De Pedro Páramo a Pedro el Largo.
Anna Diegel


La muerte definitiva de Pedro el Largo (1998), de Mireya Robles, a la luz de
Pedro Páramo (1955), de Juan Rulfo.


Cuando, después de una larga agonía, finalmente muere Ivan Ilich, al personaje
de Tolstoi se le aparece una luz que para él es la revelación de que la muerte
significa una liberación de su triste condición humana, y que va a descubrir otra
dimensión. Varios escritores han descrito el pasaje dramático de la vida a la
muerte, ya sea una visión luminosa como en La muerte de Ivan Ilich o la transición
a la nada, como en Madame Bovary, donde la heroína “dejó de existir�.
Aun en textos como La muerte en Venecia, de Thomas Mann, en el que el autor no
se pronuncia en cuanto a la existencia o no-existencia de un Más Allá (en este
caso, el autor usa la idea de una muerte presentida para que su personaje
descubra su verdadera personalidad antes de morir), la muerte aparece como un
fenómeno definitivo y sin regreso. En la visión tradicional del mundo occidental, la
muerte es la Parca que corta el hilo de la vida y deja al hombre separado de sus
semejantes en la tierra para siempre.

A esta concepción familiar de la muerte se oponen dos escritores
hispanoamericanos cuyo parentesco intelectual, emocional y espiritual es evidente.
Se trata de Juan Rulfo y de Mireya Robles y de sus novelas,
Pedro Páramo y La
muerte definitiva de Pedro el Largo
. Las dos novelas comparten la misma
dimensión mítica y poética. Ambas tienen raíz en un ambiente regional
determinado, el estado de Jalisco, en el suroeste rural de México para Rulfo y en
la ciudad y la región de Guantánamo en Cuba para Robles, aun si el personaje
central de ésta se desplaza a otros marcos geográficos. El color y el sabor de
estos ambientes se transmiten a través del lenguaje cotidiano de las dos
regiones. Pero sobre todo, las dos novelas coinciden en la idea central de que la
vida y la muerte no son entidades separadas, sino que coexisten en un solo mundo,
en el que no hay fronteras entre lo natural y lo sobrenatural, entre la realidad y el
sueño. Esta idea abre la puerta al realismo mágico. También, la noción de que
la vida y la muerte son las dos caras de una misma realidad abarca un concepto
flexible del espacio y del tiempo: así como se borran los límites entre la realidad
y la imaginación, no existen fronteras concretas en el espacio o un fluir lineal en el
tiempo. Espacio y tiempo se manipulan con una libertad subjetiva y total,
reproduciendo el no-espacio y el no-tiempo de la muerte.

En la obra de Juan Rulfo y en la de Mireya Robles, este concepto de un mundo sin
fronteras entre la exterioridad y la interioridad del hombre brota de una misma
percepción de la vida. Ambos escritores tienen una visión desesperan-zada del
mundo, un sentido hondo de la soledad, de la frustración y de la angustia, que los
impele a buscar respuestas más allá de la realidad tangible. Sin embargo, los
personajes de Rulfo y de Robles, en su mundo sobrenatural, no encuentran
ligereza, ni se sueltan de su pena terrenal. Llevan la muerte por dentro y transmiten
un sentido de la desilusión y de la inutilidad de los esfuerzos humanos. Una
comparación que, frecuentemente, viene a la mente es el ambiente de las novelas
de Kafka, en las que, a pesar de que los acontecimientos desarollan en un espacio
abstracto e infinito en el que el autor juega con mayor libertad con las leyes fí
sicas, sin embargo el ambiente es agobiante y opresivo, como el de las casas
cerradas o de los cuartos sin aire que tantas veces son el escenario de la acción
kafkaiana.

Con toda su desesperación, o a causa de ella, Rulfo y Robles anhelan comunicar
sus sentimientos a través de la creación. Rulfo declaró que su propósito en
escribir Pedro Páramo era “el deseo de hacer vivir de nuevo a un pueblo
muerto�. [1] Y Mireya Robles, en una reciente entrevista, dijo que sentía “la
necesidad de, por una parte, rastrear [esas] vidas y por otra, de darle a esta vida
presente, tan limitada, una libertad espacio-temporal que no tengo�. [2] Como lo
expresa un crítico [3], Robles “sobrevuela el sufrimiento�, dándole la
forma de la Palabra. La tensión entre la visión desesperada de una vida sin salida
e impregnada de muerte, por una parte, y el afán angustioso de trascender los lí
mites humanos por medio de la literatura, por otra parte, es lo que confiere a ambas
novelas su impacto poderoso.

Aquí se acaba la comparación entre
Pedro Páramo y La muerte definitiva de
Pedro el Largo
. Pues a pesar de la visión común que los une, visión de un
mundo donde predominan la frustración y el sentido de pérdida, a pesar de una
similitud en su temática (la idea de que lo visible y lo invisible se comunican) y a
veces en su técnica, los dos escritores difieren en varios aspectos. Son estas
diferencias las que las páginas siguientes pretenden indagar, o más exactamente,
el camino ideológico transcurrido por Mireya Robles, de la lectura de
Pedro
Páramo
a La muerte definitiva de Pedro el Largo.


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