado Fidel Castro; en otros, como sus
relieves sobre momentos de la historia nacional, la diafanidad de
las líneas y los volúmenes sirven para expresar toda suerte
de intensidades, como la agonía y el heroísmo del presidio
político.

   Pasa el artista a otro tipo de aproximación en sus delicados
medallones pascuales, en que el tema de la Natividad encarna
en la estilización de emblemáticas figuras y paisajes cubanos.
También, se multiplican sus esculturas figurativas en que la
naturaleza es abordada con el más de la fantasía y la
imaginación. Toda esa obra, en que se evidencia la pasión por
el trabajado detalle y el apego a la precisión en pos de los
máximos de expresividad, marca la andadura ascendente de
este artista de dilatado espectro creativo.

   La Plaza de la Libertad es culminación de un tenaz esfuerzo
de años por parte del escultor, para que la pasión y la
voluntad de libertad de los cubanos se concretase en el paisaje
del exilio. En su diseño final contó con la participación del
arquitecto Jorge L. Hernández. Esta singular obra pública,
más allá de sus valores intrínsecos, es la única que se alzó
en el mundo en el aniversario de la instauración de la
República de Cuba.


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